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Columna
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Gritos de socorro

Juan José Millás
Camilo Rozo

Observen bien esta fachada perteneciente a un edificio de la plaza de la Hoja, en Bogotá. En el interior de esas viviendas permanece la gente confinada por culpa del coronavirus. En principio, lo único que llama la atención es la simetría, a la que somos tan aficionados porque nos representa (estamos compuestos de dos mitades iguales unidas entre sí). Lo simétrico nos proporciona calma, nos tranquiliza. De ahí el modo en que los jardineros recortan los setos de aligustre y el porqué de que las hachas prehistóricas fueran de doble faz. De ahí también nuestra pasión por los números capicúas (61016), tan demandados en las administraciones de loterías, y por las palabras conocidas como palíndromos, que dicen lo mismo leídas de izquierda a derecha que de derecha a izquierda (solos).

Sin embargo, la simetría perfecta es prácticamente inexistente. Parta usted en dos una naranja, una manzana, una patata y observará que siempre hay diferencias más o menos visibles. En la fachada que nos ocupa, llama la atención el trapo rojo que cuelga de algunas de las ventanas quebrando la armonía cromática del conjunto. Significa que en el interior de esas viviendas se pasa hambre, que no hay comida, en fin, que no existe la igualdad que podrían sugerir los elementos arquitectónicos. Ese microcosmos carece, pues, del equilibrio deseable. Si trasladáramos ese lenguaje al resto del mundo, en muchos balcones de aquí y de allá, en vez de las banderas patrióticas a las que somos tan aficionados, ondearían estos gritos de socorro que actuarían también como denuncia del desorden que nos habita.

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Sobre la firma

Juan José Millás
Escritor y periodista (1946). Su obra, traducida a 25 idiomas, ha obtenido, entre otros, el Premio Nadal, el Planeta y el Nacional de Narrativa, además del Miguel Delibes de periodismo. Destacan sus novelas El desorden de tu nombre, El mundo o Que nadie duerma. Colaborador de diversos medios escritos y del programa A vivir, de la Cadena SER.

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