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'Ribera del Lozoya'

Cervera y Robledillo pretenden recuperar un vino de la sierra desaparecido hace medio siglo

La filoxera acabó a principios de siglo con la mayoría de las viñas españolas, incluidas las de los pequeños pueblos de montaña de Robledillo de la Jara y Cervera de Buitrago. La que era entonces su principal ocupación agrícola desapareció de golpe. Más de 400 hectáreas de viñedos fueron arrancadas. Los alcaldes de ambos municipios han decidido ahora recuperar el cultivo. El regidor de Cervera, Matías Martín, del PSOE, ya ha reservado terreno para volver a plantar miles de viñas. El miércoles, el director general de Agricultura, Adolfo Cazorla, le aconsejó cómo hacerlo. Se barajan varios nombres para este futuro caldo serrano: desde un modesto La Mancha de la Sierra hasta el más pretencioso de Ribera del Lozoya.Todo esto comenzó hace dos años cuando un vecino de Cervera decidió meterse a viticultor aficionado. Con las pocas vides que posee elaboró las primeras veinte botellas que Cervera da en más de cincuenta años. "El resultado", según Matías Martín, "fue espectacular. Un vino muy agradable, de 14 grados. La noticia corrió por el pueblo. La gente pidió que se recuperase la tradición".

Lo primero que ha hecho el Ayuntamiento ha sido reservar 400 hectáreas junto al pantano de El Atazar. El alcalde, entusiasmado, anuncia ya que esta misma semana preparará la tierra para plantar las primeras 500 cepas. Las ha comprado en dos municipios de la Ribera del Duero: las vides para el vino blanco proceden de Rueda, y las del tinto, de Pesquera y Peñafiel.

Adolfo Cazorla, director general de Agricultura, recordó durante su visita a Cervera que el producto que el pueblo pretende elaborar no podrá formar parte del Consejo Regulador de Vinos de Madrid. "La sierra no es una zona tradicional de producción, por lo que los vecinos tendrán que especializarse en vinos con tratamientos ecológicos si quieren recibir alguna subvención", indicó. El alcalde de Cervera le replicó que en su pueblo saben perfectamente cómo cultivar las cepas. "En el Ayuntamiento tenemos unos libros muy antiguos donde se explica todo el proceso. Son tan viejos que hay que abrirlos con mucho cuidado para que no se rompan

El vecino Julio Acebedo, de 73 años, recuerda cómo durante su juventud el pueblo arrancó las últimas cepas enfermas de filoxera. "Pero quedó alguna. Por eso, en los más ocultos lugares del pueblo, siempre crece alguna vid". Mientras, el alcalde ya hace cálculos con las ganancias que producirá el vino. "He oído que los japoneses han comprado la cosecha de diez años en el Duero. La gente que antes iba casi descalza ahora va con Mercedes. Aquí no será tanto, pero algo nos caerá", bromea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de febrero de 1998