Nobel de Literatura
Columna
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Ernaux, la escritora valiente

La ganadora del Premio Nobel tiene dos cualidades imprescindibles: pasión e inteligencia

La escritora francesa Annie Ernaux, en la presentación del Festival Internacional del Libro, en Edimburgo (Reino Unido) en 2019. Foto: ROBERTO RICCIUTI (GETTY IMAGES) | Vídeo: EPV

Ha ganado el Nobel una mujer, una mujer que no escribe novelas (y que, según mi opinión, con sus libros certifica en cierto modo, una vez más, pero esta vez quizá de verdad, el final de la novela como instrumento principal para llegar a la verdad), una mujer que combina las dos cualidades imprescindibles que se dan en los grandes escritores: pasión e inteligencia.

No sé cómo llegué a Ernaux, solo sé que un día, de pronto, estaba leyendo un libro, Pura pasión, en el que se relataba por primera vez de forma totalmente revolucionaria la historia de una pasión sexual. No era ordinario ni soez, no se regocijaba en los detalles escabrosos, no se justificaba, no hablaba de amor, era de una dureza, de una honestidad y de una parquedad que yo no había encontrado antes en ningún otro libro. Debe ser muy difícil ser tan inteligente como Ernaux y no convertirse en una exhibicionista, deber ser muy difícil ser tan lúcida y abstenerse de dar ningún tipo de lección, debe ser muy difícil tener el milagroso don que tiene Ernaux para juntar frases y palabras y no extenderse, ser siempre breve y precisa, exacta, bellísima.

También había otra cosa: Ernaux hablaba de sexo, de su sexo, de sus relaciones sexuales. A Ernaux (una de las mentes privilegiadas del siglo) no le daba vergüenza mostrar su pasión por la pasión, no lo mezclaba con política (aunque es una autora a la que la política le interesa muchísimo), ni con moralidad, ni con feminismo, no intentaba blanquearlo. Ernaux follaba. La mujer más inteligente del siglo follaba. Nadie ha escrito de sexo, de deseo y de pasión mejor que Ernaux, tal vez Philip Roth esté a su altura. Hay que ser muy valiente para no esconderse tras la propia inteligencia, tras el propio talento, en Ernaux la desnudez es total y, sin embargo, no hay el menor exhibicionismo, ni la menor autocomplacencia. Ernaux tiene siempre un cuchillo en las manos. Y se lo clava. La gran literatura no es otra cosa.

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