Reportaje:

El 'barceló' de la catedral de Palma no ve la luz

El monumental conjunto escultórico está incompleto por falta de financiación para las vidrieras

Una pieza monumental de Miquel Barceló (Felanitx, 1957), una escultura cerámica de 300 metros cuadrados, lleva un año instalada en una capilla de la catedral de Palma de Mallorca, pero está oculta. El gran lienzo de arcilla que el artista culminó en julio de 2004 para ilustrar el milagro de los panes y los peces en un espacio gótico y de culto está escondido tras una enorme tela negra, y por ello no ha podido ser contemplado por más de un millón de personas que han visitado el templo estos meses. Las instituciones y los protectores no han conseguido reunir el millón de euros necesario para la realización de las cinco vidrieras diseñadas por el artista, que considera imprescindibles para contemplar el conjunto con luz natural en un espacio gótico.

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El problema radica en que para completar una de las importantes intervenciones contemporáneas efectuadas en España en décadas, deben montarse las cinco vidrieras en los ventanales de la capilla de San Pedro, que el pintor diseñó para iluminar su poderosa pieza.

Las instituciones implicadas -Gobierno de Baleares y Consell de Mallorca- y los protectores -Fundación Fundatur, que sufragó el nuevo yate Fortuna para el Rey; el Obispado de Mallorca, y la Universidad de Baleares- no han logrado reunir en este año el millón de euros necesario para ejecutar el capítulo final.

El proyecto, que Barceló inició en 2001 en el taller de cerámica de Vicenzo Santoriello, en Nápoles, ha supuesto hasta ahora una inversión de unos 2,5 millones de euros. El cabildo de la catedral y la comisión del patrimonio histórico han avalado todas las propuestas iconográficas del pintor. El Ministerio de Cultura no coopera en la obra y la aportación del anterior Gobierno de Baleares fue de más de un millón de euros.

El artista recibió el monumental encargo del que fue obispo de Mallorca, Teodoro Úbeda, quien antes de fallecer, sin poder ver culminada la instalación en mayo de 2003, pidió ser enterrado a los pies del barceló. En la capilla, junto al altar mayor, donde se guarda el Santísimo, el pintor dejó las huellas de las palmas de sus manos en la puerta del sagrario, que fue cubierta con pan de oro. Además, Barceló creó y donó el mobiliario litúrgico en piedra: el altar, el ambón, la sillería, un candelabro de tres brazos y la sede presidencial, que se ubicaron en la capilla semanas atrás.

El artista sostiene que la entrada de la luz natural a través de las cristaleras es esencial para poder contemplar, con sus formas y riqueza expresiva, la colorista y abigarrada ola de arcilla, un cuadro a la vez museo antológico y síntesis de toda su iconografía.

Un cuadro de vida

"La catedral puede ser mejor que un museo, una obra de arte siempre estará bien acompañada y además la verá más gente. En las iglesias se descubría el arte, sin el espectáculo comercial museístico", detalló Miquel Barceló hace un año, el 28 de julio de 2004, cuando mostró a este diario el mural ya concluso. El retablo que cubre por completo las tres paredes de la capilla tiene unas 2.000 figuras y detalles distintos. "Es como un cuadro de vida, el taller del artista y una antología con todas las iconografías presentes en la obra", agregó.

Mañana, el Fomento de Turismo de Mallorca celebra en la catedral un concierto de la Orquesta y Coros de RTVE, y con los fondos recaudados con las entradas -unos 30.000 euros- contribuirá a sufragar una parte de las vidrieras. Biel Mesquida, escritor y amigo de Barceló y representante universitario en el proyecto desde los inicios de la obra catedralicia, explicó ayer que de los cinco vitrales, se ha logrado ya que uno lo sufrague la caja Sa Nostra y otro la coleccionista Monique Barbier-Müeller. Cada pieza y el complejo montaje tienen un coste de 200.000 euros. "Para una capilla gótica la luz es el fundamento total", dice Mesquida, que lamenta el retraso en el estreno.

El vidriero Jean-Dominique Fleury, de Toulouse, tiene el encargo desde hace meses para fundir los cinco barcelós transparentes, manchas y formas de colores, para matizar "el viaje al fondo del mar, la entrada del mar en la catedral". "Me gustaría que el público entrara en la capilla sin barreras, se sentara al lado de la cerámica y observara los detalles de cerca, con naturalidad. Es nuestra Capilla Sixtina", afirmó hace un año y sigue creyendo Miquel Barceló. EPS, en diciembre de 2003, ya publicó las primeras imágenes de la realización de La Catedral de Barceló. El artista, durante más de cien días, trabajó por las dos caras el lienzo de miles de kilos de fango en crudo. Recreó el evangelio de San Juan: el mar, la selva, un jardín pletórico, la sutil figura del cristo resucitado, enormes palmeras y peces desollados, cuevas y hornos, muros de calaveras y sensuales detalles que remiten a la vida. Los realizadores Luis Ortas y Agustí Torres han concluido un largo documental sobre la obra y su proceso, en el que reflejan el trabajo y la vida del artista durante el largo periodo en que se ha volcado en la intervención en la catedral. Un libro de fotografías de Agustí Torres captará el detalle y la magnitud de la obra actual en la capilla gótica, un siglo después de la reforma de Gaudí y Jujol.

Miquel Barceló, ante su mural de cerámica de la catedral de Palma.
Miquel Barceló, ante su mural de cerámica de la catedral de Palma.A. T.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 28 de julio de 2005.

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