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Crítica | The Innocents
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘The Innocents’: despiadada aproximación a la crueldad de los niños

La película no tendría particular interés cinematográfico si no fuera por el talento del noruego Skil Vogt (’Blind’) para la construcción de imágenes perturbadoras

Rakel Lenora Fløttum y Sam Ashraf, en 'The Innocents'.
Javier Ocaña

Un niño y una niña asolados por la guerra y la destrucción juegan tumbados en el suelo con una cucaracha que se cuela entre sus vidas. El crío levanta una afilada pluma de escribir, apunta, y la atraviesa con saña. La cría protesta y clama entre sollozos: “¡No hay que matarlos! ¡No hay que matarlos!”. Pero el crío, seguro de sí mismo, con calma y espontaneidad, lanza una contrarréplica terrible: “Para enterrarlos tienen que estar muertos”.

La secuencia, parte de Juegos prohibidos (1952), de René Clément, una de las más espeluznantes radiografías de la infancia, de sus impulsos, de su falta de certezas y de su desolación, es casi un inocente entretenimiento infantil en comparación con The Innocents, película de Skil Vogt presentada en la sección Una cierta mirada del festival de Cannes. Seguramente la obra más despiadada que se haya visto sobre la crueldad infantil. A la que podríamos calificar como exploración de su universo si en realidad se atreviera a explorar algo, y no a ser un mero catálogo de atrocidades.

En el principio estaba la envidia. Hasta ahí, bien. Una cría de apariencia angelical de unos 6 o 7 años parece resentida por el especial cuidado de sus padres hacia su hermana mayor, con una enfermedad que desde el inicio del relato no se sabe bien si es una parálisis cerebral o un caso de autismo severo. Reclama atención con constancia y, cuando no la encuentra, acelera sus desmanes, comenzando por los pellizcos salvajes y continuando con la introducción de cristales en los zapatos de su hermana. Pero en ella, al menos, hay unos razonamientos. Atroces, pero razonamientos al fin.

Porque la cría, después de una mudanza familiar, va a encontrar con sobrenatural eficacia a unos nuevos amigos, todos ellos con poderes, que van desde la telequinesis a la conversación mental sin necesidad de pronunciar alguna, y alguno aún más desalmado que ella para la destrucción de lo que les molesta. The Innocents no tendría particular interés cinematográfico si no fuera por el talento de Vogt para la construcción de imágenes perturbadoras. El noruego, coguionista habitual de Joachim Trier en obras tan formidables como Oslo, 31 de agosto y La peor persona del mundo, además de director de Blind, fascinante experiencia sensorial alrededor de la ceguera, con extraordinarios juegos de sonido, de puesta en escena y de narrativa elíptica, sabe cómo crear desasosiego cinematográfico con las fechorías de los chavales.

El problema es que, en un relato en el que los padres parecen meras comparsas, y a los que tampoco se puede acusar de provocar los comportamientos de los pequeños, las sugerencias de Vogt parecen meros caprichos basados en la provocación. No hay reflexión social, cultural ni psicológica. Solo niños muy pequeños machacando cabezas de gatos, provocando con la mente fracturas abiertas de tibia, y acuchillando madres (buenas) simplemente porque sí. Y poco tiene que ver la película de Vogt con otras aproximaciones a la iniquidad y a la venganza infantiles en torno al cine de terror, de Carrie a Suspense pasando por El pueblo de los malditos, ¿Quién puede matar a un niño? o El otro. En buena parte de ellos, junto al ejercicio del cine de género, había cavilación y hasta delicadeza. Y en los que no, sobre todo en la película de Chicho Ibáñez Serrador, se imponía la distancia a causa de la ausencia de matices en los críos, casi meros robots (o zombis).

El trabajo de Vogt con la interpretación de los niños es fantástico. Y, desde luego, la capacidad del director para componer imágenes crudas es innegable. Pero lo que nos quiere decir con todo ello es mucho más difuso. Inclusive que el más ominoso de los personajes, y el único sin redención, sea el chico de tez oscura hijo de la inmigración en la muy rubia y blanca Noruega.

THE INNOCENTS

Dirección: Skil Vogt.

Intérpretes: Rakel Lenora Flottum. Ellen Dorrit Petersen, Sam Ashraf, Alva Brynsmo.

Género: drama. Noruega, 2021.

Duración: 117 minutos.

Estreno: 30 de septiembre.

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Sobre la firma

Javier Ocaña
Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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