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Bruselas investiga si la guerra comercial de Trump impactará en la UE

La Comisión supervisa la importación de acero para detectar posibles alzas hacia Europa

Un trabajador pasa por delante de varias bobinas de acero en la planta siderúrgica alemana Salzgitter AG.
Un trabajador pasa por delante de varias bobinas de acero en la planta siderúrgica alemana Salzgitter AG. EFE

La guerra comercial que promueve Donald Trump no ha concluido para Europa. Aunque el bloque comunitario ha quedado temporalmente exento de los aranceles sobre el acero y el aluminio confirmados de momento solo para China, la UE teme que esas barreras le acaben perjudicando indirectamente. La Comisión Europea ha abierto este lunes una investigación para determinar si los productos de acero que ahora no se vendan a Estados Unidos acabarán inundando la UE.

Aunque los socios europeos se han librado —por ahora— de lo peor, la beligerancia de Donald Trump en materia comercial les puede estar ya pasando factura. Las trabas que Washington anunció el pasado viernes para las importaciones chinas —aún por detallar— pueden resultar en un pico de mercancía que, al no encontrar mercado en Estados Unidos, acabe reorientándose hacia la UE. Así que el Ejecutivo comunitario, con competencias exclusivas en la política comercial europea, investigará los flujos del acero para proteger a la industria europea.

El procedimiento “puede acabar en la imposición de aranceles o cuotas que protegerían a los productores europeos de unas importaciones excesivas, si se demuestra necesario”, explica la Comisión en un comunicado. Bruselas dispone de nueve meses para concluir la investigación, aunque puede imponer medidas provisionales antes de ese plazo si el impacto se considera elevado. De momento se examinan los flujos de 27 categorías de productos del acero para detectar si hay incrementos bruscos hacia los países europeos.

Si llegaran a aplicarse las medidas, denominadas de salvaguarda, se destinarían a todos los territorios que exporten esos productos a la UE, independientemente de los volúmenes. Se trata de evitar que los productores europeos (en buena medida alemanes) tengan que competir con una industria china que ya les ha dificultado la competitividad en los últimos años (también la de otros países). Las enormes cantidades que pone en el mercado este país desploman los precios y amenazan la supervivencia de las firmas europeas.

El movimiento de este lunes refleja la inquietud que sigue existiendo en Europa por el impacto del proteccionismo comercial estadounidense. Más allá de calibrar las consecuencias de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China, las autoridades europeas iniciarán ahora una incierta negociación con Washington para tratar de luchar conjuntamente contra la llamada sobrecapacidad china en la producción de estos materiales, que distorsiona el mercado. Está por ver si la Administración Trump exigirá otros requisitos lesivos para los europeos, como imponer cuotas de exportación hacia Estados Unidos o ligar este dossier con el disputado incremento de gasto en defensa que el líder estadounidense exige a sus homólogos europeos en el seno de la OTAN.

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