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Inesperada crisis en el Gobierno Ayuso a cuenta de un “iluminado religioso” y sus contratos por más de 75.000 euros para sus obras de teatro en Madrid

Antonio Castillo Algarra, el dramaturgo que manejaba la cultura y la educación en la sombra, se valió de sus contactos con la presidenta para impulsar su carrera

Isabel Díaz Ayuso, durante el pleno de la Asamblea de Madrid, para dar explicaciones sobre el relevo de Emilio Viciana al frente de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades y su sustitución por Mercedes Zarzalejo.Jesús Hellín (Europa Press)

Antonio Castillo Algarra ha manejado estos años los hilos de la educación y la cultura en Madrid como asesor externo de Isabel Díaz Ayuso. Ejercía el poder en la sombra a través de gente cercana a él que había colocado en el PP y el Gobierno de Madrid, como el último consejero de Educación, dos directores generales claves y tres diputados en la Asamblea. Al tiempo, esta posición de privilegio ha impulsado su carrera como dramaturgo. Según unos contratos a los que ha tenido acceso EL PAÍS, su empresa, For the Fun of It, ha recibido más de 75.000 euros desde que Ayuso llegó a presidenta.

La líder madrileña ha vivido esta semana su mayor crisis interna a raíz de este asunto. Fulminó el lunes al consejero, Emilio Viciana, y a partir de ese momento se sucedieron las dimisiones y destituciones de los cercanos a Algarra, a los que en los pasillos de Sol se les conocía como los pocholos por su estética de jóvenes de barrio rico. Llegado el momento de escoger, han preferido marcharse y ser leales a Algarra antes que a Ayuso. El dramaturgo los puso y con él se van. El propio Algarra ha dimitido de su cargo como director artístico del Ballet Español de la Comunidad de Madrid, una compañía cuya creación propuso él a la presidenta. En cuestión de horas, quedó al descubierto la capacidad de influencia de un asesor sin cargo y sin experiencia en gestión educativa pública.

Su rastro puede seguirse de una manera más nítida en el Portal de Contratación Pública. Revisándolo, se descubre que la empresa de Algarra recibió al menos seis contratos. El primero data de 2020, cuando recibe 8.470 euros para una obra que se representó en el Teatro Coliseo de San Lorenzo de El Escorial. Al año siguiente, recicla la misma obra, pero esta vez en los Teatros del Canal y el Salón Cervantes. ¿La suma de ambas? 21.780 euros. La siguiente aventura teatral, en 2022, fue llevar a escena un musical adaptado por Algarra llamado Más acá de los romances, en el que la consejería invirtió poco más de 13.310 euros. Se les concede la naturaleza de contratos menores, por lo que no debían salir a concurso por tratarse de sumas inferiores a 15.000 euros.

Por una exhibición que Algarra bautizó como Teatro del Mundo, For the Fun of It recibe 31.800 euros, en un apartado que también incluye publicidad y aumenta su cuantía. En total, 75.360. A esto se le podrían sumar otros 26.000 euros por reeditar Más acá de los romances en la Fundación del Teatro Real, pero ese ente lo dirige Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, considerado el primer presidente independiente en la historia de la institución. (El patronato lo conforman el Gobierno central, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid). Curiosamente, esta obra en la que se narra la vida del filólogo Ramón Menéndez Pidal se estrena este sábado en el Real Teatro de Retiro y la dirección general y artística corre a cuenta de Algarra. En el elenco también aparece como protagonista. En una nota de prensa de una exhibición anterior de este musical, Algarra firma como coautor. Su nombre se lee dos veces y el de su compañía, siete.

De Algarra también fue el empeño de crear el Ballet Español de la Comunidad de Madrid, como ha reconocido el propio consejero de Cultura, Mariano de Paco. El consejero tiene una relación muy cercana con él, pero no se le reconoce como un pocholo. Cuando la diputada Marisa Escalante, de Más Madrid, le preguntó en una comisión a De Paco por el papel de Algarra en el ballet, respondió de manera muy clara: “Es la persona que ideó, concibió y entendió que esta comunidad necesitaba un ballet propio”. A continuación, aseguró que lo hace de manera altruista. EL PAÍS fue el periódico que contó, por primera vez, quién era Algarra y cuál era el tremendo poder que atesoraba a pesar de que muy poca gente lo conocía. Incluso en Sol no fue un nombre que sonara mucho antes de la publicación. La diputada Escalante lleva desde entonces tras su pista.

Ayuso admiraba al dramaturgo. Su corpus ideológico es conservador, explica alguien que lo ha tratado mucho, pero sobre todo se trata de “un iluminado religioso”. Un hombre con un concepto exagerado de sí mismo y que narra su historia personal como una epopeya homérica, según se puede leer en una entrevista que concedió a un blog llamado Albidanza. Cuenta ahí que conoció a Ayuso cuando ella trabajaba en el equipo de Cristina Cifuentes, expresidenta del PP. La primera señal pública y evidente de que eran cercanos se encuentra en Instagram, donde Ayuso le escribió en 2018 el siguiente mensaje: “Antonio, eres el rey. Te queremos”. La ahora presidenta comentaba un reportaje que RNE había hecho en la academia de Algarra porque en esos días había vuelto la filosofía a las aulas y él la impartía. El texto lo ilustraba una fotografía de Algarra y unos cuantos muchachos más, entre los que se encontraba Nicolás Casas, que más tarde sería director de universidades de Ayuso.

Llegó a ese puesto como el resto, propuesto por Algarra. En 2023, cuando la presidenta quiso renovar la banca del PP y su Gobierno, le pidió que le sugiriera nombres de jóvenes listos y con mucha cualificación. Los que le propuso el dramaturgo habían pasado por su academia, que comenzó como un lugar de refuerzo escolar para adolescentes y después incluyó la preparación de los exámenes de los empleados públicos, hasta dar el salto a las artes escénicas. Su alfil mejor colocado en el corazón del Gobierno era Emilio Viciana, el mayor de todos ellos. El consejero, según cuentan desde el entorno de Ayuso, escuchaba a Algarra más que a Ayuso y creen que está incluso detrás de la redacción de la ley para la financiación pública que la presidenta quería sacar adelante en esta legislatura

Viciana no lo consiguió y eso colmó la paciencia de Ayuso y de Miguel Ángel Rodríguez, su principal asesor. Se sumó su poco entendimiento con los rectores de las seis universidades públicas, que este año han vuelto a considerar insuficiente el presupuesto que les concede el Gobierno. Tampoco ayudó que a finales del año pasado se llevase a cabo una huelga en los campus que tuvo un eco considerable. Y, como marejada de fondo, siempre la sensación de que Viciana cogobernaba con Algarra, una anormalidad que la oposición considera inaceptable después de casi dos años de mandato.

Además, a oídos del núcleo duro del Gobierno llegó el rumor de que Algarra había convertido el ballet en su cortijo, hasta el punto de hacerle la vida imposible a su primer director, el reputado Jesús Carmona, bailaor, coreógrafo y director artístico. Según tres fuentes consultadas, la situación era insostenible dentro de la compañía y Carmona dimitió al poco tiempo de que la compañía estrenase su primera obra, en diciembre de 2024. Las críticas contra el primer espectáculo fueron demoledoras. De Paco, de acuerdo con las mismas fuentes, era conocedor de la situación. Algarra, sin ser experto en ballet, controlaba asuntos clave en las obras, como la coreografía o la puesta en escena. Le recibir las entradas en la puerta y acomodar en las sillas a los espectadores, según los que han trabajado con él. Al acabar, a veces pedía al público que se uniera a un rezo colectivo. Era un líder político y espiritual. Su lado artístico lo financiaba la Comunidad de Madrid.

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