Columna
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Mamá Grande

Siempre, la mirada que sonreía enmarcada en los pómulos gruesos de una mujer que parecía anclada en la Tierra y su realidad, para que Gabo volara las nubes y flotara sin tiempo entre sueños y sílabas

Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha en 1969.
Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha en 1969.Colita

Por esta rara peste del insomnio será imposible asistir a los funerales de la Mamá Grande. También porque no me lo puedo creer, porque me duele tanto. Más bien, prefiero imaginar un sendero en medio de la selva, cerca de donde hallaron una armadura medieval oxidada y casi olvidada, y por esa vereda se abre una sonrisa del Sol y Gabriel García Márquez abre los brazos en flor para volver a abrazarla....