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Centenario de Cambó, un prototipo del catalanismo

Trayectoria vital y política de Francisco Cambó

Se acaba de cumplir el primer centenario del nacimiento de Francisco Cambó Batllé (Vergues, Gerona, 1876-Buenos Aires, 1947) una de las más importantes figuras políticas catalanas de nuestro siglo. En plena juventud se adscribió al Movimiento de Solidaridad Catalans, en el que colaboró con Prat de la Riba. Orador de relieve en el Parlamento por su fuerza dialéctica, encabezó la agitación política que condujo a la Asamblea de Parlamentarios. Fue ministro de Fomento en el Gobierno Nacional (1918) y de Hacienda (1921) con Maura. El golpe de Estado de Primo de Rivera le alejó de la política activa, consagrándose al estudio de problemas económicos y políticos. Apoyó a los Gobiernos Berenguer y Aznar. Entre sus obras figuran Visiones de Oriente, En torno al fascismo italiano, Las dictaduras y Per la concordia. Coleccionista de obras de arte, legadas a museos de Barcelona y Madrid, fundó diversas instituciones de Cultura. Josep Andreu i Abelló, Josep María Figueras. Maurici Serrahíma y Bernardo Villarrazo, tratan diversos aspectos de la personalidad política de Francisco Cambó.

Se celebró el 2 de septiembre el centenario de esta gran figura política de Cataluña. A él se debe, como dice justamente Andreu i Abelló, la organización de una derecha típicamente catalana, civilizada, culta y armoniosa. Estoy seguro de que Eugenio D'Ors (Xenius) hubiese dicho de él que fue el más bien plantado político nacionalista de Cataluña, Burgués de gran cultura, elegante y refinado, espíritu frío y calculador, de una lógica implacable y cruel, eficaz y dinámico hombre de negocios, economista y estadista de realizaciones prácticas, carácter apasionado y a la vez equilibrado, alma medida y acompasada. Este mediterráneo fue el hombre y el político representativo de la dramática contradicción burguesa de Cataluña. Primer país que, por la industrialización, la burguesía accedió a una hegemonía precaria, Cambó aspiró a fortalecer sus conquistas mediante concesiones tácticas. Alcalá Zamora le llamó el Bolívar de Cataluña, elogio desmesurado, pero que quizás expresaba sus secretas ambiciones irrealizables. Fue el líder de un movimiento nacionalista catalán de esencia revolucionaria al que traicionó para salvaguardar los intereses de su clase burguesa. Como dice exactamente el historiador catalán Josep Benet pretendió, servir a dos señores, el dinero y el país. Fue el siervo de dos patronos irreconciliables. Y esto acentuó sus antinomias políticas. La política que siguió Cambó significó una gran frustración de la burguesía catalana, al mismo tiempo que formulaba las tesis de su renacimiento nacional. Sin duda alguna fue el anunciador de una esperanza que él mismo no supo llevar a una plena realización política. A través de su Prolífica, vasta y rica existencia podremos comprobarlas sinuosidades a veces desconcertantes de su política.

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Burguesía catalana

Cambó nació en Vergues (Gerona) en 1876. Se licenció en Filosofía y Letras y Derecho por la Universidad de Barcelona. Ingresó en el centro escolar catalán y participo en las reuniones de la Liga de Catalunya, donde entabló amistad con Prat de la Riba. Como pasante en el bufete de Narciso Verdaguer entró en contacto con la alta burguesía catalana cuyos intereses defendió siempre con ardor e inteligencia. En abril de 1900 aparece como un joven revolucionario que organiza una espectacular manifestación callejera contra Dato, entonces ministro de la Gobernación. Con Prat de la Riba y Durán y Ventosa dirigió la primera comisión política de la Liga Regionalista. Participó activamente en la constitución de Solidaridad Catalana. Su primera gran obra efectiva fue la lucha por la ley de mancomunidades, y después de ásperas discusiones logró que fuese aprobada por el Gobierno de Madrid. Como diputado a Cortes por Barcelona defendió los intereses de la burguesía catalana, consiguiendo elevar las tarifas aduaneras que protegieron el desarrollo industrial catalán. Propugnó un Gobierno Nacional en 1917 y organizó la Asamblea de Parlamentarios. El Gobierno Dato se acababa de constituir, las Juntas Militares imponían su voluntad, Pablo Iglesias llamaba a la unión de las izquierdas, las huelgas se sucedían en todo el territorio nacional. Por último, el Gobierno se había negado a la apertura de las Cortes para discutir la grave situación nacional. Mediante la convocatoria de una asamblea de parlamentarios en Barcelona, Cambó trataba de ejercer presión para lograr el acceso al poder de representantes de la burguesía catalana. La asamblea terminó en una tragicomedia de compromiso. Cambó y la Liga temieron la participación popular que desbordase las meras intenciones negociadoras de la burguesía catalana con el Rey.

Estadista

Después de la huelga general de agosto de 1917, entró a formar parte con Ventosa en un Gobierno de coalición y en 1918 apareció como ministro de Fomento del Gobierno Maura. En este Ministerio demostró sus grandes condiciones de estadista. Dice el historiador socialista Ramos Oliveira, no sospechoso de simpatías con su política: «Dióse Cambó con entusiasmo al estudio de los grandes problemas económicos. Trazó un ambicioso plan de obras públicas, visitó las zonas mineras, propuso la nacionalización de los grandes servicios públicos. Había entrado en el Gobierno una fuerza nueva, progresiva y despierta». Hubiese podido ser un gran gobernante del Estado español, pero al oponerse la oligarquía tradicional a sus proyectos, dimitió inmediatamente. Fue su hora dorada y brillante. En 1921 cuando se recrudece la lucha obrera en Cataluña, Cambó se solidarizó con la política regresiva del general Martínez Anido y declaró que era aplaudida por la mayoría de Barcelona.

Luego, formó parte del Gobierno Nacional de Maura (agosto 1921-marzo 1922) como ministro de Hacienda y pactó con la oligarquía tradicional un compromiso histórico. Desde ese momento, Cambó selló la alianza definitiva de la burguesía catalana con los intereses básicos de un poder central. Como consecuencia de esta actitud, el pueblo de Barcelona no lo volvió a elegir diputado en 1923 y se marchó de Cataluña. Luego colaboró con Primo de Rivera en vísperas del golpe de Estado a cambio de una hipotética participación de la Lliga en el poder y de la concesión de una limitada autonomía catalana. Cuando vino la República, la aceptó, fue diputado en Cortes por Barcelona, defendió el Estatuto de Cataluña, pese a ser presentado por la Esquerra. En febrero de 1936 fue ampliamente derrotado por las Izquierdas. Durante la guerra civil, apoyó económica y financieramente al general Franco. Murió completamente apartado de la política en Argentina, en 1947. Tal es la trayectoria vital y política de este gran profeta fracasado del nacionalismo catalán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de septiembre de 1976