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CRÍTICA i

Posguerra, nazis, espionaje, sexo...

La novela con la que Almudena Grandes ha ganado el Premio Nacional de Narrativa es una estupenda historia de aventuras a varias bandas, aventuras vitales, sentimentales (y eróticas)

Clara Stauffer posa con un trofeo de natación en la laguna de Peñalara en 1931.
Clara Stauffer posa con un trofeo de natación en la laguna de Peñalara en 1931.

Estupenda historia de aventuras a varias bandas, aventuras vitales, sentimentales (y eróticas), bélicas y de espionaje, Los pacientes del doctor García es una novela de lectura apasionante además de una brillante construcción literaria. La historia de esos tres hombres cuyas vidas se entrecruzan una y otra vez y que se ven obligados a adoptar identidades falsas precisa de una narrativa extremadamente cuidadosa y fina, que ha de funcionar como un mecanismo de relojería. Tres impostores, dos perdedores de la Guerra Civil y uno ganador pero derrotado en la Segunda Guerra Mundial –un soldado de la División Azul reenganchado en las Waffen SS– mezclan sus destinos en una trama sin descanso.

El hilo principal es una peligrosa operación para infiltrarse en la red nazi en Madrid que extrae a criminales de guerra de Europa para buscarles acomodo fuera. Guillermo García Medina, el médico del título, represaliado por su militancia en el bando republicano –en el que practica las primeras transfusiones de sangre en combate– se ve involucrado en los planes para desarticular la telaraña parda con su viejo camarada Manuel Arroyo Benítez, que suplanta al tercer personaje, el divisionario y ex boxeador Adrián Gallardo desaparecido en la hecatombe del III Reich.

El argumento da pie a Almudena Grandes para disfrutar como una loca reinventando como personajes suyos a Clarita Stauffer, la valkiria de nuestra particular Odesa nacional, y al mismísimo Otto Skorzeny, el ex jefe de comandos de las SS favorito de Hitler, devenido próspero empresario en la España franquista y uno de los factótums de la red de fuga de los camaradas.

Solo por la reconstrucción minuciosa y tremendamente verosímil de esa red y de su forma de actuar ya merece la pena leer la novela. Pero es que hay más: un magnífico retrato moral de la España de la posguerra, un paseo documentadísimo por el espanto de la Segunda Guerra Mundial en el frente del Este –atención a lo que se explica sobre lo que sabían los soldados españoles de las atrocidades nazis y el Holocausto–, y el ambiente que se respiraba en el exilio. Y además, una intensa historia de pasión (incluso de amor) con ecos de la autora de Las edades de Lulú y alto voltaje erótico. Posguerra, nazis, espionaje, sexo y mucha literatura de la buena.

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