El café de los abuelos o, simplemente, el lugar donde comer las mejores tartas de Viena

En el Vollpension, los mayores son los protagonistas. Placer mundano y solidaridad se dan la mano en sus salones. Y ahora quieren incluir también a abuelos recién llegados de Ucrania.

Christine Dunn, una de las abuelas que dan clase de repostería en el Vollpension.
Christine Dunn, una de las abuelas que dan clase de repostería en el Vollpension.Rafael Estefanía

Los sofás de paño estampados, las figuritas de porcelana sobre tapetes bordados y los cuadros de gatitos en petit point, sacados directamente del salón de una abuela, nos dan la primera pista de que el café Vollpension es más que simplemente otro café en Viena.

La segunda pista la encontramos al otro lado del mostrador, donde varios ancianos hornean apfelstrudels (tarta de manzana), tartas de chocolate y bizcochos a la vista de los clientes. “Nadie hace tartas tan ricas como las abuelas”. Partiendo de esta simple premisa, el joven emprendedor austriaco David Haller decidió hace años abrir un café donde los abuelos fueran los protagonistas. “En Viena, como en el resto de las grandes ciudades del mundo, hay muchas personas mayores que están solas, casi al margen de la sociedad, pero que aún tienen mucho que ofrecer. Lo único que necesitan es un lugar donde poder hacerlo”, asegura. En el café, situado en una de las calles más hipsters de Viena, jóvenes baristas trabajan codo con codo con abuelos y abuelas atendiendo a un público adicto a la repostería casera y adeptos al innovador concepto de generation cafe, donde personas de distintas generaciones y edades dispares confluyen en un mismo espacio.

Con una energía más propia de una adolescente, Marianne, de 77 años, ejerce de anfitriona. Hoy recibe a los clientes y explica a tres universitarias las razones por las que tienen que probar la tarta de albaricoques que acaba de hornear su compañero Gerhard, de 75 años. El éxito de Vollpension ha conseguido traspasar las paredes del café, hasta convertirse en todo un ejemplo de proyecto inclusivo y social. Durante la pandemia, con el local cerrado y los abuelos confinados, la búsqueda de alternativas llevó a David a montar un estudio donde filmar clases de repostería telemáticamente impartidas por los mayores y a crear un servicio de tartas a domicilio con repartos en toda Austria. Christine es una de las abuelas que pasó de matar las horas frente al televisor en su salón a ponerse ella misma enfrente de la cámara, dando clases de repostería en directo retransmitidas por Skype. Su especialidad, el pastel de limón vegano, es una buena metáfora de ese puente entre generaciones donde lo tradicional y lo moderno se encuentran.

Ahondando en su carácter social, el café Vollpension recibirá en las próximas semanas a varios abuelos refugiados de Ucrania para que se unan a sus filas, incorporando sus recetas de repostería tradicional ucrania. Hoy, con 35 abuelos en plantilla y muchos más en lista de espera, la idea es llevar el proyecto a otros países.

Marianne se quita el delantal y se despide uno a uno de todos los trabajadores del café. Su jornada de hoy ha terminado (trabaja dos días por semana) y se dirige a la parada de autobús que la llevará a su apartamento en la calle Sturgasse, a 30 minutos de aquí. “Los clientes son muy amables y muchos me piden que me haga fotos con ellos. Lo que gano me ayuda con mi modesta pensión, aunque la razón por la que trabajo aquí es porque somos como una gran familia”, afirma. Los horarios se adecuan a las necesidades de los mayores, teniendo en cuenta citas médicas y otras contingencias propias de la edad, aunque, según David, lo compensan con su ética de trabajo: a diferencia de los jóvenes, ninguna abuela ha llegado nunca tarde al trabajo.

“Lo que empezó como una idea de negocio divertido, se ha convertido en algo mucho más importante. Para mí, lo mejor de todo esto es el amor que recibo de esos abuelos que han encontrado aquí una segunda oportunidad…, eso y sus deliciosas tartas”, dice Haller.

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