Viaje de un rapero a las entrañas del humanismo

El artista Haze conduce un documental que recupera la figura de Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática Española, en el que participan voces de lingüistas, cineastas, periodistas y músicos

Haze, en un momento del rodaje de 'Elio'. / JAVI ZAPATA
Haze, en un momento del rodaje de 'Elio'. / JAVI ZAPATA@javimzapata

El viaje había comenzado antes. Sergio López Haze, una de las voces más destacadas del hip hop en España, es conocido también por su historia de superación. Nacido y criado en el barrio sevillano de Los Pajaritos, uno de los más deprimidos del país, coqueteó con las drogas, pasó brevemente por la cárcel y hoy es una referencia para sus seguidores después de haber conseguido un título universitario (se licenció en Filología Hispánica a los 37 años) y un premio al mejor expediente de máster en Estudios Americanos, además de hacerse con una plaza de profesor funcionario en Lengua y Literatura. Este perfil “del rapero filólogo que sabe traducir el lenguaje académico al habla de la calle” lo ha convertido en la bisagra perfecta para encajar en el presente a otro perfil excepcional: Elio Antonio de Nebrija (Antonio Martínez de Cala, 1441-1522), máximo exponente de la historia de nuestra lengua y en el que puede resumirse una frase que viralizó el propio Haze en el discurso que pronunció al recoger su premio de fin de máster: “Los estudios dignifican”.

Es así como comienza un nuevo periplo, ahora hacia las entrañas del humanismo, del rapero sevillano, que será el hilo conductor de la película documental Elio, una inmersión en la vida de Nebrija, autor de la primera gramática castellana, que coincide con las celebraciones del quinto centenario del fallecimiento del humanista y que recorre, en una suerte de road movie, todas las ciudades en las que vivió el sevillano.

Coproducido por las andaluzas Lateral Films y ADM, y participado por Televisión Española y Canal Sur, Elio persigue acercar la figura de Nebrija a las nuevas generaciones. En este empeño, “contar con Haze ha sido todo un acierto”, comenta el periodista Pepe Barahona, codirector del filme junto con su colega Fernando Ruso: “Pretendemos que no sea un documental de las élites para las élites, sino que llegue al público joven, que necesita conocer la historia de nuestra lengua para amarla”, explica Barahona, lebrijano como Nebrija, con quien sentía tener “una cuenta pendiente”.

Por el metraje de Elio, que se estrenará en abril, desfilan paisajes y paisanajes, ciudades cruciales por las que transcurrió la vida del gran humanista y estudiosos fundamentales para conocer al personaje. Haze no viaja solo, pues en su camino se han unido perfiles como el de la catedrática e historiadora de la lengua Lola Pons, colaboradora habitual de EL PAÍS; el poeta y ensayista Jacobo Cortines; Pedro Martín Baños, autor de la extensa biografía La pasión del saber, dedicada a Nebrija; e investigadores como Dionisio Martín, José Gómez Asencio y Teresa Jiménez Calvente. A esta nómina de expertos se le suman otros perfiles más heterogéneos, como la periodista y escritora Rosa Montero, la cineasta Isabel Coixet y el pianista James Rhodes.

Otro momento del rodaje de 'Elio'. / JAVI ZAPATA
Otro momento del rodaje de 'Elio'. / JAVI ZAPATA

“Como presentación del personaje, hay que destacar que Nebrija fue muy longevo, murió a los 78 años, y se desplazó mucho, algo poco habitual en el siglo XV”, explica Lola Pons. De Lebrija a Salamanca, recorriendo diferentes puntos de Extremadura (Zalamea y Villanueva de la Serena, en Badajoz; y Brozas, en Cáceres), hasta viajar a Bolonia, en Italia, y terminar su vida en Alcalá de Henares, el documental recorre cada una de las latitudes que marcaron la vida de un lingüista considerado por la catedrática como “un titán, una persona única en su tiempo, de esas pocas que aparecen en la Historia y modifican su curso”.

En la ruta por las ciudades de Nebrija habría que poner una pica especial en Bolonia, donde el humanista pasó “sus años fundamentales”. “En Salamanca, adonde llega muy joven, ya detecta la insuficiencia de la formación que recibe, con unas clases en un latín muy encorsetado, muy malo, transido de castellano, por lo que se marcha a Italia”, prosigue Lola Pons. Allí, como docente y preocupado por la formación humanista, Nebrija escribe un manual de enseñanza del latín “que fue la clave de su carrera, el gran éxito de su tiempo. Es el manual que se va a usar en toda Europa para enseñar, con una impronta tan personal que el propio libro va a ser conocido como El Antonio”, narra la catedrática.

Una obra incomprendida

No fue el caso, sin embargo, de la obra cumbre por la que hoy lo conocemos. Publicada en 1492 (tres meses antes del descubrimiento de América), Nebrija ha pasado a la historia por ser el autor de la primera Gramática Española que, además, tiene la importancia universal de ser también la primera completa sobre una lengua romance. “Además de que está muy bien hecha, es que fue pionera, la primera en el mundo: tendríamos que esperar hasta el siglo XVI para ver aparecer la de los franceses y los ingleses”, explica Pons, que, sin embargo, recuerda que la Gramática de Nebrija “no fue una obra entendida en su tiempo, fue impresa una sola vez y pasó al olvido hasta el siglo XVIII”.

Más allá, Elio Antonio de Nebrija fue historiador, pedagogo, traductor, exégeta, docente, lexicógrafo, impresor, editor (de obras propias y ajenas), cronista real y poeta. Entendió como pocos el negocio de la imprenta (sus hijos y sus nietos fueron impresores) y “fue el primero en reivindicar los derechos de autor”, apostilla Barahona, algo absolutamente visionario en ese momento fronterizo entre la Edad Media y el Renacimiento en el que aparece el español como lengua. “Apasionado de Cervantes y Quevedo”, como se considera Haze, en Nebrija ha encontrado a “un precursor, un maestro”, que puede encontrar su conexión con la actualidad.

“Pese a que estamos contando una historia que ocurrió hace 500 años, existen muchos paralelismos entre Nebrija y lo que está sucediendo ahora: la universalización del conocimiento, la censura o el deterioro de la lengua”, explica el codirector del filme y guionista Fernando Ruso, que ha puesto también el acento en imbricar a Nebrija con los nuevos usos lingüísticos, la estética y el lenguaje de las redes sociales, incorporando animación e inserciones de realidad virtual. “En la era de las fake news, Nebrija nos enseña a perseguir la verdad a través de la palabra, es una inspiración para que exijamos que se nos diga la verdad, para la construcción del conocimiento”, apostilla Lola Pons.

Elio, heredero de Adriano

En su Vocabulario de Romance en Latín, Elio Antonio de Nebrija hace balance de su vida, de los años que pasó en un lugar u otro, repasa la edad que tenía en cada uno los momentos más importantes de su carrera y pondera su nacimiento en la villa sevillana, en 1441 según sus propios datos, en un ejercicio de amor a la tierra de la que siempre conservó el topónimo e incluso le inspiró para latinizar su nombre: “Elio procede de Aelius, que Nebrija adopta como sobrenombre a raíz de sus paseos por el campo lebrijano, por donde afloraban, a cada paso, restos arqueológicos romanos”, explica Lola Pons. Aelius era una de las inscripciones más habituales que aparecían impresas en vasijas y ánforas que emergían de la tierra y que le sirvió para mantenerse siempre “apegado a sus orígenes”, casi como una suerte de heredero del espíritu de Adriano y Trajano, los grandes emperadores de la Bética.

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