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Editores y libreros vascos crean el concurso 'Cuentos incombustibles' con la venta del 'libro quemado'

El colectivo de editores y libreros que el año pasado patrocinó una edición paralela de los cuentos seleccionados en el certamen literario organizado por el Ayuntamiento de Bilbao -y cuya primera edición ordenó quemar el alcalde, por considerar obscena la obra premiada en la sección de lengua castellana- ha convocado un concurso que se financiará con los fondos obtenidos de la venta de los 5.000 ejemplares de dicha edición paralela.

Cuentos incombustibles fue el título genérico que libreros y editores dieron al volumen aparecido durante las fiestas de Bilbao en agosto pasado, y ese mismo será el nombre que en adelante adoptará el concurso. La renuncia por parte de los patrocinadores a su margen comercial permitió, pese a que el libro se vendió prácticamente a precio de coste, obtener unos beneficios de 280.000 pesetas. En base a esos fondos se instituyen dos premios, uno para obras escritas en lengua vasca y otro para obras en castellano, dotado cada uno de ellos con 75.000 pesetas. El proyecto es volver a editar una selección de los cuentos participantes, intentando así, mediante los beneficios obtenidos, dar continuidad al cartamen en años sucesivos.Tras descubrirse el escándalo de la condena a la hoguera de la edición que había prologado el propio alcalde, los concejales nacionalistas intentaron justificar después tal decisión introduciendo en la convocatoria de la edición del año siguiente una mención al carácter infantil del certamen. Unida esta mención a la denominación "segundo concurso del Ayuntamiento de Bilbao", tenían sus promotores la esperanza de otorgar así, retrospectivamente, tal carácter a la edición anterior, de la que la de 1981 no sería sino continuadora. Y ello porque el principal argumento utilizado para justificar la quema había sido que el libro "no era apto para repartir entre los niños de las escuelas".

Curarse en salud

Además, y en un intento de curarse en salud por lo que pudiera ocurrir, las nuevas bases propuestas por el PNV introducían otra modificación, en el sentido de reservarse el derecho de rechazar los cuentos presentados que se considerasen "no válidos para todos los ciudadanos". Por su parte, el concejal centrista José María de Domingo, en un pleno dedicado al tema, explicaba el escándalo por el error de haber designado "un jurado con el que ni ética, ni moral, ni estéticamente podemos estar de acuerdo". En parecidos términos se explicaría José Luis Irisarri, coordinador de la política municipal del PNV.En esas condiciones, ningún escritor de prestigio se prestó a aceptar formar parte del jurado de esa segunda edición, y la participación se redujo, de los 180 cuentos presentados en 1980, a los 97 que concursaron en 1981. El jurado estuvo compuesto en 1980 por los escritores Ramiro Pinilla, Luis Castresana y Gregorio San Juan. El del año siguiente lo formaron Ricardo de Angel, Aránzazu Amézaga y el concejal nacionalista José Olaetxea.

El 19 de febrero último, en el acto de entrega de los premios correspondiente a 1981, el alcalde, Jon Castanares, tras asegurar que "no se quemó ningún cuento, sino su reproducción en un libro", agradeció su participación a los miembros del jurado y concursantes, de los que dijo: "Con gentes de ese talante sí que se puede hacer cultura, con letras mayúsculas". Por su parte, el ganador de la sección de lengua castellana, que dijo ser militante de izquierda suramericano exiliado, expresó su "profundo respeto y cariño a este Ayuntamiento, que está rescatando la cultura y apoyando actividades que tiempo atrás eran premiadas con las cárceles y el exilio".

Por su parte, Juan Jesús Fernández de Retana, autor del cuento Epitafio del desalmado Alcestes Pelayo, obra que provocó el recurso a la hoguera por "sus expresiones soeces", y cuyo talento literario fue reiteradamente puesto en cuestión por quienes apoyaron la decisión del alcalde, acaba de ganar el Premio Navarra de novela corta, dotado con 250.000 pesetas, y que convoca cada año la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona. Hace unos meses quedó finalista del Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de marzo de 1982