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Muere Horacio Guarany, la voz insurrecta del folklore argentino

El artista que fue prohibido y atacado por la dictadura militar deja un legado imborrable a los 91 años

Horacio Guarany (i) en un encuentro con el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica (d). Ampliar foto
Horacio Guarany (i) en un encuentro con el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica (d). Télam

En pleno desarrollo de los festivales folclóricos más importantes, que convocan a cientos de miles de personas en muchas de las provincias de Argentina, una triste noticia enluta la escena: el cantautor Horacio Guarany falleció a los 91 años producto de una insuficiencia cardíaca crónica que le había sido diagnosticada hace un año. La noticia fue confirmada por su manager, Ruben López, en las redes sociales: “Con profundo dolor tengo que confirmar que nuestro maestro ha partido a otros festivales celestiales. Gracias Guara por todo”. La vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, representantes del folclore moderno como Abel Pintos y Soledad Pastorutti, políticos, futbolistas y artistas escribieron condolencias en medios y redes sociales. El recuerdo de un hombre, mestizo, de padre guaraní y madre española, que nació en la pobreza y trabajó incansablemente para convertirse en artista. Su reconocida militancia en el Partido Comunista lo hizo blanco del tercer gobierno de Perón y la dictadura militar, que lo persiguió como a pocos, y motivó dos exilios, uno a Venezuela, México y España y otro al interior del país.

“Yo traigo el grito herido de aquel que no ha podido gritar que lo que gana no le alcanza. Quieren que calle, quieren que tan solo mi canto hable de amor o de paisajes, a mí me duele el dolor de tanta gente que le han talado con hambre su coraje”. Con esas palabras, Heráclito Catalín Rodríguez, más conocido como Horacio Guarany, abrió un show histórico en el estadio Luna Park, en 1984. Era el regreso de la democracia y un grito de desahogo para artistas como él, quien junto a los actores Luis Brandoni, Héctor Alterio, Marta Bianchi y Norma Aleandro, formaron parte de la primera lista de amenazados de muerte de la Triple A, aquel grupo parapolicial creado a la sombra del tercer gobierno de Perón. A los nominados les dieron 48 horas para dejar el país y así comenzó el periplo de este folclorista nacido en Las Garzas, al norte de la provincia de Santa Fe (820 kilómetros de Buenos Aires) por Venezuela, México y España.

La persecución a Horacio Guarany fue confirmada en 2013 por el entonces ministro de Defensa Agustín Rossi, quien develó las listas negras de las épocas más oscuras de Argentina. Estrofas como “poncho abierto sobre el alba, la guerrillera viene abriendo los caminos”, “Estamos prisioneros carcelero, Yo de estos torpes barrotes, tu del miedo” o “Sangre de los pobres, no hay deuda que no se cobre”, no eran compatibles a los oídos del general Jorge Rafael Videla, primero de los presidentes de facto que dieron el golpe al gobierno peronista. Guarany esperó unos años y regresó en diciembre de 1978, cuando persistía el gobierno de facto. Pero ese mismo mes, una bomba explotó en su coqueta casa del barrio de Coghlan, en la Ciudad de Buenos Aires, y tuvo que volver a hacer las maletas. El destino, esta vez, fue el cálido refugio de las provincias a las cuales siempre le cantó. Más tarde, Guarany fue cuestionado por su amistad con el expresidente Carlos Menem -se cree que fue el autor de la recordada frase de campaña “Síganme, no los voy a defraudar”-, su machismo a ultranza -que lo enfrentó a Mercedes Sosa- y algunos problemas para afinar.

El comienzo de su carrera artística puede situarse a sus 17 años, cuando se asentó en Buenos Aires para alternar sus jornadas entre el canto y su trabajo como estibador en el puerto. Sus números hablan solos: más de 70 años de carrera, 57 discos de los cuales 15 fueron discos de oro (15.000 unidades vendidas) y 10 de platino (30.000 unidades vendidas) y la bandera del flolklore siempre en alto, pero también la del bolero y el tango, para cantarle a las penurias del pueblo trabajador y recordar, como pocos hicieron, a los peones rurales y los trabajadores golondrina. Guarany es autor de éxitos como Puerto de Santa Cruz, Caballo que no galopa, y Si se calla el cantor; sin embargo, el recuerdo de muchos en redes sociales hicieron alusión a sus abusos en el consumo de alcohol y otros aspectos de su vida privada, en una muestra solapada de la denostación y el desconocimiento que persiste en la gran ciudad sobre los artistas populares más reconocidos en las provincias.

“Todo está distorsionado”, dijo el artista en 2014 al diario La Nación, “El hombre, con una avaricia tremenda, ha destruido los valores naturales de la vida. Lo único que importa es el dinero. Hemos intentado cambiar la naturaleza con tal de obtener más ganancias. Veo una gran violencia y una gran confusión. Hay mucha crítica interesada y también mucho aplauso interesado”. La opinión es la de un hombre que cuando nació, Argentina era la sexta potencia mundial y al morir, la 56ª y que hasta hoy, fue el faro de muchos jóvenes valores que venden más discos que nadie, aunque no se enteren en Buenos Aires. Este sábado se lo despedirá con un responso en el cementerio Jardín de Paz, de la ciudad de Luján.

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