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CRÍTICA | LA DEUDA

Cadena de decisiones

Un fotograma de 'La deuda'. pulsa en la foto
Un fotograma de 'La deuda'.

"Cada decisión tiene sus consecuencias", clama el eslogan promocional del cartel de La deuda (Oliver's deal), primer largometraje del estadounidense afincado en Perú Barney Elliott. Se hace explícito el mensaje y, de paso, quizá también uno de sus grandes referentes, aunque no el único: Babel, de Alejandro González Iñárritu, aquella epopeya globalizada sobre la influencia del azar y de las decisiones individuales en los devenires colectivos. Algo que también ocurre aquí, donde el camino entre la reforma agraria de los años 60 del presidente peruano Velasco Alvarado y el destino de la sanidad pública actual, previo paso por los despachos de Wall Street, que parecen controlarlo todo, van de la mano. Una mano, eso sí, que siempre agarran con más fuerza los poderosos.

La deuda

Dirección: Barney Elliott.

Intérpretes: S. Dorff, A. Ammann, L. Cáceres, C. Bardem. Género: drama. España, 2015.

Duración: 97 minutos.

Ganadora de dos premios en Málaga (guión original y actriz secundaria), La deuda es una extraña coproducción entre EE UU, Perú y España, con profesionales de los tres países, que sin embargo acaba conformándose como una película con cierta entidad, donde destacan la interpretación de Stephen Dorff y una elipsis respecto del personaje de Alberto Ammann que, ya procediera del guión, ya fuera recurso de montaje para ajustar metraje, resulta magnífica. La deuda es cine político, de ahora y de siempre; de análisis, de denuncia; estimable cine político, bien filmado. Aunque, segundo de los referentes, en exceso semejante en su narrativa, estructura, música e imagen a Syriana, que Elliott parece haber estudiado al dedillo, y que también tenía como esencia el efecto encadenado de los actos.

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