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Un puente aéreo cultural contra la desconexión política

Lejos de los debates crispados del independentismo, los intercambios en el eje Barcelona-Madrid se intensifican en el teatro, la edición, el arte o la música

'Il Trovatore' de Verdi interpretado en el Liceu de Barcelona y retransmitido en la Plaza Mayor de Madrid, el viernes 21 de julio. Ampliar foto
'Il Trovatore' de Verdi interpretado en el Liceu de Barcelona y retransmitido en la Plaza Mayor de Madrid, el viernes 21 de julio.
Barcelona / Madrid

El libreto de Il Trovatore de Verdi, con su intrincada trama y su trasfondo de conflicto territorial, pareció el viernes por la noche escogido por algo más que la casualidad para ser la obra con la que el Liceu de Barcelona enviaba, en plena escalada soberanista catalana rumbo al referéndum del 1 de Octubre, una embajada de buena voluntad operística a 166 municipios españoles, pero sobre todo a la Plaza Mayor de Madrid, en el corazón del Reino. La idea es “tender puentes”, explicaba Roger Guasch,director general de la institución. Son los mismos que tendió el Teatro Real con la retransmisión a más de 250 puntos (11 municipios catalanes) de Madama Butterfly, que, según el coliseo, convocó a más de 120.000 personas, récord en los anales de estas iniciativas cruzadas. Para subrayar los lazos comunes, ambas entidades celebraron un patronato conjunto en marzo en Madrid. “Las instituciones culturales son cruciales para forjar espacios de convivencia, pero dudo que puedan plantar cara a esa política que en su momento decidió utilizar el enfrentamiento territorial como arma arrojadiza para ganar elecciones apelando a lo peor de la naturaleza humana”, explica Joan Matabosch, director artístico (catalán) del Real.

El ejemplo lírico no es aislado. El mundo de la cultura, tanto en lo tocante a sus habitantes particulares como a las instituciones públicas y privadas, lejos de apuntarse a la desconexión parecen empeñadas en fortalecer el puente aéreo entre Madrid y Barcelona, como metáforas de la España y la Cataluña que hablan un mismo idioma: el entendimiento.

Un caso paradigmático lo ilustra La Caixa, desde cuya sede cultural central de Barcelona se ha expandido por cuatro centros de toda España (el último en abrir: Sevilla) y no ve agravios comparativos en inaugurar en Madrid exposiciones tan importantes como la actual Agón! La competición en la antigua Grecia, con tesoros venidos del British Museum, antes de que luego vaya a la ciudad condal (viaje contrario al que hará la de De Chirico, que acaba de abrir en Barcelona).

Instituciones y fundaciones siguen trabajando de manera conjunta, asegura Ainhoa Grandes, presidenta del patronato de la Fundación Macba, quien enumera casos de colaboración entre su centro de arte y el Reina Sofía, o entre el Prado y el Museo Nacional de Arte de Cataluña. El MNAC, cuyo director, Pepe Serra, aseguró recientemente a este diario que el museo “no está para legitimar ningún tipo de nación”, fue el primero que en 2008 colaboró con el programa El Prado disperso, mientras que a finales de 2016, Miguel Zugaza, todavía al frente de la pinacoteca madrileña, mostró su apoyo al MNAC en la polémica del traslado de las obras de Sijena, al afirmar que lo prioritario era mantenerlas en el lugar en el que su estado de conservación lo aconsejara.

Aunque tal vez sea el teatro el ámbito en el que el puente aéreo cultural registra últimamente mayor tráfico. Las dos instituciones públicas madrileñas más importantes están dirigidas actualmente por personas venidas de Barcelona: al frente del Teatro Español está Carme Portaceli, mientras que Àlex Rigola pilota los Teatros del Canal. Y no son los primeros catalanes en esas lides: Mario Gas estuvo al frente del Español de 2004 a 2012 y Albert Boadella en el Canal (2009-2016). Ambos contaron con el precedente de Lluís Pasqual. Fundador del Teatre Lliure de Barcelona, fue llamado en 1983 para dirigir el Centro Dramático Nacional en Madrid.

“En este momento creo que la coincidencia es meramente circunstancial, pero quizá antes tuvo que ver con la efervescencia teatral que vivió Barcelona hace 20 años, con unas producciones muy contemporáneas y varios directores que alcanzaron prestigio fuera de España”, responde Portaceli. “Ahora todo se ha igualado. Incluso creo que Madrid vive ahora un momento más vibrante que Barcelona”. Albert Boadella incide. “En Madrid no se siente rechazo en absoluto por ser catalán”. Pero matiza: “Esta actitud no es tan recíproca en Barcelona”.

“Las dos ciudades son mundos en sí mismos y pueden fertilizarse mutuamente, más allá de las diatribas políticas que tanto confunden. Estamos en un buen momento para entendernos”, opina Patrícia Soley Beltran, autora de ¡Divinas!, premio de ensayo de la Anagrama, buque insignia de la edición catalana e inmejorable recuerdo de aquellos años en los que se tenía la impresión de que los buenos libros en español llegaban en gran medida de Barcelona. Hoy la cosa se ha equilibrado: la ciudad, además de condal, sigue siendo libresca, pero el AVE a Madrid echa más chispas que nunca con escritores, editores agentes de prensa y periodistas que, si bien pueden criticar cierto centralismo de la prensa cultural española, asumen esa bicefalia con naturalidad. “La relación entre ambos gremios es la más fluida, cómoda y constante de hace años”, asegura Daniel Fernández, de pasado catalanista (editó la revista L’Avenç) y hoy presidente de la Federación de Gremios de Editores de España. Pone de ejemplo, entre otros, el reciente anuncio en Barcelona del secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, de un protocolo entre ministerio y Generalitat para unificar el sello de calidad de las librerías que otorgaban ambas instituciones por su cuenta.

“Creo que nunca había tenido más autores de Madrid o afincados allí que ahora”, explica desde Barcelona el presidente de Anagrama, Jorge Herralde, que cada primer fin de semana de la Feria del Libro de Madrid desde hace 11 años cena con sus escritores en casa de su distribuidor de siempre, Machado Libros. No recuerda “crispaciones o comentarios especiales sobre el proceso”. “Eso se da más en la esfera política que en la cultural, los escritores acostumbran a ser personas civilizadas”.

Frente a la dickensiana historia de dos ciudades que valdría para contar el mundo del libro en España, la industria del cine sigue estando centrada en la villa y corte. Y por eso hay una numerosa colonia de actores catalanes viviendo en Madrid. Otra cosa son los técnicos: cada vez es más habitual que un montador barcelonés venga varias semanas a Madrid a editar la película de un director sevillano, y se vuelva en el AVE.

Borja Cobeaga, cineasta donostiarra afincado durante lustros en Madrid, ha vivido un tiempo en Barcelona antes de retornar a la meseta. “No noto grandes diferencias culturales, al menos en el cine. Vives un lado, ruedas en otro. No hay gueto”.

Una de esas actrices y directoras emigrantes es Leticia Dolera. “Tengo un grupo de whatsapp con una quincena de compañeros que se llama ‘Catalanes en Madrid’. Ha aumentado la producción en Barcelona, pero la mayor parte del trabajo, de los ‘castings’, se hace en Madrid, donde, si no leyeras la prensa, no parece que haya habido cambios”.

Aunque en realidad sí hay alguna diferencia: en Madrid las películas catalanas subtituladas tienen un público muy circunscrito al de las salas de arte y ensayo, todo lo contrario, obviamente, que en Cataluña. Y hay grandes desigualdades en la taquilla de películas como La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo, que pagó en Cataluña el adjetivo ‘española’ del título. Ramon Colom, el presidente de FAPAE, la confederación de los productores audiovisuales y otro catalán con el pie en ambas ciudades, advierte, con todo, que “sí ha cambiado la visión de la cultura catalana desde Madrid. Crece el rechazo”.

A eso no ayuda el clima de crispación de estos días y que promete llegar a su apogeo el 1-O. “No va a ser un día normal, es evidente que será un día extraordinario", afirma Àlex Nogueras, director junto con Rebeca Blanchard de las galerías Nogueras Blanchard, con sede en Madrid y en Barcelona. No lo dice solo como catalán; Nogueras es también presidente de Art Barcelona, la asociación de galerías de la ciudad y sabe que el próximo Barcelona Gallery Weekend que están programando desde el 28 de septiembre hasta el 1 de octubre se va a ver afectado -"tanto si se vota como si no"- porque el domingo coincide con la fecha prevista por el Gobierno de Puigdemont para el referéndum.

Con información de Rut de las Heras Bretín, Jesús Ruiz Mantilla y Gregorio Belinchón y Jacinto Antón.

Historia de dos ciudades

Juan Cruz

La sociedad literaria que tiene sus ejes en Barcelona y en Madrid tiene en la memoria algunos hechos: cuando Carlos Barral y los editores catalanes de su tiempo viajaban a Madrid a reunirse con colegas y escritores cerca de lo que hoy es Blanquerna, junto al Círculo de Bellas Artes; cuando Juan García Hortelano y Ángel González iban a estar con Jaime Gil de Biedma, el citado Barral y Jaime Salinas a la Barcelona de los sesenta y organizaban algo más que palabras. Ese grado máximo de la amistad entre las dos ciudades se manifestaron luego en memorias, libros, debates. Salvador Pániker hizo sus conversaciones españolas en Madrid, Manuel Vázquez Montalbán hizo lo propio, y aun más: hizo un libro en el que el catalán que era quiso saber qué le esperaba a este país si ganaba la derecha de Aznar, habló con medio mundo político y cultural y escribió su célebre Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos.

Juan Cerezo, director de Tusquets, que edita en Barcelona a autores de todo el mundo, y también españoles en castellano y catalanes en su idioma (en una colección que dirige el poeta bilingüe Toni Marí), tiene en su casa un caso máximo de diálogo Barcelona-Madrid, la obra de Almudena Grandes, que él edita. La escritora, que ahora está a punto de publicar su nueva novela, fue recientemente a Olot, cuna de lo más específico del independentismo catalán; ella les habló a los que la fueron a escuchar de la naturaleza republicana y liberal de los héroes de sus novelas y en aquel clima, que podría haber estado sembrado de las reticencias que hoy hacen difícil el diálogo político, se llevó un aplauso emocionante. Que fue similar al que en otros ámbitos se llevaron Luis Landero o Javier Pérez de Andújar; este último, invitado a dar el año pasado el pregón de La Mercé, fue atacado por su defensa de la identidad española de Cataluña, y su discurso luego fue recibido con un aplauso unánime también por los que no le querían. Conspiran ahora contra ese clima que Cerezo siente como muy deseable las redes sociales, utilizadas por creadores que consideran que el fanatismo es una manera de comunicar mejor que la escritura sosegada de su propia obra.

En esa línea de acercar culturas y tender puentes, en el sentido de Barral, Vázquez Montalbán o Pániker, trabaja la escritora Nùria Amat, que avanza en una especie de puente aéreo de literatura y pensamiento entre ambas ciudades. Ante el peligro de fractura política desatada por el independentismo, dice Amat, lo que quieren ella y los que la acompañan en este proyecto es construir palabras juntos.

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