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Diabel Cissokho, el ‘griot’ cosmopolita que vuelve a casa

Hijo, nieto y sobrino de juglares africanos, el músico senegalés regresa a las raíces con su último disco e incorpora a su estilo todo lo que ha conocido en sus viajes por el mundo

Diabel Cissokho, en una actuación en Londres.
Diabel Cissokho, en una actuación en Londres.

La música es fruto de viajes. Viajes a lo largo del tiempo, a través de distintos espacios, de distintas personas compartiendo, intercambiando, expresando y comunicando saberes, talentos y valores de generación en generación. En África Occidental, a esa figura transmisora de la historia a través de la palabra y la música, a esos contadores orales, se les conoce como jeli, en lengua mandiga, géwël, en wolof, o griot, una transcripción francesa de guiriot, la palabra que creyeron escuchar por primera vez los extranjeros y que escribieron en el siglo XVIII.

La sociedad occidental suele etiquetar a estos músicos como inmigrantes. Sin embargo, este fenómeno, cultural y social, es más bien lo que el filósofo británico-ghanés Kwame Appiah denomina “cosmopolitismo enraizado”. Un recorrido por la trayectoria musical de Diabel Cissokho, con motivo de su último álbum, Rhythm of the Griot (ritmo del griot), lanzado ya de vuelta a casa, permite entender este concepto y también el modo en el que esa movilidad, tan añorada ahora en tiempos de pandemia, es enriquecedora tanto para los lugares de origen como para los de destino y acogida.

El investigador y explorador marroquí Ibn Battuta ya escribió sobre los griots cuando visitó las cortes de Malí en el siglo XIV. Asistían al rey y a la nobleza, les aconsejaban y acompañaban cuando se dirigían a la población. Ahora (hasta ahora) que las fronteras se vuelven más permeables y renacen nuevas formas de nomadismo, su figura resulta más emblemática que nunca, como vínculo de unión de comunidades transfronterizas.

Diabel Cissokho nació en una popular familia de griots mandingas en Tambacounda, en el este de Senegal. No solo su padre, Ibrahima Bana Cissokho, ejercía esta profesión; también lo eran sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, así como su madre, sus tías… Y el talento se fue transmitiendo de generación en generación. Hoy ese patrimonio cultural se refleja en su rico y polifacético repertorio musical, con la kora como principal instrumento, aunque también toca la guitarra acústica, el ngoni, y el tama. La kora es el icono de los griots mandingas, un complejo instrumento con 21 cuerdas, y formado por media calabaza forrada con piel de vaca o cabra atravesada por tres palos. “La primera canción que aprendí fue Alalake, que significa Dios lo hizo”, recuerda Cissokho. “Me la enseñó mi padre. Crecí entre música, escuchando cantar a mis abuelas, tías, mi madre… Hoy, salvo un par de hermanos que tengo carpinteros, toda mi familia se dedica a ello”.

Desde entonces, el repertorio no ha hecho más que crecer. Cinco álbumes, desde Niayele (Abre los ojos), en 2007; seguido por Mansana Blues, en 2010, Kanabory Siyama (No huyas de tus raíces), en 2012, Tambacounda Express, en 2016; para terminar con Rhythm of the Griot (Ritmo del griot), lanzado el pasado noviembre, grabado entre Senegal, Reino Unido y Francia, y producido por la discográfica de Kafou Music. A esto se suman un centenar de colaboraciones con grandes figuras de la música senegalesa, desde Baaba Maal hasta Omar Pene, pasando por Youssou N’Dour, entre otros. Afincado en Reino Unido desde 2012, Cissokho ha compartido escenario con músicos de la talla del recién fallecido camerunés Manu Dibanngo, el nigeriano Femi Kuti y el senegalés Cheikh Lô.

En su repertorio, hay una referencia constante: las raíces. Esto se hacía evidente en el título de su tercer disco, Kanabory Siyama, pero aún más desde la grabación de Tambacounda Express. Este disco está dedicado a su lugar de origen y a aquellos tiempos coloniales en que lo atravesaban unas vías del tren y se desaconsejaba el paso a los niños, ya que muchos desaparecían, no se sabe bien si raptados o atropellados. “Lleva a Tambacounda a todo el mundo, y que la pongan en radio y televisión resulta una fuente de orgullo para sus gentes”.

Diabel Cissokho vivió cinco años en Reino Unido. "Era una segunda casa. En 2017, sentí que era el momento de volver y compartir mi música con la familia, conectar con la gente", asegura el músico. Gracias a ese continuo vínculo Diabel Cissokho fue poco a poco recuperando su espacio en la escena musical del país, desde Dakar, tocando en hoteles y restaurantes como l’Endroît, o en festivales como el célebre Festival Internacional de Jazz de Saint-Louis, en 2019, donde tocó en la programación del Hotel Keur Dada. “Aquí la cosa es diferente, pero resulta fácil adaptarse, porque conozco la mentalidad senegalesa. Además, cuando la música comienza, es como si todos fuéramos en la misma dirección”, comparte.

Lo cierto es que siempre tuvo un pie en Reino Unido y otro en Senegal. Nada más volver, rodó un videoclip en un lugar simbólico, la isla de Gorée, aquella isla desde la que africanos esclavizados cruzarían el Atlántico, y que se ha convertido en símbolo de reapropiación y reconciliación. En casa grabó Rhythm of the Griot. “Estoy muy contento con el álbum por la cantidad de colaboradores con los que he podido trabajar, entre ellos, muchos familiares, como mi hermana Nama. Como griots, viajamos por todo el mundo, así que el álbum es precisamente sobre lo que vemos en esos viajes. Somos como bibliotecas. Vemos, grabamos y después, compartimos y comunicamos el mensaje”, cuenta. Canciones sobre la familia, las cortes reales en las que en tiempos pasados el griot era confidente y consejero, sobre los profesores, los líderes espirituales y sobre la música misma, con un predominio del blues que acompaña su discografía todos estos años.

Pero el proyecto de vuelta no queda ahí. Diabel Cissokho no es tan solo un músico cosmopolita, sino un cosmopolita enraizado. Y es precisamente ese vínculo el que da lugar a un compromiso, a una intención de devolver, de contribuir a hacer de ese lugar, un lugar mejor. La escena cultural senegalesa es un extraordinario ejemplo del papel que desempeñan músicos como él, organizando festivales, actuando como embajadores, poniendo sus raíces en el mapa a través de la cultura.

Nada más volver a Senegal, rodó un videoclip en un lugar simbólico, la isla de Gorée, aquella isla desde la que africanos esclavizados cruzarían el atlántico

Sin embargo, el proyecto de vuelta no termina ahí: “Me gustaría organizar una jornada cultural en Tambacounda, con una actuación mía como cabeza de cartel, pero también, con otros músicos, artesanos, y puestos de todo aquello que sea cultural. Coordinarme con los colegios y ver si puedo contribuir a mejorar los materiales de las aulas, como las sillas, bolígrafos y demás. Aunque poco a poco. A largo plazo, me gustaría también montar un estudio en Tamba, y que los jóvenes músicos puedan ir allí a grabar sus discos y formarse”.

El último tema de su álbum se titula Fasso, que significa lugar de origen, referencia constante y recurrente de todo cosmopolita enraizado. En sus días de confinamiento en casa, Diabel Cissokho prepara una canción para sensibilizar a la población mandinga y fulani sobre el coronavirus, sumándose así a la iniciativa de otros músicos, tales como los raperos del movimiento Y’en A Marre, que sacaron el 19 de marzo Fagaru Ci Coronavirus.

Wiriko es una asociación cultural dedicada a la difusión del arte y la cultura africanas contemporáneas. Desarrolla actividades de divulgación a través de un magacín digital y de formación mediante un Aula Virtual.

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