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El pulso africano que late en la música de Depedro

Jairo Zavala explora las raíces que han marcado el ritmo de sus canciones y desgrana la experiencia que atesoró en su viaje a Senegal

depedro luz
El músico Depedro (Jairo Zavala), en entrevista en Madrid, en 2016.

No hay espacios físicos capaces de contener la música. Por muy altos que se levanten los muros o se alambren las fronteras, las canciones nacen donde quieren y no necesitan de ningún pasaporte para viajar. Subido a ellas como pasajero, Jairo Zavala (Depedro) lleva años recorriendo el mundo. “Es un medio de transporte muy poderoso, capaz de llevarte como ningún otro a ese estado emocional en el que se desarrolla la empatía”, confiesa. “Es una obviedad, pero la música es un lenguaje universal”, añade el compositor madrileño.

Un mismo idioma que en 2014 le llevó a reencontrarse con la música africana que escuchaba desde pequeño. “Mi familia vivió 15 años en África y yo desayunaba cada mañana con esa música”, recuerda Jairo. Una de esas canciones era A New York, a la que ponía voz y melodía el griot senegalés Lamine Konté. Jairo lo descubrió durante el rodaje del documental Casamance, dirigido por Paloma Zapata. Un viaje sonoro en el que Depedro recorre Senegal de norte a sur siguiendo la estela de aquel trovador. “Konté refleja lo que es el mundo moderno, lleno de mezclas imparables. Fue él quien llevó fuera la música africana, la mostró a Occidente y dejó que se mezclase con elementos occidentales”, explica Zavala.

Revelador e íntimo, Depedro confiesa que aquel viaje le ayudó a salir del bloqueo en el que se sentía inmerso. “Aprendí muchas cosas de los ritmos y los latidos africanos”, reconoce. Un pulso musical que acabaría colándose en dos canciones de El Pasajero (2016). “Toda la percusión sale de África”, continúa. Es el caso de Antes de que anochezca, en la que Jairo habla de esa travesía hacia su pasado y hacia el origen más primigenio de la música: “Busco en mi memoria / algo que se esconde / tengo que encontrarlo / y enseñarte esto antes de que anochezca / Baila conmigo / esta danza de los desposeídos / que levantan la mirada y ven / lo que para nosotros / está perdido”.

La conexión que allí establecían con la música es una de las cosas que más fascinan a Jairo. “Para ellos es un instrumento de comunicación, de contacto. Está sujeta a la tradición oral y la forma en la que se relacionan con el mundo”, comenta. Una relación que viene marcada incluso por los apellidos. “En Senegal, en la cultura mandinga, depende del apellido que tengas estás predispuesto a tocar un instrumento u otro”, asegura. Es el caso de la kora, un instrumento originario de Casamance, al sur de Senegal, ligado por sangre a la familia Konté a la que pertenece el griot Laminé. Aquel trovador con el que Zavala crea sus puentes personales a través del recuerdo y de la música que su madre le ponía de pequeño y que ahora se plasma en sus canciones.

En Senegal, en la cultura mandinga, depende del apellido que tengas estás predispuesto a tocar un instrumento u otro

Viajes de ida y vuelta a los que Jairo Zavala sigue el rastro para encontrar ese fino hilo invisible que lo une todo. “Es como un conjunto que nos abraza. La música no es entendible de forma separada. En Europa o en Latinoamérica, mires por donde lo mires, los ritmos y las melodías son deudoras de los sonidos africanos”, defiende. Un espíritu que también demuestra como militante de la banda musical Calexico. Desde Alaska a Tierra de Fuego. De Aluche a Casamance. En esa mezcla de culturas, saltando fronteras.

Solo así se puede entender canciones como aquel A New York de su infancia. Una canción que nace a casi cuatro mil kilómetros de Senegal, en mitad de los rascacielos del Manhattan de los años cincuenta. Es allí donde el poeta senegalés Leopold Sedar Senghor —primer presidente de Senegal— describe, a través de sus versos, los sentimientos de un inmigrante africano al llegar a la ciudad de Estados Unidos: “Tan tímido al principio frente a tus ojos azules de metal / tu sonrisa helada / Tan tímido / Y la angustia en la parte inferior de las calles llenas de rascacielos / Buscando búhos en el eclipse de sol”. Un poema que Konté convertiría en canción 30 años después para el álbum La kora du Sénégal Vol. 1 y Vol. 2. El mismo disco que Jairo Zavala escucharía de joven y que le llevaría hasta África.

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