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La tarta de chocolate para celiacos de Silvia Marsó

Con un hijo celiaco, la actriz barcelonesa se preocupa por preparar y descubrir nuevas recetas sin gluten. Lo que no significa que renuncie al dulce: ni en la gastronomía, ni tampoco en su vida.

SUS DÍAS DURAN tanto como los de cualquiera. Pero lo cierto es que 24 horas en la vida de Silvia Marsó (Barcelona, 1963) dan para mucho. Trabajar, leer, reflexionar, volver a empezar. Y compartir. También la comida. Con un hijo celiaco, eso sí, todo ha de ser necesariamente sin gluten. Por suerte, ya no hay por qué renunciar al sabor: así es como se prepara la mejor tarta de chocolate del mundo, un portento de merengue y cacao que se elabora en la tienda de ese mismo nombre en Madrid. Nos citamos allí una mañana fresca de primavera para preparar nuestra receta de pastel deconstruido y charlar sobre el proyecto que tiene ensimismada a la actriz por todo lo que se parece, y todo lo que difiere, de su propio día a día: la adaptación teatral de la novela de Stefan Zweig 24 horas en la vida de una mujer.

Con su sonrisa y su voz inconfundibles, que no hacen sino acentuar una energía y un buen humor que ella misma subraya como uno de los puntos fuertes de su carácter, Marsó recuerda el momento en que entró por primera vez en contacto con el libro. “¿Sabes quién me lo regaló? Eloy Azorín. Fue cuando entré en Gran hotel [la serie de televisión], para hacer unos personajes que tenían un cierto paralelismo con la historia que se narra en la novela”, recuerda. “Lo leí y un año después me enteré de que estaban haciendo en París un espectáculo musical ­basado en el libro. Y yo me voy a París, lo veo y me enamoro: del espectácu­lo, de la música, de los personajes, del humor, de la tragedia, de la reflexión…”.

La tarta de chocolate para celiacos de Silvia Marsó

Como en una cadena, en ese momento decidió regalar a su vez el libro a Ignacio García, actual director del Festival de Teatro Clásico de Almagro. “Lo leyó en un vuelo a México y cuando aterrizó me llamó y me dijo: ‘Esto lo vamos a hacer, Silvia”.

Tras su paso por la capital, y con una gira por delante que desembarcará en noviembre en Barcelona, donde la función se representará en catalán (“¡hace años que no trabajo en esa lengua, me hace mucha ilusión!”), el reloj de sus jornadas da vueltas con ella en el papel de la protagonista de esta historia intensa y profunda. También en el rol de productora de la función, una faceta menos conocida de su carrera que ya había ejercido en otras ocasiones, en obras teatrales como Tres versiones de la vida, de Yasmina Reza. “Yo he producido varias cosas, pero los mejores personajes siempre me los han ofrecido otros. Se ve que los demás se fían más de mí que yo”, se ríe. “La Yerma de Lorca; la Nora de Casa de muñecas, de Ibsen; Amanda Wingfield de El zoo de cristal, de Tennessee Williams…, son obras increíbles, pero yo no las hubiera producido”.

La interpretación por sí sola ya le llena más que una tarta de chocolate, pero no es su única faceta artística. Sin ir más lejos, sobre el escenario, el elenco de 24 horas en la vida de una mujer canta, baila y declama. “Para hacer este personaje he estado dos años estudiando canto, dos años intensivos”, asegura. “Este personaje y este trabajo son los más difíciles que ha hecho nuestro equipo. Y eso es lo que me llevó a producirlo. Es tan diferente, tan complejo, maneja tantas disciplinas…”, explica. Quizá por eso le resulte tan natural preparar un postre como si fuera un cuadro de ­Jackson Pollock. Casi lo clavamos. Con el chocolate por pintura, unas frutas liofilizadas a modo de pegotes y un toque de curri que aporta una miaja de locura, conseguimos crear un postre tan delicioso como estético y expresionista.

Implicada para subir sobre las tablas temas capaces de interpelar al espectador y suscitar la reflexión (en su actual obra aparecen cuestiones como “la ludopatía, las dependencias, los cuestionamientos, la cobardía, la religión, la familia…”), e igualmente involucrada con el mundo que se ve más allá de la platea, Marsó no puede dejar de congratularse por un movimiento con cada vez mayor impulso: la nueva ola del feminismo. “La globalización ha ido bien para este tema: para que todas las mujeres del mundo nos unamos y luchemos”, opina. Como socia de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), ella misma es testigo de que algo se mueve en su profesión: “Ya somos muchas”, se congratula. “¿Y sabes qué es lo mejor? Que cada vez somos más”. 

Tarta de chocolate deconstruida

La tarta de chocolate para celiacos de Silvia Marsó

(Los ingredientes empleados son especiales para celiacos)

Merengue:
– 4 claras de huevo.
– 200 gramos de azúcar.
Mousse:
– 5 claras de huevo.
– 75 gramos de azúcar.
– 75 cl de nata.
– 100 gramos de cacao 65%.
Presentación:
– Una cucharada de curri.
– 50 gramos de frutas liofilizadas (fresas, higos, frambuesas).

1. Para el merengue. Separar las yemas de las claras de cuatro huevos. Batir las claras a punto de nieve con 100 gramos de azúcar. Cuando cobren cuerpo, incorporar otros 100 gramos de azúcar y terminar de montar. Introducir en el horno a 100 grados durante una hora. Cuando el merengue esté seco, dejar reposar.

2. Para la mousse. Entre tanto, montar cinco claras a punto de nieve con 75 gramos de azúcar. Cuando esté firme, incorporar la nata batida, mezclar suavemente y agregar a temperatura ambiente el cacao fundido. Unir todo con una lengua pastelera. Guardar en la nevera.

3. Presentación. Emplatar sobre un papel de horno colocando cinco o seis cucharadas de mousse esparcidas. Romper el merengue encima del papel, esparcir la frutas por encima y terminar con un poco de chocolate líquido y una pizca de curri.