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OPINIÓN

Cuatro razones por las que no debemos olvidar el virus del zika

La epidemia no ha terminado y causa más complicaciones en la salud de las que en un principio se pensó

Campaña contra el zika en Brasil.
Campaña contra el zika en Brasil.

La historia de la expansión mundial del virus del zika, es una de las más crueles de la última década. Todo comenzó en el corazón de África: en Uganda. Fue en 1947 cuando un grupo de científicos que investigaban la fiebre amarilla descubrió un nuevo virus en un mono enfermo que habitaba un frondoso bosque llamado Zika. Estoy segura de que estos científicos nunca, ni remotamente, podrían haber imaginado que casi 70 años después, aquel nuevo bicho que les pareció un “hallazgo insignificante” se expandiría rápidamente por varios continentes causando estragos, particularmente en América Latina, y provocando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara en febrero del 2016 que la epidemia de zika, era una emergencia sanitaria internacional.

Tan solo un mes después, en marzo del 2016, llegué a Rio de Janeiro, al Centro de Referencia de Zika en Fiocruz para proporcionar apoyo urgente a la lucha contra esta epidemia que se estima afectó a varios millones de personas solo en Brasil. Durante el último año y medio, he podido presenciar en primera persona cómo el impacto que tuvo va mucho más allá de recién nacidos con la cabeza pequeña o deportistas olímpicos con riesgo de ser infectados. Pero, ¿qué hace al virus del zika tan especial?

El zika es un pequeño virus de RNA de la misma familia que otros como el dengue o la fiebre amarilla. Al igual que sus célebres primos se transmite principalmente por la picadura de un mosquito infectado por el virus. Generalmente el mosquito Aedes aegypti es su vehículo para expandirse, aunque también se transmite a través del mosquito tigre, que circula en España desde el 2004 y se ha ido expandiendo en los últimos años.

En 2015 y 2016, la America Latina sufrió la mayor epidemia de zika de la historia. De ella aprendimos que también puede ser transmitido mediante relaciones sexuales y, en casos excepcionales, a través de fluidos corporales como lágrimas. Se estima que un 70% de las personas infectadas nunca sufren ningún síntoma o solo unos muy suaves (como fiebre baja o sarpullido). Sin embargo, lo que le dio a este virus su fama mundial fue el descubrir que las infecciones estaban asociadas a un incremento dramático en el número de recién nacidos con microcefalia (cabeza más pequeña de lo normal) en Brasil.

La transmisión del virus del zika aún está activa en más de 50 países en cinco continentes diferentes

Tras las Olimpiadas de Río de Janeiro, el aumento de violencia en las favelas y los múltiples conflictos políticos internacionales que han ocupado las portadas de todo el mundo, parece que ya nos hemos olvidado de este virus. Por eso, después de más de año y medio en Brasil, resumo aquí algunas de las razones por las que nadie debería olvidarse del virus del zika.

1. La epidemia de zika no ha acabado todavía

Aunque la peor parte de la epidemia parece haber pasado, la transmisión del virus del zika aún está activa en más de 50 países en cinco continentes diferentes: África, Asia, Oceanía, América del Norte y del Sur. Hasta la fecha, la OMS reconoce que solo cinco regiones han conseguido erradicarlo totalmente: la Polinesia Francesa, las Islas Cook, la Isla de Pascua (Chile), Nueva Caledonia y Vanuatu. Sin embargo, la OMS declaró que otros 64 países están en riesgo de sufrir futuras epidemias porque tienen los mosquitos transmisores establecidos en el país. Especialistas alertan que debemos estar atentos pues futuras epidemias en las regiones afectadas o en nuevas áreas son muy probables.

2. El zika no solo causa microcefalía

Después de muchos meses de extensas investigaciones, el centro de Control de Enfermedades (CDC) de los EE UU confirmó que el zika causaba microcefalia en bebés tras conseguir atravesar la placenta en madres infectadas durante el embarazo. Ahora sabemos que esto era solo la punta del iceberg y que el virus puede causar muchas más complicaciones en recién nacidos como ataques epilépticos, calcificaciones en el cerebro, pérdida visual y auditiva, problemas en el sistema digestivo, urinario o respiratorio. Esto es ahora conocido como síndrome congénito del zika y se estima que miles de bebes infectados durante el embarazo fueron afectados durante la epidemia del 2015 y 2016 en el continente americano.

En algunos casos, el zika causó que los bebés no nacieran vivos o que fallecieran a los pocos días o semanas de nacer. En el caso de los supervivientes afectados, todos los meses se siguen descubriendo complicaciones nuevas. Desafortunadamente, aún se tardará años hasta entender las dimensiones del daño que el virus está causando potencialmente a un porcentaje de niños de una generación entera.

3. Los adultos pueden sufrir mucho más que solo una fiebre

La mayoría de personas que tuvieron zika decía haber sentido solo como una gripe leve: un poco de fiebre, cansancio y erupciones en la piel que pasaban en menos de cuatro días. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de casos, puede causar enfermedades neurológicas graves como ya fue identificado en la epidemia del 2014 en la Polinesia Francesa. Allí observaron por primera vez que el virus incrementaba hasta 20 veces el riesgo de sufrir el Síndrome de Guillain-Barré, que es una enfermedad en la cual el sistema inmune de una persona ataca sus propios nervios periféricos (los que se encuentran fuera del cerebro y de la médula espinal). Este síndrome puede causar problemas de movimiento de brazos y piernas e incluso la muerte en los casos más graves.

Recientemente, investigadores de todo el mundo, incluyendo nuestro equipo en Brasil, hemos descrito que puede causar bastantes más enfermedades neurológicas de lo que se imaginaba en una pequeña proporción de infectos. Estas incluyen encefalitis (inflamación del cerebro), meningoencefalitis (inflamación del cerebro y de la membrana que cubre la columna vertebral), mielitis (inflamación de la médula espinal), neuromielitis óptica (inflamación de la médula espinal y de los nervios ópticos) y encefalitis diseminada aguda, una enfermedad autoinmune rara.

4. El impacto social del zika ha sido devastador

El virus del zika ha causado y continua causando un impacto multidimensional y devastador en mujeres embrazadas y sus bebés. Cuando la epidemia explotó, gobiernos de países como Colombia, El Salvador o Jamaica recomendaron a sus ciudadanas “evitar quedarse embrazadas” en algunos casos hasta 2018. Estas medidas resultaron ser bastante polémicas dado que alrededor del 40% de los embarazos en el mundo no son planificados. Para complicar la situación aún más, el aborto es ilegal y está penado en muchos de los países que fueron afectados, lo que llevó a que este vulnerable grupo de mujeres afectadas, tuviera aún menos opciones. Esta epidemia estuvo asociada a un incremento de abortos ilegales en América Latina directamente relacionado con un aumento dramático en los riesgos para la salud de estas mujeres.

Durante el último año, y gracias a un proyecto en colaboración con varias organizaciones brasileñas como la Asociación de Madres de Ángeles (União de Mães de Anjos) que une a familias con hijos con microcefalia, hemos conseguido apoyar a centenares de familias con hijos afectados. Es difícil describir el estrés y el trauma que estas mujeres y sus familias han sufrido durante esta epidemia sabiendo que un “terrible nuevo virus creador de malformaciones” podría afectar sus bebés. Estas familias también sufrieron un alto grado de estigma, prejuicio y rechazo por parte de familiares, amigos y vecinos. Por ejemplo, algunas de ellas han relatado que usando transporte público, extraños se acercaban a sus bebés gritando: “¡Saquen a ese demonio de su cabeza!”.

Hace tiempo que el zika ya no aparece en los titulares, sin embargo, existe un alto riesgo de que surjan futuras epidemias. Además, las complicaciones que causó a millares de familias con niños afectados van a perdurar de por vida. Científicos, médicos, profesionales de salud y todos los ciudadanos en general no podemos dejar caer en el olvido este peligroso virus que inesperadamente afectó a millones de personas.

La crisis del virus zika está lejos de terminar y debemos continuar luchando por la prevención y erradicación mundial.

Raquel Medialdea Carrera es una científica asturiana doctoranda en la Unidad de Investigación de Salud en enfermedades emergentes y zoonóticas (HPRU EZI) de la Universidad de Liverpool. Investiga en el Centro de Referencia de Zika de Fiocruz (Brasil). Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation, adaptado y traducido por su autora.

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