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"Los curas son buenos pagadores"

La bodega corellana, integrada en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Navarra, elaboran cada año 800.000 litros de vino, tanto dulces como secos. El vino dulce con destino a las celebraciones religiosas se produce en 33 hectáreas de viñedos propios, ubicadas en fértiles tierras de Corella, a las que se añaden otras diez hectáreas más plantadas este año. El año próximo se le sumarán otras diez hectáreas de la misma variedad de moscatel. La empresa navarra comercializa vinos dulces del año y envejecidos. Además del vino de misa, pone en el mercado las denominaciones Rayo de Sol, Goya, Montecristo Blanco Dulce y Capricho de Goya (Gran Reserva). En cuanto a vinos secos, comercializan las marcas Blanco Montecristo, Rosado Montecristo, Montecristo Tinto de Crianza y Montecristo Reserva. El precio para el vino de misa, envejecido durante un año en centenarias barricas de roble americano con capacidad para diez mil litros, sube actualmente a 450 pesetas la botella de 0,75 centilitros o a 300 pesetas el litro, si se vende a granel. "Los curas son buenos pagadores", aseguran en la bodega. "No se quejan casi nunca del precio, que es muy aceptable para la gran calidad que presenta", añade el enólogo Ladislao Montiel.

Caldos para beber en cálices

Los fieles degustan normalmente apenas un sorbito a la semana, pero las bodegas corellanas de los herederos de Camilo Castilla Alzugaray venden 30.000 litros al año de un vino dulce elaborado al 100% con uva moscatel de grano menudo de 14,5 grados de alcohol que son consumidos en las misas y celebraciones religiosas de toda España y numerosos países extranjeros. De este vino dulce, en cuya ficha de cata está anotado su sabor "dulce, suave y afrutado" ha dicho el confitero tolosarra Joxe Mari Gorrotxategi que "servido frío o al natural, acompaña muy bien a los dulces". Y es que el color amarillo con aroma a frutos secos y frutas maduras del vino dulce natural corellano no sólo ha encandilado secularmente a sacerdotes, frailes y misioneros, que acuden desde 1856 a la localidad navarra para adquirir personalmente, en garrafas o botellas, miles de litros con destino al culto, sino que también es el preferido de muchos ciudadanos que lo demandan para su consumo, entre ellos el pastelero guipuzcoano, que lo emplea para sus conocidas tejas de carnaval. El iniciador de esta producción vitivinícola fue el francés Camilo Castilla, quien, huyendo de la filoxera que azotaba los viñedos del país vecino, se estableció en Corella a mediados del siglo XIX e inició una producción de vino dulce que poco después abastecía cálices de sacerdotes en todo el mundo. Eran años de apogeo para las misiones en América y Asia, años de dominio español de Filipinas, de incesante ir y venir de curas, misioneros, monjas y frailes por todo el planeta, muchos de ellos oriundos del País Vasco y Navarra. "Ahí se inició una demanda que desde hace muchos años está estabilizada", dice Ladislao Montiel, enólogo de la bodega navarra. No obstante, siguen produciéndose nuevos encargos y así este vino dulce llamado a convertirse en la sangre de Cristo se ha incorporado hace poco a las misas del monasterio de El Escorial y de la catedral de Burgos, por ejemplo, y sigue consagrándose en miles de parroquias de toda España, sus principales consumidoras. "Las parroquias se han acostumbrado a este vino, que es suave y no tiene una vejez excesiva", en opinión de Esther Blanco, responsable del laboratorio de las bodegas. Pese a que el consumo actual es esencialmente nacional, destacando las ventas en Euskadi, La Rioja, Aragón y Navarra, muchos religiosos aprovechan sus vacaciones o estancias en sus tierras de origen para acercarse personalmente a Corella a comprar este vino para realizar con él sus celebraciones en los países en que residen. "Como es lógico ya no sale aquel barco mensual cargado de vino de misa que fletaban las bodegas hace muchos años", bromea Montiel, "pero son muchos los sacerdotes que ahora se lo llevan a Alemania, Suiza, Austria, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá, además de los que desde siempre lo llevan a toda América y muchos países asiáticos". "Los sacerdotes y religiosos están encantados con él", indica el responsable de calidad de los caldos de una empresa que emplea a 11 profesionales y cuya propietaria y gerente es la aragonesa Ana Beltrán, quien compró la firma en 1987 a los herederos del fundador. Otras bodegas de Aragón, Levante y Cataluña venden también vino de misa, pero la navarra es una de las de mayor solera, venta y calidad. "Si le digo la verdad", añade Ladislao Montiel, "no sabría decir cuánto se vende en España y que puesto ocupamos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de julio de 1999

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