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Humberto de la Calle: “En Colombia hemos descendido de la reflexión política al insulto”

El que fuera jefe negociador en el proceso de paz con las FARC afronta la elección del próximo 27 de mayo penúltimo en las encuestas

Humberto de la Calle, candidato a la presidencia de Colombia, en su sede de campaña en Bogotá.
Humberto de la Calle, candidato a la presidencia de Colombia, en su sede de campaña en Bogotá.

Humberto de la Calle (Caldas, Colombia, 1946) conversa con el sosiego y la calma de un maestro que se sabe la lección de tantas veces que ha impartido la materia. Fue vicepresidente de Colombia a inicios de los noventa, después de haber participado en la redacción de la Constitución de 1991. Cuando le llegó la edad de jubilación, aceptó la petición del presidente Juan Manuel Santos y se dedicó durante más de cuatro años a terminar medio siglo de guerra con las FARC. Pasados los 70 años afronta un nuevo reto: es candidato a las elecciones presidenciales del próximo 27 de mayo por el partido Liberal.

Pregunta. Está muy abajo en las encuestas, ¿cómo le está afectando?

Respuesta. Parto de la base de que me va mal. No voy a ocultarlo. Tengo talante y experiencia, y puedo brindar confianza a los colombianos. Mi propuesta arranca del centro, pero no un centro descafeinado, sino con transformación social, que es el desafío inmediato para Colombia tras el conflicto armado con las FARC. Algún expresidente dijo que la única encuesta en la que él creía era la del organismo electoral el día del sufragio.

De la Calle es el penúltimo en las estimaciones de las seis candidaturas que llegarán a la primera vuelta, lideradas por Gustavo Petro, representante de la izquierda, e Iván Duque, del Centro Democrático, el partido de derecha del expresidente Álvaro Uribe. Aunque ha intentado pactar una gran coalición de centro con Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, por el momento, ha sido imposible.

P. ¿Por qué cuesta tanto pactar en Colombia?

R. Colombia se había caracterizado por los pactos. En la etapa llamada el Frente Nacional, los dos partidos tradicionales gobernaron conjuntamente. Ahora vivimos una polarización de la sociedad colombiana que es un fenómeno nuevo en su intensidad. No en que haya discrepancia. Pero hemos descendido de la reflexión política al insulto y a una situación extraordinariamente agresiva.

P. ¿Por qué no se ha conseguido una gran alianza de los partidos de centro?

R. Ante una dispersión hacia soluciones extremas que no le convienen a Colombia me gustaría que hiciéramos el esfuerzo de lograr algún tipo de convergencia. El tiempo se agota. Han surgido problemas legales y no estoy seguro de que lo logremos. Todo indica que habrá segunda vuelta, tendremos que intentarlo entonces.

P. ¿Se puede ganar una elección presidencial en Colombia sin la denominada maquinaria?

R. En cualquier democracia los partidos tienen una organización electoral que podría llamarse maquinaria con legitimidad. En Colombia, se ha ido degradando porque ha surgido un sistema clientelista que reemplaza al Estado. La relación entre el Ejecutivo y el Congreso se ha basado en un mecanismo perverso: la remuneración o lo que ahora se llama mermelada, es decir, contratos. Así comienza a florecer la gran corrupción como el caso Odebrecht.

P. Odebrecht, el fiscal anticorrupción en la cárcel, jueces de la Corte Suprema imputados, más de 150 políticos vinculados a casos de corrupción. ¿Cómo se combate este problema estructural en Colombia?

R. La corrupción es permanente, se da en todas las esferas y forma parte de la cultura. Antanas Mockus hablaba de la proclividad de los colombianos al atajo, a buscar un camino distinto de la legalidad. Mi propuesta va desde las medidas punitivas y de transparencia, hasta el liderazgo que debe estar en la presidencia incluso a riesgo de generar crisis de gobernabilidad.

P. El proceso de paz se ha convertido en arma arrojadiza en los debates electorales. La disputa se basa en quién lo va a respetar o quién lo va a “hacer trizas”, según las palabras del Centro Democrático.

R. Estoy sorprendido por la gran indiferencia, sobre todo en la sociedad más urbana y, probablemente más desarrollada. Una especie de insolidaridad frente a lo que llamo la Colombia profunda, la que no vemos desde las ciudades. Lo notamos en el plebiscito. Por la falta de interés y de entender lo que significa el acuerdo de paz, cayeron en la trampa de las falacias.

P. ¿Cuál es el obstáculo para que se implementen los acuerdos?

R. Uno de los temas más complicados es la Reforma Rural: Colombia es el país de América Latina que por error de su élite nunca acometió en serio la tarea de brindar acceso a los campesinos a la tierra. Con siete millones de desplazados en el campo por la guerra y una propuesta para que recuperen sus tierras en los acuerdos de paz, se generan núcleos de resistencia. Hay que cambiar el país más inequitativo de esta región con Haití, Honduras y Guatemala. Para mí esta situación es insoportable.

P. ¿El proceso de paz está tocado de muerte por el encarcelamiento del exlíder de las FARC, Jesús Santrich?

R. No sé si es culpable, lo debe decidir la justicia. Lo que sé es que el acuerdo dice textualmente que las FARC se comprometen a romper todo vínculo con el narcotráfico. A partir del 1 de diciembre de 2016, todo delito nuevo corresponde a la justicia ordinaria que incluye el mecanismo de extradición. Si Santrich violó el acuerdo no hay razón para establecer excepción, queda a manos de la justicia como cualquier colombiano. Lo dijo también Timochenko. Esto reafirma que el acuerdo no es de impunidad.

Humberto de la Calle es consciente de que aun queda un 80% de los pactos con las FARC por cumplir, tarea que le corresponderá a los próximos gobiernos. Si las encuestas se cumplen, el primero en ocupar la Casa Nariño será Iván Duque, el representante del partido que con mayor beligerancia se ha opuesto a los textos firmados con la antigua guerrilla. “Una cosa es oponerse, otra el sabotaje sistemático”, opina el candidato. “El doctor Duque y el doctor Uribe dicen permanentemente que hay que reestructurar los acuerdos. Me parece un error histórico y fatal. En Colombia, cuando el Estado ha incumplido su palabra se han generado nuevas formas de violencia”.

P. Colombia ha sido un país de migrantes. Ahora reciben a cientos de miles de venezolanos que huyen del régimen de Nicolás Maduro, ¿qué hay que hacer para afrontar esta crisis humanitaria?

R. Nos estamos adaptamos a ese flujo de inmigrantes, al contrario, hemos sido exportadores de ciudadanos. Nicolás Maduro es un dictador que viola la Carta Democrática Interamericana. Frente a voces pendencieras en Colombia que siempre están tratando de usar la violencia y el odio, tenemos que tener clara la descalificación del régimen desde la perspectiva democrática, pero solo se debe obrar en un plano multilateral. Un cambio de régimen con elecciones libres y democráticas en Venezuela es necesario. Nuestro otro gran esfuerzo es evitar la xenofobia, ya tenemos suficientes odios.

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