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Los desabastecimientos de fármacos subieron un 45% el año pasado

Sanidad propone pedir a los fabricantes problemáticos planes de actuación para asegurar el suministro

Farmacia Malasaña, en Madrid, en diciembre de 2018.
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La probabilidad de que un paciente vaya a una farmacia (de calle o a la hospitalaria) y no tengan el medicamento que necesita va en aumento. En concreto, las notificaciones de problemas de abastecimiento a la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios entre 2017 y 2018 subieron un 44,8%. Para intentar reducir estas situaciones, representantes de la agencia, las comunidades y las empresas implicadas se han reunido hoy para empezar a preparar un plan de actuación. Entre las medidas propuestas están que las empresas que tengan problemas graves por su impacto o por su frecuencia presenten planes específicos que garanticen el suministro. También establecer una lista de medicamentos que se vigilarán especialmente, y aumentar las sanciones por incumplimiento.

Pese al aumento de las notificaciones, y dadas las cifras totales de medicamentos que se utilizan en España, el Ministerio de Sanidad, del que depende la agencia, tranquiliza: "Actualmente, de las 31.495 presentaciones de medicamentos autorizadas en España, 488 registran problemas de suministro.  Al eliminar los medicamentos presentados en varias dosis y los sartanes [como el Valsartán] retirados del mercado, la cifra de medicamentos afectados se reduce a 274" de un total de 14.182 que registra actualmente la web de la agencia. "No existe riesgo de que una enfermedad que requiera tratamiento terapéutico quede sin tratar", sanciona el ministerio. Eso sí, el problema va en aumento: en 2008 hubo 20 notificaciones; en 2013, 576; el año pasado, 1.332. El crecimiento es tan importante que la agencia empezó el año pasado a publicar informes semestrales sobre la situación.

La situación, como es lógico en un mundo tan interconectado, es similar a la de otros países. "En el Reino Unido en los últimos cinco años ha habido un incremento en las notificaciones del 130%, y en Francia en 2017 las notificaciones de problemas de suministro, de medicamentos considerados críticos, se incrementaron en un 30% respecto al año anterior", dice el ministerio.

Ese informe da varias pistas sobre las causas del aumento. Una muy importante y específica del año pasado, los problemas que ha habido con el Valsartán, un medicamento para bajar la tensión arterial del que hubo varios anuncios de retirada de lotes porque contenían un contaminante potencialmente cancerígeno. Si se retira este producto, que representaba el 60% de las notificaciones del segundo semestre, la variación entre 2017 y 2018 se queda en el -11%.  

Las tres principales causas de los desabastecimientos son los problemas de fabricación, como que se estropee una máquina o haya que pararlas por mantenimiento, el 26%; problemas de capacidad porque aumenta la demanda, el 23%;  y problemas de calidad (el 19%). Solo en un 1% se deben a que ha dejado de fabricarse el producto.

Entre los productos que faltan en estos momentos, según Sanidad, hay presentaciones de Isopto Flucon (un colirio), Trankimazin (para la ansiedad), Betadine, Aspirina, Clexane y Gardasil, entre otros. Afectan a todo tipo de laboratorios, grandes y pequeños, innovadores y de genéricos (Sanofi, Bayer, Mylan, Novartis, MSD...).

Farmaindustria, la patronal de los laboratorios innovadores, apunta, en una nota emitida tras la reunión, a otras causas económicas. Afirman que como los precios de los fármacos en España es de los más bajos de Europa y, además, está muy controlado y en continua presión por la entrada de los precios de referencia, puede suceder que ante un aumento global de la demanda, el fabricante u otros intermediarios decidan enviar la producción a países donde lo van a vender por más precio. O que, directamente, haya quien compre medicamentos que estaban previstos para ser vendidos en España y los destine a otros mercados en los que les va a sacar más beneficio (lo que se denominan exportaciones paralelas).

Estas medidas son las que han conseguido, por ejemplo, que en 2008 el coste medio para las Administraciones de cada receta atendida en una farmacia fuera de 13,37 euros, y que en 2018 fuera de 11,44 euros.

Ante este conjunto de situaciones, el borrador que ha presentado hoy Sanidad a las comunidades y que está sujeto a sugerencias y cambios, se centra en tres aspectos: la prevención, gestión y la información sobre los problemas de suministro. Entre las medidas propuestas está "requerir planes de prevención a los titulares de la autorización de comercialización (TAC) que hayan generado problemas de suministro de medicamentos críticos (calidad) o bien a aquellos que comunican muchos problemas (cantidad)"; es decir, pedir a los agentes con antecedentes que aseguren que estos no se van a repetir y que han puesto las medidas para ello. Como se ve, el ministerio no habla de fabricantes o distribuidores, sino que usa un genérico TAC para incluir a todos los que participan en la cadena comercial.

Además, prevé elaborar un listado de medicamentos prioritarios (pone como ejemplo la lista de fármacos esenciales de la Organización Mundial de la Salud) y elevar las posibles sanciones por el impacto en la salud de la falta de abastecimiento de leves (castigadas con 30.000 euros como máximo) a graves (hasta los 90.000).

Una vez ocurra el fallo del suministro, se plantean, entre otras posibilidades, la "mejora de las actuaciones para conseguir las alternativas terapéuticas". Es decir, ser más eficaz y flexible para que si falta un producto se pueda disponer de otro que tenga el mismo efecto o lo más parecido posible en el menor plazo de tiempo. Y, dentro de ello, "revisar el procedimiento de solicitud y de autorización de un medicamento extranjero", por si la alternativa no está disponible de manera habitual en España y hay que importarla.

Otra de las grandes líneas de actuación es mejorar la comunicación de los casos y las soluciones a la Administración por parte de quienes antes notan el desabastecimiento (distribuidores y farmacéuticos, sobre todo), y desde la Administración a los agentes sanitarios implicados y a la población afectada, para que sepan lo que sucede y cómo sortear el riesgo de quedarse sin su tratamiento.

Por último, el ministerio avisa del riesgo de que el Brexit impacte en el suministro.

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