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Las ferias de arte, un arma de doble filo para las galerías

Los altos costes, las escasas ayudas y el IVA que en España graba las ventas convierten estas citas ineludibles para el negocio en una apuesta arriesgada

Un estand de la feria madrileña Arco, en el año 2024.SOPA Images (SOPA Images/LightRocket via Gett)

Hace tiempo que las ferias se han convertido en eventos esenciales en el mercado del arte. Escasos son los profesionales que no están en las grandes citas internacionales. Basilea, Frieze, Armory Show, FIAC, Zona Maco o Arco, que comienza en Madrid este miércoles, son algunas de las ferias que nadie quiere perderse. Es sobre estos escenarios donde los marchantes hacen la mayor parte de los negocios anuales. Según el informe 2025 de Art Basel, supone de promedio mínimo el 31% de sus ingresos. Pero hay quienes hablan de cifras mucho más altas, como Rocío Santa Cruz, directora de la galería homónima de Barcelona; la también directora de Arts Libris eleva a un 60% la facturación durante las ferias a las que asiste, y cree que su caso no es excepcional.

Sea como sea, está claro que los galeristas hacen lo imposible para acercarse a los coleccionistas de todo el mundo y tratar de esquivar esas crisis que no acaban de despejar su horizonte. Desde que en 1967 abrió sus puertas la feria de Colonia, considerada la más antigua, el negocio ha experimentado una transformación radical. De la relativa tranquilidad que suponía exponer y vender la mayor parte de la obra en la propia galería, se ha dado un salto en el que quedan pocos huecos sin marcar en el calendario de este tipo de citas a las que viajar.

Ese salto se acrecentó después de la crisis financiera que se desató en 2007 y que supuso el cierre de muchos negocios. La posterior crisis del coronavirus, que no hizo más que empeorar la situación económica mundial, atacó con saña mercados tan frágiles como el del arte contemporáneo. Quienes pudieron sobrevivir tuvieron claro que para continuar había que reinventarse y sacar todo el músculo posible. Vieron que las ferias podían ser la mejor oportunidad de recuperación económica, tanto para los galeristas como para sus artistas.

Art Basel Miami Beach

Otros, sin embargo, decidieron guardar las maletas. Es el caso del bilbaíno Michel Mejuto, quien optó por organizar exposiciones a partir de su sólido catálogo de artistas consagrados. Entiende que cuando se trabaja con creadores emergentes o no demasiado conocidos, el galerista tiene la obligación moral de darles a conocer en el mayor número de lugares posible y, como otros colegas, Mejuto reconoce que todos ellos se juegan mucho económicamente, porque las ferias son un arma de doble filo.

Luces y sombras

Miguel Marcos, director de la galería barcelonesa que lleva su nombre, guarda una larga experiencia de participación en ferias internacionales (Art Basel, Art Cologne, Fiac, Art Chicago y Arco desde sus comienzos). “Las ferias no son solo un canal de venta, son el sistema nervioso del mercado. Y eso tiene luces y sombras. Por un lado, concentran una parte muy importante de la facturación anual de muchas galerías y, por otro lado, esa dependencia ha generado una cierta paradoja: el calendario ferial se ha inflado hasta el punto de que muchas galerías trabajan más para pagar ferias que para construir proyectos expositivos sólidos”. Sostiene que un calendario desbordado marca un ritmo competitivo que no todos pueden sostener. “Han sido beneficiosas para el mercado en términos de visibilidad y volumen de negocio, pero también han desplazado el centro de gravedad. Antes la galería era el espacio principal de construcción de carrera y relato; hoy muchas decisiones estratégicas se toman pensando en la feria, no en la exposición”, cuenta.

Las ferias no son solo un instrumento de venta, añade Marcos, son un activo estratégico de posicionamiento. “Estar o no estar en determinadas ferias define tu lugar en el ecosistema. Pero también es una carrera exigente, y no todas las galerías pueden sostenerla. Para las galerías más pequeñas o emergentes, el esfuerzo económico es enorme y el riesgo mucho mayor. Una mala edición puede afectar seriamente su estabilidad”.

Gastos astronómicos y ayudas “decorativas”

Es difícil cuantificar la inversión que cada profesional en España destina a estos eventos. Depende del lugar donde se celebre, los seguros y el tipo de obra, apuntan. Y también son distintas las ayudas que reciben, porque cada Comunidad Autónoma tiene un criterio y las del Ministerio de Cultura son calificadas como variables.

Alberto de Juan, responsable de Max Estrella (Madrid), no contempla la opción de no viajar a ferias. Las últimas en las que ha estado han sido Armory Show Nueva York, Miami Basel, Basel Hong Kong, Zona Maco México y ArcoLisboa y ahora Madrid. ”Desde hace ya mucho tiempo las galerías de arte nos hemos convertido en propuestas globales y la única manera de serlo es tener presencia en muchos países. Atrás quedó la idea de pretender que te va a visitar todo el mundo en tu local. Hasta las galerías de Nueva York, que es el mercado más importante que existe, organizan ferias de arte”.

Respecto a la inversión, explica De Juan que los gastos son astronómicos y las ayudas hasta 2024 “decorativas”, ya que suponían entre un 1% y un 3% de lo que se invierte en acudir a ellas. “Afortunadamente, en 2025 hemos recibido por primera vez en 32 años de historia de esta galería una ayuda significativa”, aunque no especifique la cuantía.

Pero estos apoyos no arreglan el problema que amarga la vida a los galeristas españoles: un IVA del 21%. “Sinceramente, no veo la manera de sobrevivir sin hacer ferias”, afirma el galerista. “El mercado local está devastado con el absoluto desprecio por parte de las autoridades por rescatarlo. Soportamos un IVA ridículamente disparado comparado con el de nuestros vecinos, como Francia, Alemania, Reino Unido, Italia o Portugal. Si el Ministerio de Hacienda quiere que no haya arte en España y que los artistas españoles se mueran de hambre, está haciendo un trabajo magnífico”, ironiza.

Mayte y Pilar Castellano, de la madrileña Formato Cómodo, llevan años participando en ferias internacionales. Opinan que la difusión es importante y que hay que mostrar al mundo la obra de los artistas conectándola con curadores y coleccionistas. De lo que se quejan ambas es de la desigualdad que hay en el reparto de ayudas. En su caso, cuentan que ya no perciben nada de la Comunidad de Madrid y que el Ministerio reparte unas cantidades muy dispares.

La fotografía y sus dificultades

Rocío Santa Cruz, al frente de la galería homónima especializada en fotografía y archivos fotográficos, explica que su presencia en ferias es obligada porque, desgraciadamente, “el número de artistas españoles que funcionan en el mercado y en el mundo del arte internacional es muy escaso, por lo que la presencia en las ferias internacionales es vital para darlos a conocer”. Remarca que, aunque no siempre se producen ventas, muchas veces gracias a la presencia de los artistas en los estands una institución internacional puede incluirlo en una exposición o bienal.

Sobre los gastos, Santa Cruz precisa que varían en función de los metros del espacio expositor. Como promedio, en Arco Madrid o en Paris Photo invierten unos 50.000 euros. Reciben ayuda de la Generalitat (el 15% del gasto que supone participar en Arco Madrid, Paris Photo y Art Paris), y del Ministerio de Cultura, que varía cada año: oscila desde 4.000 euros —para todas la ferias del año— a los 30.000 euros que recibieron en 2025, cantidad excepcional que no saben si se va a repetir en 2026. Santa Cruz concluye reclamando la rebaja del IVA para poder estar en las mismas condiciones que las galerías europeas: “Es imposible estar vendiendo en París con un IVA del 21% cuando en Francia está al 4,5%. Y es igualmente imposible que en ARCO estemos compitiendo con IVAS europeos por debajo del 10%”.

Vínculos especiales

Guillermo Carreras, director artístico de CarrerasMugica, de Bilbao, opina que pese a los gastos y las dificultades, la mayor parte de los galeristas tiene claro que no hay marcha atrás, que su vinculación a las ferias es incuestionable. “Son necesarias en un momento en el que tienes la capacidad de conectar con mucha gente, así como dar a conocer a tus artistas y, por ende, presentar de una manera ya sea nacional o internacional tu programa”.

Respecto a los costes, reconoce: “Sí, son efectivamente altos. Participar en una feria siempre entraña un riesgo que los galeristas debemos correr. Una de las cuestiones principales en una feria es conectar a los artistas con los coleccionistas y que de ahí nazca una relación. No siempre se va a concretar una venta, pero al menos ya se ha creado una vinculación que con el tiempo quién sabe a dónde llegará”.

Nueva cita: Art Cologne Palma

Fran Reus, galerista y presidente de Art Palma Contemporani, es uno de los promotores principales de la feria internacional Art Cologne/Palma Mallorca que se celebrará entre el 9 y 12 de abril en el Palacio de Congresos. Cuenta Reus que la iniciativa surge de una reflexión compartida sobre el momento que atraviesa el mercado del arte y, especialmente, sobre el enorme potencial de Mallorca y Palma como enclaves culturales.

“Tras años de participación en ferias nacionales e internacionales, las galerías de la asociación Art Palma Contemporani detectamos que existía espacio para un formato más cuidado, selectivo y centrado en la calidad por encima de la cantidad. La intención no es competir en volumen con las grandes citas del calendario internacional, sino proponer una experiencia distinta: más cercana, más especializada y en diálogo directo con el contexto mediterráneo y el sólido ecosistema cultural de Baleares”, explica el galerista.

Participarán en esta nueva feria unas 89 galerías de 20 países y más de 200 artistas. “Hemos prestado especial atención a galerías que ya han participado tanto en Art Cologne como en eventos de Art Palma Contemporani, porque queríamos generar un puente entre ambos. No se trata de hacer una feria alemana en Palma ni una feria española con sello internacional”, matiza Reus, “sino de construir un proyecto verdaderamente híbrido, con identidad propia, donde dialoguen escenas distintas bajo un mismo estándar de excelencia”. La voluntad queda clara: “Crear una plataforma sólida, con vocación de continuidad y crecimiento sostenible, donde prime la calidad y la coherencia del conjunto”.

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