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“La gente tiene que ser parte de la solución al zika o nunca funcionará”

Vicky Maskell, encargada de Innovación en Emergencias de Salud Pública en Latinoamérica y el Caribe para Unicef, insiste en la importancia de que la población se involucre en la lucha contra el virus

Vicky Maskell, encargada de la Estrategia de Innovación en Emergencias de Salud Pública en Latinoamérica y el Caribe para Unicef.
Vicky Maskell, encargada de la Estrategia de Innovación en Emergencias de Salud Pública en Latinoamérica y el Caribe para Unicef.

La primera vez que Vicky Maskell viajó a un país asolado por la emergencia, la alojaron en una carpa y le dieron un cuchillo. Se quedó perpleja. Se encontraba en Nepal, justo después del terremoto de 2015, que ocasionó 9.000 muertos y más de 22.000 heridos. “Me explicaron que era para salir de allí si de repente entraba un oso”, recuerda entre risas, aunque admite que en ese momento no le hizo tanta gracia. Afortunadamente, no tuvo encontronazos con animales, pero esa primera experiencia en los desastres hizo que se enganchara al trabajo en emergencias. Hoy esta británica de 33 años es la encargada de la Estrategia de Innovación en Emergencias de Salud Pública en Latinoamérica y el Caribe para Unicef y, asegura, nunca más ha llegado a sentir miedo en un contexto parecido.

Maskell actualmente trabaja desde la sede de la oficina regional de Unicef en Panamá, coordinando la estrategia de comunicación externa en la respuesta al zika y otras enfermedades de salud pública. “Llegué a Panamá hace dos años, un miércoles por la noche. Al día siguiente, por la mañana, estaba en una sala con ocho personas desconocidas que hablan español con un acento que me parecía muy raro. Pensé: ‘¿Qué hago aquí? He dejado toda mi vida para esto’. Dos años después, estoy muy feliz, he aprendido un montón y he tenido el privilegio de ir a ver lo que está pasando en terreno”, cuenta desde Madrid, donde se encuentra de paso en la sede del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Aprendió español en la universidad y, tras una experiencia de estudio y laboral en León, se mudó a Londres, ciudad en la que vivió durante nueve años trabajando por distintas ONG. “Cuando mi contrato en el anterior puesto estaba a punto de caducar, me puse a buscar empleo. Envié candidaturas en Londres, en Londres y en Londres. Pero, finalmente, me llamaron para el único puesto al que me había presentado en el extranjero”. Dos semanas después, estaba en Panamá. “Fue todo tan rápido que no tuve tiempo para preocuparme”.

Su misión principal consistía en armar una herramienta para facilitar información a los jóvenes sobre zika, la transmisión de cuyo virus aún está activa en más de 50 países en cinco continentes diferentes y que en la región de Latinoamérica y el Caribe ha afectado a al menos 223.000 personas desde 2015, según los casos confirmados por la Organización Panamericana de la Salud. Entre ellos, 3.500 bebés. “La cifra real podría ser mucho más alta”, advierte la comunicadora, “ya que hay muchas barreras a la hora de diagnosticarlo y aún no tenemos conocimiento de todas las consecuencias en el desarrollo de un recién nacido”.

El principal obstáculo para la lucha a la enfermedad es que la gente piensa que el riesgo de contraerlo es muy bajo, según la experta

Maskell está a la cabeza en Latinoamérica y Caribe de la herramienta U-Report, una plataforma en la que los adolescentes se registran a través de las redes sociales (Facebook o Twitter, pero en breve podrán hacerlo también a través de WhatsApp) y responden encuestas, reciben información y dialogan sobre temas de su interés, como salud sexual, matrimonio infantil o nutrición. Durante el huracán Matthew en Haití y los de Panamá, U-Report permitió enviar información a más de 25.000 personas las 24 horas del día durante tres semanas. Para responder a la emergencia sanitaria en curso, se creó un Centro de Información de zika, un tipo de bot en el que los usuarios pueden buscar información sobre el virus.

“Queremos asegurarnos la participación de los jóvenes en su futuro, en el desarrollo de su país y en temas de emergencia y que también puedan decirnos qué está pasando”, dice la experta británica. “Lo que más me gusta de mi trabajo es generar un cambio social. Me encanta la comunicación con un impacto, que permite que las personas tengan una formación adecuada, que estén empoderadas, que sepan cómo protegerse y controlar sus vidas”, indica. Algo especialmente relevante en el caso del virus del zika, que se ceba en particular con los grupos sociales vulnerables (mujeres y niños, minorías étnicas y los pobres).

Para no crear falsas alarmas en la comunicación de asuntos tan delicados, lo más importante para ella es construir mensajes muy sencillos. “Hay conceptos muy simples que tienen que quedar claros, como asegurarse de que no hay mosquitos en casa. Hay que explicar bien cómo se consigue".

El principal obstáculo para la lucha a la enfermedad, sostiene, es que la gente piensa que el riesgo de contraerlo es muy bajo y sus consecuencias tardan en manifestarse. “El zika todavía es un entorno desconocido, pero por eso estamos ahí: para apoyar y dar una respuesta”. Cuando las medidas tradicionales para controlar las epidemias no son suficientes, según Maskell, hay que apostar por la innovación —por ejemplo, Unicef cuenta con un proyecto que utiliza datos agrupados de los desplazamientos de las personas en Colombia para hacer un pronóstico sobre los brotes de dengue y estar seguros de disponer de la información y comunicar en la zona adecuada— y por la implicación de la población. “La gente tiene que formar parte de las soluciones o nunca va a funcionar”, insiste.

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