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Los norteamericanos Daniel Nathans y Hamilton Smith y el suizo Werner Arber, premios Nobel de Medicina

Dos científicos norteamericanos, los doctores Daniel Nathans y Hamilton Smith, y el suizo Werner Arber han sido galardonados con el Premio Nobel de Medicina de 1978. La cantidad asignada al citado premio, unos doce millones de pesetas, viene a refrendar un apasionante campo de la investigación actual en biología molecular, que acerca más a la Humanidad hacia la futura ingeniería genética. Las enzimas de restricción, campo en el que han trabajado los premiados, pueden ser consideradas unos verdaderos cuchillos para la manipulación genética. En efecto, su acción sobre los genes, dirigida por la inteligencia humana, hace crecer las posibilidades de eliminar defectos o enfermedades genéticas o diseñar seres humanos con características determinadas. Informan Juan González Yuste, desde Washington; Alfonso García Pérez y Alberto Souto.

Dos científicos norteamericanos y uno suizo fueron galardonados ayer con el premio Nobel de Medicina de 1978, por sus descubrimientos en el campo de la genética, que pueden ser de gran ayuda en el tratamiento del cáncer y la diagnosis de los defectos congénitos, además de ser de importancia crucial para el proceso de creación de los llamados niños-probeta.El Instituto Carolina, de Suecia, encargado de la concesión de este premio Nobel, que está dotado este año con casi 165.000 dólares (más de doce millones de pesetas) anunció ayer que había sido otorgado a los investigadores norteamericanos Daniel Nathans y Hamilton Smith, y al científico suizo Werner Arber.

Nathans y Smith trabajan en la Universidad John Hopkins, en Baltimore (Maryland), muy cerca de Washington. Los dos científicos han clesarrollado descubrimientos efectuados por el suizo Arber, en el campo de las enzimas de restricción ,y su aplicación a la genética molecular.

Estas enzimas se utilizan como cuchilos químicos para cortar los cromosomas en el núcleo de las células y separar los genes donde se contienen los mensajes hereditarios. La llamada ingeniería genética, que se ha desarrollado enormemente en los últimos años, está teniendo una de sus primeras aplicaciones médicas en la diagnosis precoz de los defectos congénitos. Es asimismo de importancia fundamental para la fertilización de óvulos en un laboratorio, y se cree que puede ser de gran ayuda en el futuro para la prevención y el tratamiento del cáncer.

Daniel Nathans, de cincuenta años, es director del departamento de microbiología de la facultad de Medlicina de la Universidad John Hopkins. Casado y padre de tres hijos, Nathans trabajó también para la Sociedad Norteamericana de Lucha contra el Cáncer y en el departamento de genética del Instituto Weiamann, en Israel.

Hamilton Smith, de 47 años, trabaja en la misma facultad de la Universidad John Hopkins, y hace tres años pasó un curso académico en el departamento de biología molecular de Zurich. Está casado y es padre de cinco hijos.

Doce horas diarias de trabajo

«Estoy absolutamente encantado», dijo Daniel Nathans a los periodistas poco después de conocer la decisión del Instituto Carolina. «Me alegro mucho de compartir este premio Nobel con mi colega Hamilton Smith y, por supuesto, con el doctor Arber, quien nos proporcionó la base para nuestros estudios.»

Nathans, que según sus colaboradores trabaja entre diez y doce horas diarias, se excusó rápidamente de hacer más declaraciones, porque, dijo, «tengo que darme prisa. Debo ir a mi laboratorio».

La esposa de Hamilton Smith, Elizabeth, dijo que su marido quedó muy emocionado al saber que había ganado el premio Nobel de Medicina, y que «tuvo que sentarse». La señora Smith definió a su esposo como «un hombre muy modesto», y,dijo que, como todas las mañanas del curso académico, Hamilton Smith acudió ayer a dar sus clases. «Uno no puede dormirse en los laureles», explicó.

Los dos científicos galardonados con esta edición del Nobel de Medicina (que el año pasado fue concedido a tres investigadores norteamericanos) coincidieron en declararque no sospechaban que pudieran ganar el premio.

En Estocolmo, el profesor Peter Reichar, del Instituto Carolina, dijo que los descubrimientos de los tres científicos en el área de las enzimas de restricción, han abierto un nuevo camino en la ciencia genética. «Se trata de una nueva era, una tercera época, después de que Mendel descubriera los genes, y Avery, Watson y Crick descubrieran la estructura del DNA (ácido desoxirribonucleico).»

Las enzimas de restricción, descubiertas por Arber, y aplicadas a la genética por Nathans y Smith, parecen esenciales a la hora de investigar por qué causas una célula normal se convierte en cancerosa. Asimismo, mediante estas enzimas se puede detectar la salud de un óvulo antes de fecundarlo artificialmente y volver a implantarlo en el útero. Además, las enzimas de restricción se consideran de la mayor importancia para las investigaciones que pretenden descifrar el código de la vida y para la diagnosis precoz de los defectos de nacimiento.

Fuentes científicas autorizada se apresuraron a explicar ayer que los beneficios de estas investigaciones en la lucha contra el cáncer no se plasmarán en algo inmediato, sino que se trata de avances que se realizan en un largo proceso. Con este método de investigación, en el que las citadas enzimas se utilizan como herramientas se podrá llegar a conocer por qué las células se convierten en cancerosas y si existe o no virus en el origen del proceso, lo que es de capital importancia a la hora de buscar un tratamiento eficaz contra e cáncer.

Profesor en Basilea

En cuanto al investigador suizo Werner Arber, tiene 49 años y trabaja en la Universidad de Basilea, Suiza. El doctor Arber realizó investigaciones anteriormente en California, en las universidades de erkeley y Southern. Arber, que es catedrático de microbiología, tra baja en el Biozentrum, un centro de investigación financiado por el Es tado suizo y por las grandes com pañías farmacéuticas.

El profesor Arber nació en 1929 en Graenichen (Aargau), Suiza. Cursó estudios de ciencias naturales en la Eidgenoessischen Technischen Hochschule, de Zurich, donde se diplomó en 1953. Está casado y es padre de dos hijos.

En la secretaría del centro biológico de la Universidad de Basilea, donde es profesor de microbiología desde 1971, se ha dicho que sencillamente no tienen medio de ponerse en contacto con él para decirle que le han concedido el premio Nobel de Medicina. «Salió con su familia para unas vacaciones por cualquier parte de los Alpes suizos. No dejó dirección y, senci llamente, no podemos encontrarlo», dijo a los periodistas el ayudante del profesor Arber, Fritz Zoller, agregando «pueden imaginar se ustedes que en la Universidad estamos enormemente contentos. Me gustaría que izáramos una bandera».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de octubre de 1978