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Sudáfrica apuesta por el anonimato para combatir el sida

El país más afectado por el VIH aboga por la autoevaluación y máquinas expendoras de medicinas para evitar que los pacientes sean estigmatizados

Un doctor explica a un paciente el uso del kit de autoevaluación de VIH desarrollado por estudiantes de la Universidad de Witwatersrand en Hillbrow, Johannesburgo, el 19 de marzo de 2018.
Un doctor explica a un paciente el uso del kit de autoevaluación de VIH desarrollado por estudiantes de la Universidad de Witwatersrand en Hillbrow, Johannesburgo, el 19 de marzo de 2018. AFP

¿Cómo evitar que los pacientes con VIH sean estigmatizados? Sudáfrica, el país más afectado por la epidemia, apuesta por máquinas de autoevaluación, un método discreto, barato y eficaz. A pesar del progreso de la prevención, las pruebas generalizadas y la caída en el precio de las terapias triples, el virus del sida sigue causando estragos en el país más industrializado del continente, con más de siete millones de afectados, el equivalente al 18,9% de su población adulta. En términos más generales, según la ONG Unitaid, tres de cada diez personas con VIH en el mundo no saben que están infectadas con el virus.

En Sudáfrica, una de las razones que mantienen la epidemia en un nivel tan alto es que, con frecuencia, las personas en riesgo son reacias a acudir a los centros de salud pública para que se les realice una prueba de detección de la enfermedad debido al estigma que aún supone padecerla. Para solucionar este problema, el pasado 18 de marzo Unitaid ofreció una alternativa, y lo hizo en un lugar muy corriente: la puerta de un supermercado en el barrio pobre de Hillbrow, en el centro de Johannesburgo.

En unas carpas azules situadas en plena calle, un grupo de voluntarios intenta atraer a los curiosos para mostrar la técnica que quieren poner en marcha: "Nos estamos dirigiendo específicamente a los hombres jóvenes", afirma Lynne Wilkinson, de la Universidad de Witwatersrand, que coordina el proyecto.

Protegidos de la vista de los transeúntes, los interesados rellenan un formulario en el interior de la tienda de campaña y a cambio reciben una prueba gratuita que pueden usar por sí mismos en ese sitio o en casa. "El manual está escrito en seis idiomas, la mayoría de las personas lo comprende", asegura Mokgadi Mabuela, una joven que distribuye los aparatos. "Entienden rápidamente que se trata de una prueba para hacer ellos mismos, sobre todo si no se atreven a pedir una cita médica".

El resultado de la prueba está disponible en 20 minutos. Si es positivo, se  realiza una prueba de confirmación

El resultado de la prueba está disponible en 20 minutos. Si es positivo, se propone inmediatamente una prueba de confirmación. "Pasé la semana pasada con mi hermano y se hizo el examen, hoy es mi turno para conocer mi situación", dice un joven que prefiere mantener su nombre en el anonimato. "Es realmente muy fácil".

Lanzada en Malaui, Zambia y Zimbabue desde 2015, la iniciativa ahora se extiende a Sudáfrica. Después del distrito de Hillbrow, las pruebas estarán disponibles a partir de mayo en las estaciones de minibuses de la ciudad, que transportan a cientos de miles de pasajeros todos los días. Unitaid planea distribuir 4,8 millones de copias.

Usando una de estas pruebas fue cómo Oscar Tyumre, un músico de 45 años que vive en Alberton, al este de Johannesburgo, se enteró de que era portador de la enfermedad. Cuenta que se le aconsejó ir a la clínica para iniciar un tratamiento y hoy se alegra por ello. "Fue difícil de aceptar, pero gracias a eso mejoré muy rápido". Tyumre dice hoy que se sintió aliviado después de saber su estado de VIH. "Mi consejo es no desilusionarse, ¡Puedes comenzar tu tratamiento ahora mismo y seguir viviendo hasta los 100 años!", exclama.

Máquinas expendedoras de tratamientos

Una mujer obtiene su medicación en la expendora automática de fñarmacos de Alexandra, en Sudáfrica, el pasado 15 de marzo. ampliar foto
Una mujer obtiene su medicación en la expendora automática de fñarmacos de Alexandra, en Sudáfrica, el pasado 15 de marzo. REUTERS

A unos diez kilómetros más al norte, en la localidad de Alexandra, el Ministerio de Salud y la organización benéfica Right to Care acaban de lanzar las llamadas unidades de dispensación de fármacos, una especie de cajeros automáticos como los de los bancos, pero diseñados para que los pacientes pueden retirar su tratamiento con discreción y así protegerlos de los prejuicios contra el VIH. Se trata de la primera de este tipo en servicio en el continente africano.

"Elegimos Alexandra como la primera ubicación porque está muy poblada, las instalaciones están sobrecargadas y las personas necesitan atención médica pública", asegura Fanie Hendriksz, directora general de Right to Care.

Gracias a una tarjeta, un código y a la confirmación legalmente necesaria de un farmacéutico que se obtiene a través de un enlace de vídeo, los pacientes pueden retirar su terapia en menos de cinco minutos, sin cruzar una sola mirada. "Es más fácil y más rápido", dice una usuaria, Philda Dladla, de 59 años. "Antes, tenías que esperar todo el día en la clínica", explica. Con la máquina expendedora, cualquiera puede recoger fácilmente sus medicamentos, "siempre que no olvide su código personal".

Coincide Primrose Good, empleada doméstica de 60 años con diabetes. Para ella, el principal beneficio es que ahora se ahorra largos tiempos de espera. "Para las personas mayores que estamos enfermas, como yo, esto es una ayuda. Los centros de salud están demasiado llenos y nos mareamos al cabo de tiempos de espera tan largos", dice mientras coloca sus medicamentos dentro del bolso. "Acabo de llegar a la máquina, he marcado mi número, he recogido mis píldoras y ya me voy a casa".

Unos 200 pacientes han utilizado las máquinas expendedoras cada día

Para asegurar el anonimato de los usuarios, las cuatro máquinas expendedoras, fabricadas en Alemania y vendidas por debajo de 140.000 euros por unidad, están aisladas del exterior gracias a una cabina. "Solo revelas tu enfermedad si sales con la medicina en la mano", asevera el líder del proyecto, Thato Mathabathe. "Ha cambiado mi vida porque ya no he vuelto a preocuparme por recoger tarde mis pastillas. Estas máquinas más cercanas son muy necesarias porque las clínicas están demasiado lejos", afirma Mbele, desempleado de 25 años.

Desde septiembre, unos 200 pacientes han utilizado estos dispensadores cada día para renovar su tratamiento contra el sida, la diabetes, el asma o la hipertensión. Se espera que en los próximos meses se habiliten tres nuevos puntos de recogida en Johannesburgo.

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