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AMENAZA DE GUERRA | Debate en la ONU

EE UU estudia retrasar o anular el voto de la segunda resolución en la ONU

Bush prepara un discurso para exigir la rendición de Sadam y la salida de los extranjeros

Nueva York / Washington

La confusa batalla diplomática en torno a Irak estaba llegando a su fin, con el Consejo de Seguridad más desgarrado que nunca. Pero EE UU decidió dar una enésima oportunidad a unas negociaciones encalladas. Bush, que había fijado el día de hoy como límite y había exigido que se votara en el Consejo, fueran cuales fueran las circunstancias, dio marcha atrás y dejó abiertas todas las posibilidades. Su portavoz, Ari Fleischer, dijo que el esfuerzo por conseguir una resolución que respaldara la guerra podría concluir hoy o continuar la semana próxima.

El secretario de Estado, Colin Powell, admitió que contemplaba la posibilidad de retirar el proyecto de resolución copatrocinado con Reino Unido y España para ir a la guerra sin el respaldo explícito de la ONU.

La firmeza de Francia y Rusia en su rechazo a la guerra, y la negativa de París a considerar la última propuesta británica, provocaron una extraordinaria irritación en la Casa Blanca. "Rechazan las propuestas antes que Irak", se quejó el portavoz de la Casa Blanca. Pero la atención estadounidense ya no se centraba en París, ni siquiera en la ONU, sino en Londres. Había que hacer lo posible para ayudar a Tony Blair, un aliado en gravísimos apuros a causa de su apoyo incondicional a Washington. Bush consideró incluso la posibilidad de viajar al Reino Unido para exhibir su amistad con Blair. Pero el viaje se desestimó porque podía resultar contraproducente.

Lo que sí hizo la Casa Blanca fue ceder en algunas de sus exigencias, como la de buscar una votación para identificar claramente a quienes dijeran no y la de cerrar hoy todas las discusiones. Eso incrementó la incertidumbre. La fecha del 17 de marzo con límite de un ultimátum al Gobierno iraquí perdió sentido, ya que resultaba probable que el 17, lunes, aún se estuviera negociando. Powell reconoció ante el Congreso que todas las opciones estaban "abiertas". Eso constituía, a los seis meses de iniciado el actual proceso para el desarme de Irak, el reconocimiento de un naufragio diplomático.

Diplomacia en estado puro

El portavoz Fleischer intentó justificar la situación señalando que el mundo estaba contemplando "diplomacia en estado puro", pero la ausencia de perspectivas resultaba indisimulable. Bush y sus aliados ("Reino Unido, Australia, Bulgaria, Italia, Irlanda, España, Japón y ocho países del este europeo", en palabras de Powell) estaban a punto de admitir la imposibilidad de invadir Irak con la bendición del Consejo. Bush preparaba ya un discurso, sin fecha fijada pero inminente, en el que presentaría ante Sadam un breve ultimátum, puramente militar, para exigir la rendición y en el que recomendaría a todos los no iraquíes que evacuaran el país.

Londres parecía haber renunciado a liderar las iniciativas diplomáticas. El contundente rechazo a la lista de seis condiciones a Sadam, propuesta el miércoles en el Consejo, supuso un serio revés para el Gobierno británico. La adopción de una segunda resolución "es menos probable que nunca", reconoció Blair. Especialmente indignado, el ministro de Exteriores, Jack Straw, calificó de "increíble" la negativa de Francia.

Straw, sin embargo, no abandonó del todo la esperanza de conseguir el apoyo de los seis países indecisos en el Consejo (Guinea, Angola, Camerún, Chile, México y Pakistán) e indicó que estaba dispuesto a retirar su exigencia de que el presidente iraquí compareciera en televisión para reconocer que había escondido armas de destrucción masiva. La condición había sido calificada de "grotesca" por varios miembros del Consejo.

En este clima de incertidumbre, el órgano decisorio de la ONU se reunió ayer para seguir discutiendo de la propuesta británica. El miércoles prolongó su sesión hasta pasadas las nueve de la noche para buscar, sin ningún éxito, una fórmula de consenso. "¿Por qué el texto sólo ha sido presentado por los británicos? ¿Tenemos garantías de que recibirá el respaldo de EE UU? ¿Quién decidirá que se han cumplido las condiciones? ¿Cómo se articularán con el programa de trabajo de los inspectores?", preguntó el embajador alemán, Gunter Pleuger.

"No habrá votación", pronosticaba el representante de uno de los seis indecisos. "Desde un punto de vista legal, a EE UU le conviene más retirar la resolución porque así podría ampararse en las resoluciones anteriores, como la 1.441, para justificar una guerra". Sería la solución ideal para países como México y Chile, que evitarían así enfrentarse a Washington, e incluso para los tres permanentes (China, Rusia y Francia) que amenazaban con ejercer su derecho de veto.

La atención estuvo tan centrada en las negociaciones sobre la resolución que la noticia de que Irak entregaría hoy a los inspectores un informe sobre sus existencias de gas VX, una de las condiciones británicas, pasó casi inadvertida. Bagdad también anunció que presentaría unos días después un documento sobre ántrax.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de marzo de 2003