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Una supuesta observadora del 1-O admite que cobró del Diplocat

Helena Catt afirma que estuvo un mes en Cataluña y le pagaron 8.000 euros por hacer un informe sobre "lo que estaba ocurriendo"

El exparlamentario alemán Felix Von Grünberg (izquierda) y el intérprete, durante la sesión de este martes en el Tribunal Supremo. En vídeo, Diplocat asumió el coste de los observadores internacionales según el testimonio de un miembro del equipo.

La neozelandesa Helena Catt se ha convertido este miércoles en el primer testigo del juicio del procés que admite haber cobrado por una actividad vinculada a la celebración de la consulta del 1-O. Hasta este miércoles por la tarde, por el juicio habían desfilado empresarios y trabajadores de empresas de publicidad, diseño gráfico, informática o imprentas a los que se les encargaron trabajos relacionados con el referéndum, pero todos habían coincidido en una cosa: aunque cumplieron con el encargo, no lo cobraron. Pero Catt, que declaró a propuesta de la Fiscalía, ha contado que fue contratada directamente por el Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat) y cobró 8.000 euros de salario más gastos de alojamiento y manutención por realizar, junto a otros expertos, un investigación “sobre lo que estaba ocurriendo en Cataluña”.

El gasto de dinero público en viajes de observadores internacionales es una de las patas que sostienen la acusación de malversación contra los líderes independentistas. Según los informes incluidos en la investigación, el Diplocat gastó 192.368,86 euros en la consulta del 1-O. De ellos, 167.065 fueron para sufragar los viajes y la estancia de tres grupos de observadores internacionales. Catt, afincada en Escocia, dirigía uno de ellos, formado por 12 expertos de Europa y Canadá en materias como derechos humanos, ciencias políticas, medios de comunicación y administración electoral.

El testimonio de Catt ratifica el escrito de acusación de la Fiscalía (que cifra en 114.000 euros los honorarios de Catt y su equipo) y contradice el dado en su día por Albert Royo, quien fuera máximo responsable de Diplocat. Royo, que declaró como testigo el 13 de marzo, rechazó haber pagado un sueldo a los expertos internacionales y solo admitió facturas por un total de 40.000 euros en vuelos y viajes para un grupo de diputados que, según explicó, estuvieron en Cataluña entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre. El trabajo de la neozelandesa y su equipo se extendió más de tres días: ella llegó el 4 de septiembre y se fue el 6 de octubre, pero otros compañeros viajaron antes que ella.

El dinero lo cobraron por transferencia bancaria y todo se pagó en octubre de 2017, es decir, bajo el mandato de Carles Puigdemont y antes de que el Gobierno central disolviera el Diplocat tras aplicar el artículo 155 de la Constitución.

El único punto débil del testimonio de Catt para la tesis de la Fiscalía es que ella rechaza la vinculación directa entre su trabajo y la consulta del 1-O. Según la neozelandesa, su equipo no hizo una labor de “observación internacional” de la consulta independentista, como afirman las acusaciones, sino que se le encargó un informe sobre “el contexto de lo que estaba ocurriendo en Cataluña, sobre todo desde una perspectiva histórica”. Pero también ha explicado que el contrato se hizo después de que un miembro de su equipo se ofreciera a través de un formulario de una página web puesta en marcha para promover el referéndum.

Un exdiputado lo pagó de su bilsollo

Antes que Catt había testificado el exdiputado socialdemócrata alemán Bernhard von Grünberg. Él también estuvo en Cataluña, pero su caso concide más con lo que explicó en su día el exjefe del Diplocat. Von Grünberg viajó junto a una treitena de diputados europeos expresamente para el 1-O y aseguró que él sufragó íntegramente su viaje a Cataluña para vivir in situ la consulta independentista. No fue una observación electoral como tal, que requeriría unos requisitos previstos en Naciones Unidas, sino que nos encontrábamos por el mero interés político y personal”, ha afirmado. Su prioridad, ha dicho, no era “validar los resultados” de la consulta, sino “presenciar sin partidismo aquello que estaba ocurriendo en España”.

El exdiputado ha negado que ni el Diplocat ni ningún otro organismo pagara sus gastos. “Los costes han sido íntegramente sufragados por mí personalmente. Tal y como lo suelo hacer, porque quiero mantener mi independencia en este sentido. Puedo hablar tanto por mí como por los otros compañeros que me acompañaron”, ha afirmado el exparlamentario alemán, que ha acudido al juicio a petición de las defensas de Oriol Junqueras y Raül Romeva. Al exconsejero de Exteriores, a cuyo Departamento está vinculado el Diplocat, es a quien la Fiscalía atribuye la responsabilidad de ese gasto. Von Grünberg ha afirmado que se reunió y estuvo en contacto con Romeva en las semanas clave del procés, pero también mantuvo contactos con Carme Forcadell y con el PSC y Ciudadanos. “Con el PP creo que también, pero no lo recuerdo con nitidez”, ha dicho.

El exparlamentario ha afirmado no recordar si el Diplocat ofreció pagarle el viaje. “En cualquier caso nunca se sufragaron esos costes. Seguramente porque desde el principio dejé muy claro que para mí era muy importante pagarlos”. Von Grünberg ha contado que también estuvo en Cataluña en la consulta del 9 de noviembre de 2014 y en las elecciones autonómicas de 2015 y de 2017. “Tengo un interés personal por la situación de Cataluña”, ha alegado. También en esas ocasiones, según su versión, corrió con los gastos íntegros del viaje y la estancia.

El exdiputado socialdemócrata ha contado que estuvo en cinco centros de votación durante el 1-O. Y el resumen de lo que vio está más cerca de la tesis de las defensas que de las de las acusaciones: no vio a ningún policía herido, pero sí a varios ciudadanos. Vio cómo la policía “irrumpía” en el colegio Ramón Llull, “rompiendo puertas, habiendo escalado las vallas previamente y despejando a la gente”. “En el siguiente centro fui testigo de heridos lesionados por proyectiles de goma y fueron trasladados en ambulancia a centros hospitalarios”, ha relatado. No obstante, en una respuesta posterior, el exparlamentario ha admitido que no distingue por los uniformes entre los distintos cuerpos de seguridad.“No me sé los colores de cada policía, por lo que no puedo contestar”, ha afirmado cuando una de las acusaciones le ha preguntado si en los centros de votación había Mossos.

Von Grünberg ha asegurado que se quedó “muy sorprendido” por la “tranquilidad” de los votantes a pesar de la “intimidación” que, asegura, sufrieron por parte de las fuerzas de seguridad. “No percibí una actitud violenta o agresiva, sino una admirable situación de contención”, ha señalado.

El presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha intervenido varias veces durante la declaración del exdiputado alemán por la tendencia de este a deslizar en sus respuestas valoraciones personales sobre el conflicto catalán y la necesidad de abrir un “diálogo” para solucionarlo. Marchena las ha cortado y ha pedido al intérprete que le explique que al tribunal solo le interesaban los “hechos”: “Sus valoraciones nos parecen muy respetables, pero prescindibles”.

La cercanía de muchos de los argumentos de Von Grünberg al relato del 1-O que defienden los líderes independentistas ha molestado visiblemente a la fiscal Consuelo Madrigal, que ha llegado a preguntar al testigo si se ha interesado por conflictos "similares" al de Cataluña "en su propio país", como el caso de Baviera. Marchena ha considerado improcedente la pregunta y no le ha dejado responder.

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