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Los bombardeos golpean a la población civil

Los ataques provocan 24 muertos, entre ellos siete niños de la misma familia, y decenas de heridos

El endurecimiento de los bombardeos sobre Afganistán provocó durante el fin de semana un elevado número de víctimas civiles. Al menos 20 personas murieron y varias docenas sufrieron heridas. El Pentágono intenta retomar la iniciativa con ataques aéreos más intensos tras comprobar que la guerra, ya en su cuarta semana, no ha conseguido hasta ahora debilitar el poder talibán. Eso implica un alto coste en vidas inocentes, lo que puede debilitar la coalición internacional forjada desde Washington e inflamar a las poblaciones musulmanas. Las mayores ciudades de Afganistán (Kabul, Kandahar, Mazar-i-Sharif, Herat y Jalalabad) y el frente noreste, que divide las líneas de los talibanes y de la Alianza del Norte, recibieron ayer impactos de bombas.

Kabul, la capital del país, sufrió el sábado y el domingo oleadas casi continuas de bombardeos. En Qali Hotair, un barrio al norte de la ciudad, un periodista de Associated Press vio los cadáveres de cuatro niños y dos adultos; según los vecinos, en total hubo 15 víctimas mortales, de ellas nueve niños. El mismo testigo relató que uno de los niños muertos parecía de apenas dos años y que su padre abrazaba el cuerpo. Un residente en la zona, Zarmin Bibi, explicó que la matanza se había producido en torno a las siete de la mañana de ayer, hora local, durante un bombardeo que se dirigía aparentemente contra objetivos militares situados al norte y al este de Kabul.

Distintos testimonios recogidos por Reuters indicaron que entre los muertos de ayer en Kabul se contaban un hombre y sus siete hijos, cuya casa fue alcanzada por un proyectil mientras desayunaban. La viuda del hombre, llamado Gul Ahmad, estaba presente durante la retirada de los cuerpos de entre los escombros. "Han matado a todos mis niños y a mi marido", dijo. "El mundo entero es responsable de esta tragedia. ¿Por qué no toman la decisión de detener todo esto?".

El sábado, otro error de los aviones estadounidenses costó otros nueve muertos civiles en localidades cercanas a la estrecha franja que divide las posiciones de los talibanes y de la Alianza del Norte al noreste del país. Algunas de las víctimas se encontraban en terreno dominado por la Alianza.

Kate Rowlands, directora de un hospital de campaña italiano ubicado tras las líneas de los guerrilleros antitalibanes, se declaró "conmocionada, especialmente tras ver llegar a un niño de cuatro años y varios ancianos". Rowlands dijo a Associated Press que los heridos en el lado talibán trataban de cruzar el frente a lomos de mulo para ser tratados en el hospital italiano y protestó por el "alto número" de víctimas civiles.

Bombas sobre la aldea

La agencia china Xinhua informó de que al menos 10 personas habían muerto el sábado en la entrada del valle de Kapisa, controlada por la Alianza, cuando una de las 35 bombas lanzadas supuestamente contra las posiciones talibanes cercanas al aeropuerto de Bagram se desvió y cayó sobre la aldea de Jan Agaha. Otras bombas cayeron sobre las localidades de Ghanee Jil y Raqi, en territorio de la Alianza, y Nikhahil, en territorio talibán, según varios testigos. Dos chabolas de barro fueron destruidas en Ghanee Jil. En una de ellas se preparaba una boda. Un enviado de la CNN vio el cadáver de una mujer joven cuyo hijo de cuatro años había resultado herido.

Los bombardeos se hacen más intensos y los objetivos militares son cada vez más confusos, porque las milicias talibanes tienden a mezclarse con la población. Eso multiplica el riesgo de errores mortales como los registrados el fin de semana y puede minar el ánimo de una coalición internacional que, según los portavoces militares de Washington y Londres, se ve obligada a encarar una guerra más larga y costosa de lo que se preveía.

El canciller alemán, Gerhard Schröder, trató, sin embargo, de demostrar, durante una escala en Pakistán, que la voluntad de los aliados de Estados Unidos se mantenía firme, y se opuso a que los bombardeos cesaran para introducir ayuda humanitaria en el país. Según Schröder, no existían soluciones para la hambruna y la destrucción de Afganistán que no pasaran previamente por la derrota total de los talibanes.

Incluso el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, prescindió de reiterar una vez más su mensaje de que los bombardeos no debían prolongarse más allá del inicio del Ramadán, el mes sagrado musulmán, a mediados de noviembre. Musharraf se limitó a decir: "La campaña militar, en lo posible, debería ser corta y localizada".

Pero tanto el Gobierno estadounidense como el británico consideran que la guerra no será corta y se extenderá, de forma cruenta, a lo largo del invierno y durante bastantes meses del año próximo. Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa estadounidense, lo confirmó ayer al asegurar que los bombardeos continuarán durante el Ramadán.

Mientras tanto, los talibanes resiten. Eric Ouannes, responsable local de la ONG francesa Acción contra el Hambre, que dispone de 700 cooperantes locales en el interior de Afganistán, declaró a Reuters que no se percibía "ningún signo de colapso en la autoridad de los talibanes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de octubre de 2001