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La caída del emperador de la carne de caballo

Tras protagonizar en 2013 un gran fraude europeo, un holandés lideraba ahora desde España una gigantesca red que comerciaba con equinos no aptos para el consumo

Registro en una sala de despiece de Toreno en la operación Gazel.

Bata blanca, gorro blanco y pelo cano. Aquella mañana del pasado noviembre un nuevo actor se había colado en la escena. Ese señor vestido de blanco y que frisaba los setenta años era un desconocido para los agentes de la Guardia Civil que vigilaban el matadero de Toreno (León). Pero las autoridades de consumo de media Europa y la justicia francesa —donde está abierto un procedimiento en el que figura— ya lo conocían bien.

El holandés Johannes Fasen, más conocido como Jan Fasen, había estado en 2013 en el centro de un gran escándalo desatado tras localizarse carne de caballo etiquetada como vacuno —principalmente en productos precocinados— en más de una decena de países europeos. Era proveedor de una de las empresas de preparados en las que se localizaron esas trazas de equino.

Tres años después de aquel enorme fraude, Fasen aparecía a las puertas del matadero de Toreno, que los agentes de la Unidad Central Operativa Medioambiental (Ucoma) de la Guardia Civil estaban controlando también por irregularidades en la comercialización de carne de equino. Como el de 2013, este último caso afecta supuestamente a media Europa.

Jan Fasen, a la izquierda, fotografiado por los agentes en el matadero de Toreno (León).
Jan Fasen, a la izquierda, fotografiado por los agentes en el matadero de Toreno (León).

Pero en esta ocasión se investiga algo más que un fraude. En 2013 se había hecho pasar por ternera carne de caballo. Ahora lo que se investiga es un presunto delito contra la salud pública, ya que supuestamente se han comercializado caballos no aptos para el consumo humano. Y este holandés, establecido ahora en Alicante, está en el centro del entramado de la Operación Gazel, según los investigadores.

Pero aquella mañana Fasen era para los agentes de la Guardia Civil solo un señor de pelo cano y bata blanca al que habían fotografiado a las puertas del matadero de Toreno. No fue hasta un tiempo después, al analizar los numerosos pinchazos telefónicos del caso, cuando descubrieron quién era y su relación con el escándalo de 2013. "Él daba las órdenes en la sombra", señalan las mismas fuentes. "La investigación dio un vuelco", relata un agente que ha participado en la operación.

En prisión

En abril de este año, cinco meses después de la foto a las puertas del matadero, Fasen fue detenido en un aeropuerto belga. La Guardia Civil y la juez de instrucción de Ponferrada encargada del caso —además de la Europol— lo sitúan como el cerebro de una enorme trama que comercializaba esa carne de caballo no apta para el consumo humano. Fasen está en prisión desde entonces, al igual que siete detenidos más, según indican fuentes judiciales. La juez les acusa de delitos contra la salud pública, falsedad documental, blanqueo de capitales y asociación criminal. La red, según las primeras estimaciones, habría logrado unos beneficios de 20 millones de euros.

Jan Fasen.
Jan Fasen.

Pero hay muchos más implicados además de esos ocho detenidos que siguen en prisión preventiva. Fuentes de la investigación sostienen que cuando la Guardia Civil acabe su trabajo el número de investigados (lo que antiguamente eran imputados) rondará el centenar en una veintena de provincias. Hay implicados empresarios cárnicos, ganaderos, comerciantes y hasta veterinarios, particulares y de la Junta de Castilla y León. Los veterinarios, presuntamente, hicieron la vista gorda. "Esto acabará en la Audiencia Nacional", vaticina la defensa de dos de los detenidos, que se dedican a comprar y vender equinos.

En los primeros cálculos que ha realizado la Ucoma se estima que la red sacrificó en un año, hasta que fue desarticulada en abril, alrededor de 18.000 caballos en los tres mataderos implicados: el de Toreno, otro en Astorga y uno más en Segovia. También una sala de despiece de Valmojado (Toledo) forma parte del presunto entramado. Allí supuestamente se preparaban las piezas de carne para enviarlas a una empresa de Bélgica, que a su vez las comercializaba por media Europa, resaltan fuentes de la investigación.

El problema está en el origen de los caballos, que procedían de España y, en menor medida, de Portugal. La red, según la investigación, sacrificaba caballos de recreo y los hacía pasar presuntamente por equinos de abasto, que son los que están legalmente destinados al consumo humano y sujetos a revisiones. Los ejemplares de recreo no pasan esos estrictos controles veterinarios; por ejemplo, de consumo de antibióticos.

Fuentes de la investigación señalan que en abril, cuando se desarrolló el grueso de la operación, se tomaron muestras en los mataderos y la sala de despiece de Toledo y se remitieron a varios laboratorios. Los resultados confirmaron "la presencia de residuos del tipo de cloranfenicol y fenilbutazona", indican las mismas fuentes en referencia a dos medicamentos cuyo uso en humanos está restringido. Además, en otros análisis de la Facultad de Veterinaria de Madrid se encontraron melanomas, "tumores frecuentes en equinos de capa torda".

Pinchazos telefónicos

El entramado era consciente de este problema con algunos caballos. En una de las intervenciones telefónicas, a la que ha tenido acceso este diario, Fasen y Patrice G. S. —a quien los investigadores sitúan también en la cúspide de la red— hablan de una partida con "melanosis" detectada por la empresa con la que trabajaban en Bélgica. "Me han mandado un email (...) Dicen: no quiero nada más de España porque es una mierda", le explica Fasen a Patrice sobre las quejas de la empresa belga al toparse con los melanomas. Junto a Patrice y Fasen los investigadores sitúan en la cúpula de esta red a Jerry V. D., también detenido en Bélgica.

Cuando EL PAÍS desveló en abril la implicación de Fasen en este caso, la Comisión Europea mostró su "sorpresa" ante el hecho de que apareciera en el centro de la investigación alguien que ya estuvo "en la crisis de la carne de caballo de 2013", que hizo que Bruselas endureciera los controles.

Tras aquel escándalo, Fasen trasladó su residencia a España. Y junto a otro socio se había introducido en el negocio inmobiliario. "Compraban chalés a medio construir y luego los vendían", explican fuentes de Ucoma. En el momento de ser detenido, Fasen tenía en venta un chalé de más de 500 metros cuadrados en Benisa (Alicante) por más de 2,5 millones de euros, según las mismas fuentes. Fasen, además, había recurrido a los servicios de Ramón Cerdá, cuyo nombre ha aparecido en los sumarios de los grandes casos de corrupción, como Gürtel, Nóos o Hidalgo. Cerdá se dedica a crear y vender sociedades; y el nombre de varias de ellas ha surgido en casos de corrupción. El holandés le compró a Cerdá Kandelia Europea SL, que aparece en esta última operación sobre la carne de caballo.

Fuentes de la investigación relatan cómo en los registros realizados en la casa de Fasen los agentes localizaron un despacho oculto. Allí encontraron "dos cajas con facturas y documentos que lo relacionan con Bélgica", adonde iba a parar la carne de caballo.

De allí viajaba supuestamente a Francia, Holanda, Italia, Rumanía, Reino Unido... Aunque aún está por determinar el alcance exacto del entramado creado por el defenestrado emperador europeo de la carne de caballo.

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