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El ying y el yang del gigante vasco

El equipo de 'Loreak' encuentra esta vez inspiración en un personaje mitad leyenda mitad realidad del siglo XIX para repetir en 'Handia' su cine cuidado

El reparto de 'Handia' rodea a los directores Aitor Arregi (izquierda) y Jon Garaño, sentados, en San Sebastián.
El reparto de 'Handia' rodea a los directores Aitor Arregi (izquierda) y Jon Garaño, sentados, en San Sebastián. EFE

Ya lo decía John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance: "Cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda". En el siglo XIX vivió Miguel Joaquín Eleizegui Arteaga, más conocido como el Gigante de Altzo, que llegó a medir casi 2,30 metros por culpa de la agromegalia que empezó a sufrir a los 20 años y que hizo que creciera sin parar hasta su muerte, dos décadas más tarde, en 1861. No se sabe mucho de él; sí que viajó por toda Europa con uno de sus hermanos, Martín. Y que obviamente de niños vivieron las guerras carlistas. Todo eso le sorprendió de niño a Jon Garaño, que visitó con su ikastola el museo San Telmo en San Sebastián. "Me fascinó". Y ese gigante se quedó pegado a él, hasta que por fin ha podido dedicarle una película, Handia, que concursa en el festival de cine de San Sebastián.

Garaño forma parte de la productora Moriarti. "Y trabajamos casi de forma asamblearia; eso nos da fuerza y nos repartimos las responsabilidades". Él dirigió junto a Jose Mari Goenaga Loreak. Ahora Handia la dirige con Aitor Arregi, que la anterior, que llegó a ser candidata española a los Oscar, era uno de los coguionistas. Y Goenaga ahora toma el papel de coguionista. De Moriarti han salido 80 egunean, Lucio o El método Arrieta. "Aunque es cierto que fue Loreak la que nos dio la fama", cuentan Garaño y Arregi en la presentación de Handia, que se estrena comercialmente el 20 de octubre.

En realidad, cuentan, los hermanos Eleizegui les ha servido para hablar del ying y del yang, del doctor Jekyll y mister Hyde. Porque los dos hermanos, muy parecidos hasta que Joaquín empezó a crecer, son antagónicos y a la vez complementarios. "La película habla sobre lo inevitable del cambio, tanto físico como social y sobre si adaptarse es bueno o no". Martín se va a las guerras carlistas y "abraza el cambio". Joaquín no quiere salir del caserío, pero su mutación física se convertirá en el sustento económico familiar ya que el caserío no les da para vivir. "Uno es una fuerza en una dirección y otro en otra", y el conflicto nace "cuando esas fuerzas chocan". O como puntualiza Garaño: "En toda sociedad hay quienes tiran por un lado y quienes tiran por otro y las cosas se confunden, como está pasando ahora con Donald Trump".

Para los cineastas el cambio social solo se puede ver como inevitable. Y por eso, "tienes que adaptarte, aunque a priori nos opongamos o pensemos que no lo lograremos". Joaquín y Martín viajan de teatro en teatro por Europa, en una relación emocional que se va pudriendo hasta que sin embargo acaban siendo casi uno. "Creo que el ying y el yang son la mejor manera de explicarles", aducen sus creadores, que como en Loreak han cuidado el sonido y la imagen, con momentos líricos y cuidada recreación del físico del protagonista. "Seguimos sin saber mucho de él, ni siquiera dónde están sus huesos", dice Arregi. Pero ahora, en caso de duda, ya estará Handia, la leyenda fijada en el cine.