Una ventanita que se vuelva espejo para reflejar lo supuestamente lejos que me queda México, o refractar el vacío que decora ahora la librería que ha cerrado en el barrio, el bar que ha quebrado por la covid o el parque vedado a los niños
Es el papel del artista plasmar las formas que fueron nube o canoa, la lágrima de un rayo en medio de la tormenta o el sosiego hipnótico de cristales cromáticos
Queremos que surja una voz que explique el imperio de las mentiras y la contradicción de las buenas conciencias
Se suma a la tristeza de este año 20 la muerte de Franco Maria Ricci, exquisito editor y bibliófilo, delicado custodio de la belleza diversa que nunca dejó de buscar y explorar
Prosa incidental, las horas se suman en espera de otro confinamiento donde abunden las comillas para citar fuentes verificables o bien, paréntesis como chismes de filfas
Los disparos de un agente contra un hombre negro en Wisconsin desatan una marea de hartazgo en una ciudad que visité para una lectura pública bilingüe
Nunca he sabido de dónde viene el nombre y ahora que se me esfuma entre llantos pienso que la etimología debería consignar su sonrisa y esa manera de andar sin ver
Siempre, la mirada que sonreía enmarcada en los pómulos gruesos de una mujer que parecía anclada en la Tierra y su realidad, para que Gabo volara las nubes y flotara sin tiempo entre sueños y sílabas
Perfectas filitas de personajes que son personas, muchos de ellos murmuran en silencio los nombres de todos los desaparecidos y enfermos, las muertas y los perdidos que también se fueron formando en fila
Peter Hamill vivió en el carril de alta velocidad del periodismo transformador, de la tinta quemante que rompió con la monotonía del tabloide insípido
Se comprende que la ilusión intacta duerme sobre las alas de la noche
Alexandria Ocasio-Cortez confirma el infinito potencial de quien lee y por ende, piensa a contrapelo de líderes ágrafos quienes en realidad no saben ni usar una computadora
El Ángel galante engancha como grageas la generación gutural –de agraviados entre grietas— galvanizados por el generalizado gravamen… del confinamiento
Temo la llegada de guardianes de las filas con bastones electrificados y me aterra el regaño la próxima vez que no repare en la calcomanía que indica el círculo exacto donde he de pararme en la fila de los postres
Dos inmensas catedrales del fútbol en Madrid han salido del confinamiento por la covid-19 en ruinas
Concepción Camarena Covarrubias confirma la curva de los contagios, la contingencia del confinamiento, el cambiante contraste entre confianza y coraje, las calles de Coyoacán casi convertidas en crucigrama de cuento
La nueva normalidad es la realidad con aumento como de lupa derivada que, en lo positivo, debería subrayar una renovada vitalidad, una carga recargada con nuevos bríos de ilusión y empeño
Fue el certamen del cabezazo en reversa de Uwe Seller en el estadio León y la gracia de los campeones ingleses cediendo el cetro en Guadalajara
Washington D. C. es una utopía blanca habitada por millones de vidas negras
En la desquiciada psicodelia de estos días, el mundo entero parece repoblarse de sombras habiendo quedado en el sano vacío
Que los cuentínimos sirvan de salvoconducto e incluso pretexto de rebate o incitación de conversaciones calladas, pero sobre todo que consten como abrazo trasatlántico
Quizá ya no sea ni políticamente correcto ni generalmente higiénico acariciar la mejilla de un niño o tomar del brazo al colega que acaba de externar una brillante idea
La verdad del encierro revela el hartazgo y la dolorosa definición de la palabra distanciamiento
Quizá pase más de una generación para que se tolere el tosido sin tapabocas o sin brazo doblado sobre la cara
Quiero celebrar ese raro filamento de tranquilidad y sosiego que nos permite desacelerar tanta mala adrenalina que nos inunda por todas partes
El amanecer de la pandemia ha de traer la aceptación de que nuestra verdadera presencia está en pantalla, se proyecta por la palabra que enviamos al aire para plasmarse en el teléfono o la computadora
Aplaudo desde el encierro y evito salir las más veces posibles porque me gusta más abrazar a las enfermeras de lejos
Una peligrosa secta creciente aprovecha para etiquetar a los contagiados – apestados—a quisieran señalar con una estrella amarilla en las mangas
Imagino un contingente de ancianos dignos, hombres y mujeres, todos Justos que se van sin despedida, desfilando hacia un callado Arco del Triunfo
Guardemos un luto por los ancianos que no se enteraron que el leve contacto con el que se despidieron de una sobrina llevaba invisible una diminuta posibilidad del contagio
Callarse es alejarse de la estulticia de los políticos que aprovechan el remolino para abonar la confusión, justificar sus muros y desvelar como nunca antes su profundo racismo
En lo que pasa la peste resulta cada vez más generalizado el antojo de miles por leer todos los libros que han postergado a lo largo de los años
Cinco millones de madrileños –nacidos o adoptivos, putativos o viajeros— nos hemos tenido que encerrar en nuestra respectiva buhardilla hasta que pase la peste
Sin la mujer hay vacío y algo más cercano a la nada
Vivimos desde hace lustros en el mundo del estornudo sin pañuelo, de la receta inventada y de la desidia común ante la higiene básica
En el número 19 de la calle de La Loma, al sur de la Ciudad de México, flota como neblina la ronda del más fino periodismo que destiló Gabo y las semillas adorables de sus cuentos
Quiero suponer que Él no es todos los Ellos y que Ella no es la suma de las víctimas que se van sumando, gota a gota, día por día
José Gordon es un gato que hay que abrazar —o leer— por la luminosidad de sus ideas, la brevedad que concede a la grandeza y ese latido en medio del silencio que aporta ilusión en las noches más oscuras
Benito Pérez Galdós explayó su imaginación sobre un entramado que retrataba fielmente las costumbres y las conciencias de su tiempo
Ni el pueblo brasileño ni la comunidad judía merecen el imperdonable golpe de infinita estupidez que acaba de babear el responsable de Cultura de Bolsonaro