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"¿Por qué no lo habré hecho antes?"

"Después del trasplante de córnea tenía la sensación de ver demasiado tras haber pasado mucho tiempo viendo bultos". Con este entusiasmo define su experiencia Tomás Cerdá, que a sus 55 años continúa realizando una vida normal en Palma de Mallorca. "Tras recuperar la visión, uno se pregunta ¿por qué no lo habré hecho antes?". Desde los 18 años había tenido problemas con el sol y le hacía daño la luz demasiado fuerte. "Al principio me puse gafas, pero seguía teniendo dificultades para ver". Pero en 1990 su vista sufrió un revés. "En ese momento el glaucoma afectó al ojo bueno, con el que no había tenido tantos problemas". Fue incluido en la lista de espera para operarse de cataratas. "Me operaron de cataratas en el ojo malo y pensé que en el otro ocurriría lo mismo con el tiempo", relata. Tras esta intervención su vista mejoró, pero no lo suficiente comparado con otros casos de estas características. "Fue transcurrido un año cuando me indicaron que necesitaría un trasplante de córnea. En ese preciso instante se me vino el mundo encima". Pero su opinión era muy distinta después del trasplante: "Era como una especie de milagro, uno tiene sensaciones indescriptibles y sólo quien ha pasado por esto sabe lo que es".Durante las doce semanas siguientes a la operación siguió al pie de la letra las recomendaciones para evitar cualquier tipo de complicación: "No levantaba pesos y nunca colocaba la cabeza por debajo de la cintura. Tampoco podía frotarme con fuerza".

Luego comenzó a llevar vida normal. Pero Tomás Cerdá lamenta: "La gente no es consciente de la importancia que tiene la donación. Parece que no vemos lo importante que sería que esos órganos diesen vida a otras personas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de septiembre de 1999