La esencia del Moncalvillo

leandre escorsell. estilismo de anna vallès

MIGUELITO corre por Sojuela desde niño. Cerca de Logroño, el pueblo razona su ser en el policultivo a la vera de la sierra de Moncalvillo: cereales, olivos y cepas, sotobosque y riqueza biológica. El niño creció y, ya hombrón, Miguel Martínez desarrolló junto a la familia valentía, pasión y amor por las tradiciones. Su vino tinto Supurao nace de su vocación por contar esa Rioja rural: los racimos enteros de tempranillo cuelgan de los techos. Las uvas maduran, se arrugan y concentran sabores hasta la pasa. Con la primavera, la segunda cosecha sucede en casa: el mosto, muy dulce, fermenta con lentitud, conserva azúcares y la memoria viva de la fruta que fue. Es un vino único (solo 12% de alcohol) hecho de suavidad y delicadeza, humedad y ligereza, amabilidad y rito ancestral. Almendras tostadas, orejones de melocotón, pepitas que explotan en la boca con la carne suculenta de la pasa rehidratada. La historia tiene también sus sabores y Supurao 2015 los transmite como pocos. 

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