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LA BATALLA POR LA IMAGEN

Un zorro en libertad

El cine europeo se enfrenta al 'enemigo americano'El cineasta norteamericano Steven Spielberg, autor de varias de las películas más taquilleras de la historia, comentó en el festival de Venecia que si los europeos necesitan ver el cine que se hace en EE UU, los norteamericanos "necesitamos ver también el cine que hacen los europeos". Era su manera de pedir plena reciprocidad en la apertura de mercados cinematográficos entre Europa y Norteamérica, que es lo que de facto impiden actualmente los gremios estadounidenses que controlan el mercado audiovisual. Las películas procedentes de EE UU en Europa ocupan alrededor del 80% del mercado, mientras en Estados Unidos menos del 2% de los espectadores ve una película europea al año. Las televisiones norteamericanas prácticamente no emiten producciones europeas. La vanguardia de la lucha en defensa del cine y los productos audiovisuales europeos en general la ha asumido Francia, que sostiene la actitud más firme y exigente. La posición de los cineastas españoles también es de alarma y no solo apuntan a una defensa momentánea del sector, sino a una protección que les permita plantar cara a la invasión norteamericana en el futuro. En este contexto es donde se sitúan los debates sobre la aplicación al audiovisual de la llamada "cláusula de excepción cultural" ante las inminentes discusiones de la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Los ministros europeos de Cultura reunidos esta semana en Mons (Bélgica) han considerado "indispensable" asegurar unos "objetivos mínimos, sin limitación en el tiempo, para proteger este sector cultural". Aquí se explica la postura de los principales países productores de cine y el tipo de protección que cada uno de ellos exige.

Para la francesa Sociedad de Realizadores de Films (SRF), cuando Jack Valenti, el todopoderoso presidente de la Motion Picture Association of America (MPAA), se pregunta, con falsa inocencia, "¿para qué sirve toda la reglamentación europea sobre el audiovisual?" y asegura que, "en lo referente al cine y la televisión, el mercado americano está totalmente abierto", en realidad lo que reclama es poder comportarse "como un zorro en libertad en un gallinero libre". El guionista Jean-Claude Carrière ha defendido el mismo punto de vista de otra manera: "Cuando el señor Valenti habla de libre competencia sugiere que los EE UU y Nigeria están en condiciones de rivalizar".El ministro de Cultura francés, Jacques Toubon, lo expone más o menos paródicamente: "Me dice que la cultura viva del intercambio y de la mezcla, y no del ensimismamiento, es la propia identidad. Estoy de acuerdo, pero para que exista intercambio es preciso un mínimo de equilibrio y de reciprocidad".

Ya se ve. No sólo los campesinos se sienten perjudicados por el GATT. La cultura enfrenta también a la CE y EE UU. Los estadounidenses rechazan la cláusula de "excepción cultural" solicitada por los europeos y recusan su concepción de derecho de autor, a la que contraponen su noción de copyright. La querella semántica se explica a través de la Convención de Berna, firmada por EE UU, excepción hecha de su artículo 6 bis, que precisamente habla del derecho moral. En Europa, productores y cineastas, editores y escritores deben obrar de común acuerdo, mientras que en EE UU el autor, cuando vende su trabajo, pierde cualquier derecho sobre él.

Producción autóctona

Francia, con su 1% del presupuesto del Estado dedicado a Cultura, con sus canales de televisión con éxitos de audiencia a base de producciones propias, con una industria editorial que sigue poniendo en venta más de 300 millones de libros cada año y con un mercado cinematográfico que, entre un 35% y un 40%, sigue siendo fiel a la producción autóctona -Les visiteurs ha superado ya los 11 millones de espectadores, cifra que quizá no alcance Jurassic Park-, es el país más combativo ante un GATT cultural.

En 1991 y 1992 los beneficios aportados por la industria cinematográfica a la balanza de pagos de EE UU han oscilado entre los 3.500 y los 4.000 millones de dólares, cifra que se duplica si le sumamos las cantidades obtenidas de la exportación de programas de televisión o la venta de vídeos. Daniel Toscan du Plantier, productor francés, explica así el desequilibrio del intercambio de imágenes entre Europa y EE UU: "Sólo el 2% de los espectadores americanos ven algún filme extranjero al año. Y, de ese 2%, la mitad es para el cine francés. Pero no se trata de que el 98% restante de la población rechace nuestras películas, sino que nadie se las propone. Desde hace varios años ninguno de los grandes canales de televisión norteamericanos ha emitido una sola cinta extranjera. El público no rechaza algo que desconoce".

En Francia, el cine de EE UU se lleva un 58% de las recaudaciones y en el conjunto de la CE alrededor del 74%, pero los proteccionistas, según Valenti, son los europeos. Ese mismo Jack Valenti -antiguo piloto de caza, magnate del petróleo, de la publicidad, ex consejero de Lyndon B. Johnson, ex novelista y presidente de la MPAA hasta 1996ha calificado de "virus" el "derecho moral del autor" y sostiene que "a los norteamericanos no les gustan las películas dobladas ni las subtituladas".

Jean-Claude Carrière, después de recordar que el audiovisual "ocupa el segundo lugar, después de la aeronáutica, en la lista de exportaciones americanas", quiere dejar constancia de que Francia permite hacer cine, hoy, "a Kurosawa, Kanievski, Fellini, Almodóvar, Yi Mu, Angelopoulos y muchos otros", que "defendiendo sus miradas, defendemos la nuestra" y que Ios productos americanos que llegan a Europa ya han sido amortizados en su mercado interior, lo cual les permite ofrecerlos a la venta con cifras irrisorias".

Y para acabar, una cifra: los economistas prevén que la firma del GATT significará 213.000 millones de dólares suplementarios a repartirse entre los países firmantes. Teniendo en cuenta que los ciudadanos de, la CE pasan 5.000 millones de horas al año mirando películas de Estados Unidos, mientras que en Norteamerica sólo dedican 180 millones de horas para mirar lo que nosotros rodamos, no es extraño que el audiovisual estadounidense suponga para EE UU exportaciones anuales que superan los 100.000 millones de dólares. De ahí la importancia de la batalla y que hayan recurrido a un ex piloto para dirigir el bombardeo de imágenes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de octubre de 1993

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