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ALEKSI HÄRKÖNEN | PRESIDENTE DEL CONSEJO ÁRTICO

“Rusia está ocupando instalaciones militares soviéticas en el Ártico”

Finlandia preside hasta 2019 el Consejo Ártico y su mayor empeño es mantener la paz entre las potencias con soberanía en la región

El presidente del Consejo Ártico, el finlandés Härkönen, el 3 de noviembre de 2017 tras la entrevista con EL PAÍS. Ampliar foto
El presidente del Consejo Ártico, el finlandés Härkönen, el 3 de noviembre de 2017 tras la entrevista con EL PAÍS.

Paz. Este es el objetivo que se antoja “absolutamente necesario” para el presidente del Consejo Ártico, el finlandés Aleksi Härkönen, desde que asumió la presidencia de este foro el pasado mayo hasta 2019, cuando Islandia tome el relevo. Aunque la defensa y la seguridad no forman parte de sus competencias, Härkönen mantiene una mirada atenta a cualquier movimiento militar en la región del Polo Norte y se muestra preocupado, aunque prudente, al hablar de que Rusia está incrementando “claramente” sus capacidades militares exsoviéticas en el Ártico. 

Hasta el momento, dice Härkönen, de 65 años, el Ártico ha conseguido mantenerse al margen de las tensiones geopolíticas en el mundo. Pero "Rusia está ocupando instalaciones militares soviéticas que quedaron abandonadas con el colapso de la URSS", explica. Y advierte en un perfecto español de que los demás países en el Consejo Ártico (EE UU, Canadá, Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia) deben estar "atentos", dice mientras toma café en una aséptica sala del complejo de edificios donde se aloja el Ministerio de Exteriores finlandés.

De hecho, Rusia ya tiene operativas más de 100 infraestructuras en el Ártico y su fuerza aérea va a continuar creciendo, según Nikolai Yevmenov, el vicealmirante ruso para esta región en declaraciones a la agencia rusa Interfax recogidas por Reuters. Por eso, durante los dos próximos años, el Consejo desarrollará una estrategia a largo plazo hasta 2030 —haciéndola coincidir con la Agenda para el Desarrollo Sostenible de la ONU— para convertir el continente blanco en una "región pacífica", explica.

El Ártico es como un pastel del que todos los países cercanos reclaman un trozo. En 2007, Rusia plantó la bandera en el suelo marino para reivindicar su soberanía en el Polo Norte. "Eso fue simbólico", desliza Härkönen quitándole gravedad. Pero ahora, sin embargo, se quiere asegurar de desarrollar los manuales para que el Polo Norte permanezca intacto, y para que los países que reclaman su soberanía en este territorio (Rusia, Canadá, EE UU y Dinamarca) se mantengan siempre dentro de las leyes del derecho internacional. 

Cambio climático 

"El cambio climático es la amenaza más seria para la biodiversidad del Ártico", reza la declaración conjunta de los ocho países del pasado mayo. Noruega está en el punto de mira. Su Gobierno se acaba de sentar en los tribunales en un juicio por abrir prospecciones petrolíferas en el punto más al norte jamás explorado. Greenpeace y la ONG ecologista Youth & Nature acusan al Ejecutivo del país escandinavo de violar un artículo de su Constitución en el que se protege la salud de los ciudadanos y de incumplir con los acuerdos del clima de París. El veredicto se conocerá dentro de entre cuatro y 12 semanas. 

A nivel personal, insiste Härkönen, "el hecho de que un país que presume de políticas amigables con el ecosistema y que es progresista en su mentalidad medioambiental permita este tipo de actividades es contradictorio". La postura oficial del Consejo Ártico es, en cambio, no interceder en las políticas energéticas de los países miembros.

Estados Unidos, después de que el presidente Donald Trump anunciara la retirada del país del acuerdo del clima alcanzado en París en 2015, abre de nuevo la puerta al fracking en las orillas de Alaska. "Vuelve a ser una cuestión energética de un país soberano", insiste el presidente, quien añade que los compromisos de los demás países con el clima permanecen. Pero la estrategia del Consejo Ártico para esquivar el concepto "energético" de cada actividad que pueda poner en peligro el ecosistema de esta inmensa región que ocupa unos 16.500.000 kilómetros cuadrados (casi como toda Rusia) es abordarlo bajo el capítulo de la sostenibilidad de las poblaciones autóctonas, un 10% de los cuatro millones de personas que viven en el Círculo Polar Ártico. "Los indígenas de Alaska han alertado de esta cuestión y desde este punto de vista sí podemos hablar en el Consejo", cierra con una mirada que muestra cierta preocupación.

Transporte

Con la perspectiva de tener a observadores asiáticos en el Consejo, Härkönen se muestra entusiasmado. China, Japón, Corea del Sur y Singapur están "muy interesados" en la región desde el punto de vista del transporte. "El cambio climático no va a desaparecer y el transporte [por el Ártico] va a aumentar. Hay que estar preparados", sostiene el finlandés que, con cierta paciencia y resignación, admite que no será comercialmente viable durante los próximos 20 años.

Härkönen pone bastante ilusión al hablar de las nuevas formas de transporte que se pueden explorar en el Polo Norte y una son los rompehielos. Justo frente a su despecho están amarrados siete enormes buques que con su casco agrietan la capa de hielo Ártico para abrir paso a otras naves comerciales. Uno de ellos es el Polaris, orgullo nacional y único en el mundo porque funciona con gas natural licuado, mucho más ecológico que si utilizara combustible al uso. "Siempre va a haber necesidad de los rompehielos porque, incluso con el cambio climático, la capa de hielo no se vuelve totalmente líquida sino que se convierte en escarcha y habrá más icebergs", explica.

Sorprende escucharle hablar de la tecnología marítima que al presidente del Consejo Ártico le gustaría ver implementada en su totalidad: barcos inteligentes que no necesiten de capitán ni tripulación, y barcos que se conduzcan vía satélite. "Toda esta tecnología existe. Y podremos verla hecha realidad en no más de diez años", aventura.