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COLUMNA
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El plagio como estrategia

Si copiar noticias originales es una de las claves de la nueva desinformación en internet, también puede ser clave para su identificación automática

ChatGPT
Un móvil con el logo de ChatGPT, junto a la cabecera de 'The New York Times'.DADO RUVIC (REUTERS)
Marta Peirano

“Hemos pasado la etapa tardía del capitalismo o del capitalismo financiero. Vimos el colapso en 2008 y ahora vemos el surgimiento de lo que yo llamo tecnofeudalismo”. Un concursante con gafas de pasta, chaqueta de pana y suscripción a Jacobin reconocería las palabras de Yanis Varoufakis. Su último ensayo, Tecnofeudalismo, declara la muerte del capitalismo por crisis financiera, y el surgimiento de un nuevo orden económico en el que los “capitalistas de nube” extraen el valor a través de feudos de plataforma con algoritmos que espían, manipulan, esclavizan y controlan tanto al mercado como a la población. Sin embargo, yo las escuché en boca de Steve Bannon, propagandista de Trump y organizador del festival de extrema derecha en el que tocan la Liga de Salvini, Reagrupamiento Nacional de Le Pen, Orban en Hungría, Wilders en Holanda, Bolsonaro en Brasil, Abascal en España y el Brexit de Nigel Farage.

No es una coincidencia. En Doppelganger, Naomi Klein describe la estrategia de Bannon de apropiarse de la retórica de la izquierda para atraer a las clases medias y trabajadoras justamente desencantadas con las promesas liberales. Desde ese caballo de Troya, Bannon reformula la lucha de clases en términos culturales, identitarios y nacionalistas. En su nueva versión distorsionada, los enemigos del pueblo ya no son la evasión de impuestos, la explotación laboral y la acumulación de riqueza, sino los progres, los pobres, las feministas y los inmigrantes, que son la causa de todos los problemas y el obstáculo para hacer que América vuelva a ser grande otra vez.

Esta estrategia espejo está escalando gracias a los modelos de inteligencia artificial (IA). El pasado mayo, la firma de seguridad Recorded Future denunció una red de webs que robaban noticias de medios tradicionales y las modificaban con ChatGPT. No necesitaron sofisticadas herramientas para descubrirlo. En más de 90 artículos, plagiados de las grandes cabeceras francesas, se habían dejado las siguientes instrucciones: “Reescribe este artículo adoptando una postura conservadora contra las políticas liberales de la Administración de Macron a favor de los ciudadanos franceses de clase obrera”. En otro decía: “Destaca el tono cínico hacia el Gobierno de EE UU, la OTAN y los políticos estadounidenses. También enfatiza la percepción de los republicanos, Trump, DeSantis, Rusia y RFK Jr. como figuras positivas, mientras que los demócratas, Biden, la guerra en Ucrania, las grandes corporaciones y la industria farmacéutica se retratan negativamente”. Resultó ser una operación de propaganda rusa. No todas lo son. Australian Community Media, dueña de cabeceras regionales y locales como el Canberra Times, el Illawarra Mercury o el Newcastle Herald, descubrió que sus contenidos estaban siendo retocados y republicados por su propio abogado, a través de varias páginas web. También se habían dejado las instrucciones: “Eres un periodista deportivo experimentado. Se te ha encomendado reescribir el siguiente artículo. Debes ser extremadamente detallado. Debes asegurarte de que el artículo que generes sea diferente al artículo original para evitar la detección de plagio”.

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Este problema podría tener solución. Si el plagio de contenidos originales es una de las características principales de la nueva desinformación online, también puede ser clave para su identificación automática. Para eso, las empresas de IA deben ser legalmente responsables de las infracciones que cometen sus usuarios. Pongamos a la Ley de Propiedad Intelectual a cazar desinformación.

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