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Un tribunal corrobora que es ilegal vetar las bebidas gigantes en Nueva York

Michael Bloomberg sufre un nuevo traspiés en su lucha contra la obesidad. Esta vez podría ser el último como alcalde

Una mujer bebe una bebida de tamaño gigante por las calles de Nueva York, Estados Unidos.
Una mujer bebe una bebida de tamaño gigante por las calles de Nueva York, Estados Unidos. EFE

Un tribunal de apelaciones acabó ayer martes, una vez más, con las esperanzas del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, de prohibir las bebidas azucaradas de tamaño gigante en la ciudad; una campaña personal contra la obesidad que el mandatario esperaba hacer viable antes de terminar su mandato, el último de los tres permitidos, este próximo noviembre. La Corte, la Primera División de Apelaciones del Tribunal Supremo Estatal asentada en Manhattan, sentenció que la decisión adoptada por el Departamento de Salud e impulsada por el propio mandatario sobrepasó los límites de jurisdicción cuando se aprobó, en septiembre de 2012.

"La decisión ejecutada escondía otros propósitos distintos a la lucha para mejorar la salud pública de Nueva York", señaló la Corte. "Bajo esta ley se intentó manipular las opciones y la libertad de elegir lo que quieren consumir los ciudadanos de la ciudad", escribió la juez Dianne Rewick en la sentencia. "La regulación viola el principio fundamental del Estado y la separación de poderes", agregó.

Pese a las derrotas judiciales, Bloomberg aseguró que no abandonará su lucha, ya que según datos del Ayuntamiento, la obesidad mata a más de 5.000 neoyorquinos al año y las bebidas azucaradas son "un elemento clave" en esta epidemia. "La decisión de hoy es un contratiempo temporal", volvió a señalar el alcalde tras la sentencia. El alcalde aseguró que desde que se impidió que entrara en vigor de la ley "más de 2.000 personas han muerto a causa de los efectos de la diabetes".

La sentencia de este martes puede poner punto y final a la que es la mayor cruzada de Bloomberg en este mandato. Solo le queda una posibilidad: acudir al Tribunal de Apelaciones del Estado, el de mayor categoría; aunque no se resolvería hasta finales de año, ya con él fuera de la alcaldía.

Con la intención de reducir los índices de obesidad en Nueva York, Bloomberg anunció la medida en mayo de 2012. La norma habría prohibido la venta de bebidas azucaradas en vasos de más de medio litro en restaurantes, cines y estadios -establecimientos sujetos al escrutinio e inspecciones del Departamento de Salud de la ciudad-.

Estos refrescos son muy comunes en restaurantes de comida rápida como Burger King o McDonald's, a los que se permitiría vender un tamaño máximo de 16 onzas (casi medio litro) de estos productos. De no cumplir con la regulación, las multas hubieran llegado a los 200 dólares (unos 160 euros). En ella, estaban excluidas las bebidas light, los zumos y todos los productos que cuenten con al menos un 50% de contenido lácteo.

Estaba previsto que la nueva ley entrase en vigor el pasado mes de marzo pero una juez estatal la bloqueó un día antes de su puesta en marcha. La magistrada resolvió que dicha medida contaba con unas restricciones que eran “caprichosas y arbitrarias”, y también apuntó que el Departamento de Salud se había extralimitado en sus funciones. El alcalde apeló. Ayer perdió y acabó así con una batalla judicial que ha enfrentado durante meses a políticos, restauradores y fabricantes. Sin duda, un fracaso para el regidor, que ha hecho de las iniciativas de salud pública sus armas de Gobierno.

El caso ha suscitado la polémica sobre la jurisdicción de este departamento en la ciudad de Nueva York, un organismo que ha puesto restricciones a las pinturas que contienen plomo; que instauró el recuento de calorías en los menús; que prohibió las grasas trans en los restaurantes, y que ha recalcado, en más de una ocasión, que la obesidad es una enfermedad “que debe ser elevada a problema de salud pública grave” y "una epidemia".

Prohibir la venta de bebidas azucaradas de gran tamaño es la última de esa larga lista de iniciativas planteadas por Bloomberg, que ha hecho de la salud su cruzada durante los más de 11 años que lleva al frente de una de las ciudades más pobladas del mundo. Fue, por ejemplo, el propulsor de prohibir fumar en restaurantes y bares en el año 2002, medida que después han imitado muchos de los Estados que conforman el país.