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La industria chocolatera arrasa con los bosques de Costa de Marfil, según el informe de una ONG

La tala ilegal de árboles para aumentar las plantaciones de cacao en el país africano persiste a pesar de los compromisos adquiridos por las grandes firmas

Recolectoras de cacao en Costa de Marfil.
Recolectoras de cacao en Costa de Marfil.

La “temporada alta” de deforestación empieza en breve - en enero - en Costa de Marfil y la irresponsabilidad de las grandes compañías chocolateras siguen en el centro de esta práctica, según denuncia la ONG Migthy Earth. Según un estudio publicado por esta ONG, a pesar de los compromisos adquiridos hace un año en la conferencia de Bonn sobre el Cambio Climático (COP23) el ritmo de deforestación no sólo no se ha mitigado, sino que ha aumentado en la mitad de los bosques marfileños monitoreados por su investigación.

“La industria del chocolate ha pasado este año hablando de sus compromisos para cesar la deforestación, sin embargo, continúa comprando a proveedores que están destruyendo los últimos bosques de África Occidental”, asegura Etelle Higonnet, investigadora de Mighty Earth y autora del informe “Detrás del envoltorio: Greenwashingen la industria del chocolate”.

Después de activar todas las alarmas con el informe El oscuro secreto del chocolate, publicado por la misma ONG en septiembre de 2017, las autoridades de los principales países productores del mundo (que son Costa de Marfil y Ghana) así como los gigantes mundiales del sector del cacao, crearon hace un año la Iniciativa de Cacao y Bosques, un paraguas que une a los agentes más poderosos de la industria y que elaboró un “marco de acción” con las promesas de eliminar la producción ilegal en parques nacionales, trabajar para reforzar las políticas forestales, acabar con la deforestación y restaurar los bosques. Una iniciativa sin precedentes que consiguió la firma de las compañías que compran el el 80% del cacao de África Occidental, pero que sin embargo no está cumpliendo sus propios objetivos.

A través de imágenes satélite y equipos sobre el terreno, Mighty Earth ha seguido la evolución de los cultivos en Costa de Marfil y denuncia que, sólo en la región del sureste del país, se han talado casi 14.000 hectáreas de bosque desde que se firmó el acuerdo. Una extensión que equivale a 15.000 campos de fútbol.

“Los mapas exponen que hay un claro progreso en algunas zonas”, según Higonnet, “lo que demuestra que si se toman medidas el cambio es posible”. Por este motivo Higonnet lamenta que algunas empresas rechacen implementar las medidas y señala cómo ejemplo de inacción a Cadbury o SucDen.

El paisaje del sur de Costa de Marfil, país que produce el 40% del cacao mundial, es una sucesión de plantaciones decoradas por el amarillo del fruto del cacao y por el marrón de las habas del fruto cuando se secan al sol. Un millón de pequeños agricultores plantan, recogen y abren los frutos, en el primer eslabón del mercado mundial del chocolate, quedándose sólo con el 6,6 % del valor por el que una tableta de chocolate se acabará vendiendo en Europa o Estados Unidos. Una vez recogidos desde las pequeñas plantaciones, los comerciantes y los transportistas lo hacen llegar hasta los puertos de San Pedro y Abidjan, donde las grandes multinacionales compran los sacos que impregnan de olor amargo carreteras, camiones y almacenes del sur del país. En total – y contando a las familias que dependen del sector- son 6 millones de personas – un cuatro de la población marfileña- las que dependen del sector.

La economía del cacao se instaló en Costa de Marfil en los años sesenta, con la independencia del país y desde entonces un 80 % de su selva tropical ha desparecido. Con ella, también se ha volatilizado la población de elefantes, que son el emblema de la nación y que ahora están en peligro de extinción. Y en 13 de las 23 zonas protegidas del país han desaparecido por completo los primates que las habitaban.

 En vísperas de la peor temporada de tala, que empieza el mes de enero, Mighty Earth lamenta la “discrepancia inaceptable” entre los compromisos adquiridos y la implementación. Y pide actuar “urgentemente” ante “los daños irreversibles del ecosistema”.

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