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En el ágora de ‘Claves’

Una revista que sigue ahí invitando al debate y la reflexión después de un cuarto de siglo

Portada de 'Claves' de mayo de 2012. Ampliar foto
Portada de 'Claves' de mayo de 2012.

Desde su aparición, en 1990, Claves de Razón Práctica no ha hecho concesiones. La idea de los fundadores del proyecto, Javier Pradera y Fernando Savater, fue la de fabricar un artefacto que sirviera como un espacio donde poner en circulación los asuntos del presente, los del mundo y los de España, para profundizar en ellos ofreciendo miradas distintas, perspectivas enfrentadas, debate, discusión. Han pasado 25 años y, pese a las dificultades, la revista sigue ahí —tras iniciar una segunda etapa en 2012, ya solo con Savater al frente—. Basta con mirar sus últimos números para confirmar que mantiene firmes las antenas y procura hurgar en las cuestiones relevantes: la conveniencia de una reforma constitucional, los sindicatos en la era de la globalización económica, la salud de la Monarquía, el derecho a blasfemar en tiempos de fanatismo o el cambio climático, entre otros temas.

Las dificultades que la publicación ha sorteado son notables. En primer lugar, resulta casi un milagro que una revista con ese tipo de contenidos, y con contribuciones exigentes y largas, se haya mantenido en un marco cultural y social, el de este país, alérgico a esas iniciativas. En segundo, porque las propias materias de las que Claves se ha ocupado desde su fundación —la filosofía, la economía, el derecho, la historia, la literatura— han sufrido en los últimos años un ataque en toda regla de cuantos enarbolan la bandera de la eficacia —ya sea vía la informática, los idiomas o las ingenierías— frente a lo que tachan de francamente inútil.

Pero las dificultades han tenido también que ver con una brutal crisis económica y con una significativa transformación de los hábitos de consumo cultural. Las nuevas tecnologías, al ofrecer un rápido acceso a toneladas de contenidos, han fragilizado cualquier auctoritas y, por eso, que Claves siga ahí significa que aún hay quien valora ese viejo oficio de preparar un menú de cuestiones —tratadas con inteligencia, finura, buena escritura— para invitar a pelearse sobre ellas.

 Un número especial

En el número especial que Claves publica para este cuarto de siglo, Savater apunta que la revista “supo resistir durante la larga crisis, a pesar de que en medio de la tormenta perdió nada menos que a su capitán y fundador, Javier Pradera”. Con un texto suyo, Jeringas, agendas y silencios, sobre la prensa durante la Transición, se inicia la galería de artículos rescatados para definir la sensibilidad e intereses de la publicación. ¿El fin de la historia?, el ensayo de Francis Fukuyama que apareció en el número 1, está para recoger la voluntad de Claves de participar en los grandes debates internacionales.

La selección se queda corta, era inevitable, pero resume con unos cuantos temas y autores su aventura: la democracia (Flores d’Arcais), la economía (Luis Ángel Rojo) o las humanidades (Carlos García Gual), los textos que Francisco Calvo Serraller escribió sobre el arte emergente o Juan Antonio Herrero sobre la sociedad gay o Santos Juliá sobre el tratamiento del pasado en la democracia, la visión sobre el nacionalismo de Javier Tusell y sobre lo que se anunciaba tras el 11-S de Rafael del Águila (estos dos últimos, ya desaparecidos), y recoge cuestiones como el laicismo (Victoria Camps) o la clonación (Cayetano López). Ensayos, críticas, perfiles, sus casas de citas: Claves ha sabido encontrar diversas maneras para abordar lo que nos atañe. Y muchos lectores aceptaron el desafío. Enhorabuena.

El número especial del 25 aniversario de Claves se presenta el 1 de diciembre a las 19.30 en la Biblioteca Eugenio Trías de la Casa de Fieras del Retiro de Madrid.

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