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El PNV se conjura para revalidar unido su primacía en Euskadi

La presidencia de Aitor Esteban arranca con la incógnita de su impronta política y la obligación devolverle la ilusión a una militancia desmotivada

El portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban, a su llegada al pleno del Congreso de los Diputados el pasado martes.
Mikel Ormazabal

En el PNV existe un sentimiento generalizado de que “ahora toca remar juntos en la misma dirección” bajo la dirección de Aitor Esteban. La militancia quiere pasar la página de las luchas internas por la presidencia del partido nuclear de la política vasca. Es un cierre de filas con el que se pretende, aseguran afiliados y dirigentes, sentar las bases para revertir el retroceso electoral que ha puesto en solfa su primacía frente a la pujanza de EH Bildu. “Lo pasado, pasado está. ¿Se podía haber hecho mejor?, sin duda. Pero a partir de ahora, todos a una, como Fuenteovejuna”, afirma el veterano peneuvista José Manuel Bujanda. Andoni Ortuzar, el líder saliente, se despidió el 6 de febrero con un mensaje rotundo (“es momento de unidad”, dijo) al anunciar que dejaba la política y cedía de facto a Esteban el trono en Sabin Etxea. Este va a ver cumplido uno de sus sueños políticos. “Es un honor presidir el PNV”, confesó al verse a la altura de Sabino Arana, Juan Ajuriaguerra, Carlos Garaikoetxea, Xabier Arzalluz o Iñigo Urkullu.

La era Esteban arranca tras la asamblea general que el PNV celebra este fin de semana en el frontón Atano III de San Sebastián, un recinto con una carga emotiva para los nacionalistas. Allí se quemó a lo bonzo Joseba Elosegi en 1970 en una protesta insólita en presencia del dictador Francisco Franco, y seis años después fue el escenario del primer mitin autorizado en democracia a cargo de Xabier Arzalluz. Es también un guiño al anuncio de la oficialidad de la selección vasca de pelota, que los nacionalistas celebran como una conquista histórica.

¿Hacia dónde quiere ir el PNV? “El PNV tiene el reto de evolucionar para seguir siendo la fuerza líder en Euskadi” y ser “el referente de la centralidad política” vasca, se concluye en su nuevo ideario. Es un partido que se define como “una organización política interclasista, intergeneracional, diversa e igualitaria” que mantiene su objetivo de “institucionalizar” el derecho a decidir como “un paso estratégico hacia la autodeterminación”. Sin orillar las pretensiones soberanistas, su corpus doctrinal pone la atención en “reconectar con la ciudadanía” y “dar respuesta a los cambios sociales”, advierte el parlamentario Xabier Barandiaran, responsable de innovación política en el equipo de Ortuzar: “Un partido político tiene el riesgo de convertirse en una agencia electoral. Nosotros queremos recuperar los vínculos con la sociedad y ser más ágiles y dinámicos ante las transformaciones”.

Una muestra de los aires renovadores es la aprobación de un código ético que se impone a todos los militantes y cargos públicos nombrados por el partido. Se les exige un compromiso frente a la corrupción, basado en la “honestidad, transparencia, responsabilidad, eficacia y austeridad”, además de un comportamiento “íntegro y transparente, evitando todo tipo de conducta que dañe la reputación del PNV”. Este manual de conducta, sin precedentes en el partido, está pensado para “promover el debate y garantizar la democracia” interna: “Se alienta a la afiliación a actuar con pensamiento crítico para garantizar el avance del partido”, consta en su articulado, incluido como un anexo en la ponencia 5, titulada “Una organización democrática”. Las normas éticas serán de “obligado” cumplimiento y su quebrantamiento conllevará sanciones.

En su nuevo catecismo, el PNV se reconoce alejado de la realidad social y por ello quiere adaptarse a los “profundos y rápidos cambios geopolíticos” y tomar el pulso de la nueva agenda sociopolítica, marcada por el peligroso auge de los populismos y la irrupción de fenómenos como el cambio climático, el descenso demográfico, el aumento de la inmigración, el envejecimiento, la digitalización. Un viejo partido con 130 años de historia, apunta un militante guipuzcoano, “está obligado a recobrar sus señas de identidad ideológica, reivindicar su papel como partido político clásico, reengancharse a sus principios inspirados en la democracia cristiana, ser más abierto y participativo en la toma de decisiones, y abandonar la endogamia fomentando la meritocracia”.

El proceso de “escucha activa” denominado Entzunez eraiki (Construir escuchando), impulsado por el PNV y resuelto en diciembre de 2022, concluía que la sociedad vasca le considera como un partido “conservador”, con “síntomas de inmovilismo” y de “autocomplacencia”, con un carácter marcadamente “masculino” y una imagen de “amiguismo”. Este diagnóstico no ha pasado desapercibido para Esteban. En su última intervención como portavoz del partido en el Congreso, el pasado miércoles, antes de despedirse con un “gora Euskadi askatuta” (viva Euskadi libre), hizo un llamamiento para que los jóvenes “no den la espalda a la política”: “Se pueden hacer muchas cosas por el bien común. Les animo a que se mojen en política, en eso consiste la democracia”, dijo entre aplausos.

El concejal de Etxebarri (Bizkaia) Eneko Lekue opina que su partido “debe acercarse mucho más a la ciudadanía porque los resultados de las últimas elecciones han demostrado que estamos desconectados con la calle”. Lekue presentó su candidatura a la presidencia del EBB y fue tildado de crítico, término que él rechaza: “No soy crítico ni díscolo. Me postulé para cambiar las cosas en mi partido de forma constructiva. La discrepancia es sana y enriquecedora. Otros han logrado más apoyos y ahí se acaba todo. Ahora hay que estar unidos y remar juntos”.

Esteban recibe un partido que, durante los 12 años dirigidos por Ortuzar, ha conseguido recomponer su alianza con los socialistas en las principales instituciones vascas, se alineó con el PSOE en la moción de censura contra Mariano Rajoy y ha alcanzado altas cotas de poder. En el debe de líder saliente, la áspera despedida al lehendakari Iñigo Urkullu, su resistencia a abandonar el cargo y las heridas que se abrieron en ese momento. “Con Esteban no habrá una ruptura drástica con el pasado reciente. Ortuzar y Esteban son casi como hermanos gemelos, tienen la misma edad (cumplen 63 años) y han vivido la misma experiencia política. Seguramente, habrá cambios en la manera de dirigirse a la ciudadanía, porque Esteban es un orador brillante”, afirma Bujanda.

Es mucho más escéptico David Salinas-Armendariz, discrepante con la línea oficial: “Con Esteban no habrá cambios de calado. Está pendiente abordar la democratización del partido para que la transparencia sea una realidad. Veo con desconfianza la nueva etapa. Tengo un buen concepto personal de Esteban, sus discursos son brillantes, pero es una incógnita su capacidad para gestionar los recursos del partido”. Salinas-Armendariz, de la agrupación de Las Arenas-Getxo (Bizkaia), se presentó como alternativa al poder establecido, pero fracasó en su intento: “El partido está obsoleto, ha perdido fuerza en la sociedad civil y tiene pendiente una profunda reforma estatutaria”, sostiene. Incide en que el cambio de Ortuzar por Esteban puede traducirse en “una mera operación cosmética”.

De puertas afuera, el secretario general de los socialistas vascos, Eneko Andueza, constata las dificultades que el PNV (aliado del PSE-EE en las principales instituciones vascas) ha tenido para realizar un relevo ordenado: “Han preferido evitar un enfrentamiento interno a apostar por abrir una nueva etapa con más proyección de futuro”. “Parece que Aitor Esteban podría protagonizar un mandato de transición, sin mucha capacidad de maniobra para cambiar el rumbo. A mí me gustaría que no se vea malograda la relación entre ambos partidos y que hoy garantiza estabilidad, sin caer en tentaciones rupturistas o cuestionar la pluralidad que caracteriza a Euskadi”. Andueza destaca la relación de “confianza y entendimiento” que ha tenido con Ortuzar, y confía en que Esteban salga de la “burbuja madrileña” en la que ha estado “encerrado” los últimos 21 años para “centrarse de verdad en el día a día de la política vasca”.

El regreso de Esteban al País Vasco deja un hueco que será difícil de ocupar en la política nacional. Esta es una de las grandes asignaturas del nuevo PNV si quiere seguir influyendo en las decisiones de Estado: “La defensa de los intereses de Euskadi en Madrid ha sido siempre una estrategia relevante, y lo seguirá siendo”, asegura Barandiaran. Esteban, cuya vacante tras 21 años en el Congreso la ocupará Nerea Renteria, ha sido el actor principal en los grandes acuerdos que los nacionalistas vascos han cerrado con el Gobierno de Sánchez. Ahora está obligado a encontrar un buen interlocutor en la Cámara Baja, porque en este escenario el PNV también sufre la competencia de EH Bildu.

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Sobre la firma

Mikel Ormazabal
Corresponsal de EL PAÍS en el País Vasco, tarea que viene desempeñando durante los últimos 25 años. Se ocupa de la información sobre la actualidad política, económica y cultural vasca. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Navarra en 1988. Comenzó su carrera profesional en Radiocadena Española y el diario Deia. Vive en San Sebastián.
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