Nueva York descubre el efecto raticida del frío extremo
El duro invierno hace albergar esperanzas de que la población de roedores de la ciudad se reduzca en primavera


El invierno extremo que vive Nueva York, donde en apenas 18 días han muerto a consecuencia del frío 20 personas, podría tener un efecto imprevisto: un menor número de ratas en la Gran Manzana. Harta de lidiar con la presencia de roedores en parques, calles y túneles del metro mediante un sinfín de métodos, incluida la designación de un zar antirratas, la ciudad contempla el frío extremo de este invierno, calificado de histórico, como un eficaz método de selección natural.
Sin los detritus habituales en las aceras, desde hace semanas cubiertas de nieve y hielo, las ratas tienen difícil alimentarse y ello deriva en un estrés capaz de inhibir también su reproducción. Así que estos días no solo resulta difícil verlas por las calles, donde solían campar a sus anchas, sino que la inhibición sexual promete una primavera y un verano más clementes con quienes abominan de los múridos.
Las temperaturas bajo cero han dejado en las aceras de Nueva York una costra de nieve sucia; lo de manto blanco mejor reservarlo para describir el campo o las montañas, no para la mugre urbana. Pero esa capa marrón también encierra sorpresas. Joe Donovan, conserje de un edificio de Manhattan, asegura que al intentar despejar de nieve el tramo de acera que le corresponde a su edificio como estipula la normativa se ha encontrado dos congeladas. “Esas ya no se reproducen, va a ser verdad lo que dicen los expertos”, ríe a carcajadas Donovan, pala en ristre. “Tampoco he visto ninguna desde hace días en el sótano de la caldera y la lavandería. Me dicen que los supermercados del barrio notan también la mejoría”. En las tiendas de alimentación son muy populares —especialmente en Instagram— los llamados gatos de bodega (sótano), cazadores con empleo las 24 horas del día, y hoy, gracias al frío, bastante ociosos.
Una rata hembra bien alimentada puede parir hasta siete veces al año, según los expertos. Puestas a refugiarse del frío, las que viven en el metro, que también son legión, llevan ventaja a las callejeras. Peor suerte corren las crías, sin amparo cuando los padres las dejan en nidos y madrigueras, donde teóricamente almacenan comida, para salir a buscar reservas. La reducción de la población afectaría por tanto a los ejemplares más vulnerables, los enfermos, mayores o muy jóvenes. “Todo dependerá de si los adultos son capaces de encontrar comida, porque para sobrevivir necesitan proteínas y nidos cálidos para que las crías no mueran de hipotermia”, explica Martin, empleado en VJ, una empresa de fumigación y control de plagas que estos días registra menos clientes.
La especie predominante en la ciudad, la Rattus norvegicus, o rata noruega, no hiberna, pero este año ha debido acantonarse en sus cuarteles, forzada por el frío y la reducción de desechos en la costra de nieve, hielo y mugre que recubre, como una montaña inoxidable, las gigantescas bolsas de basura que a media tarde se sacan cada día a las aceras, pese al programa de implementación de contenedores pensado precisamente para evitar el libre acceso de las ratas a los residuos. El contexto recuerda de algún modo el que sufrieron los roedores en la pandemia, cuando el cierre de la actividad y la casi desaparición de restos de comida y basura en las calles las estresó hasta el punto de volverlas agresivas.
Que nadie espere empero la erradicación de estos mamíferos, advierten expertos y autoridades; solo una discreta reducción en ese censo oficioso que en 2024 elevaba a tres millones el número de ejemplares. El nuevo alcalde, Zohran Mamdani, aún no ha revelado sus planes al respecto, mientras su predecesor, Eric Adams, convirtió su eliminación en una cruzada (él mismo las sufría en su casa de Brooklyn) al designarlas como “enemigo público número uno”. Su empeño se sustanció en el nombramiento de una zarina de las ratas en 2023. Como casi la totalidad de neoyorquinos, también ella acabó tirando la toalla, rendida a la evidencia de la plaga.
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