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El gurú de la desinformación

Trump ya no necesita a Bannon en su segunda carrera hacia la Casa Blanca

Steve Bannon, antiguo estratega de Donald Trump, en la plaza Navona de Roma.
Steve Bannon, antiguo estratega de Donald Trump, en la plaza Navona de Roma. reuters.

El anuncio de Donald Trump de presentarse a la reelección obliga a volver la vista atrás y mirar a quien fue uno de los hombres clave de su victoria en 2016: Steve Bannon. El documental El gran manipulador, firmado por Alison Klayman, muestra los entresijos de las actividades del estratega jefe del presidente de EE UU tras su salida de la Casa Blanca. Situada en las antípodas ideológicas del gurú de la ultraderecha, la cineasta se planteó como objetivo retratar de manera realista a quien fuera asesor de inversiones en Goldman Sachs y director de la web de noticias Breitbart News, desde la que denigraba sin piedad a los rivales de Trump.

Los responsables del documental desmitifican la figura de Bannon. Le consideran menos influyente y sofisticado de lo que parece. Una de sus grandes habilidades es su capacidad para embaucar a los políticos, como se ve en la estrecha y cordial relación que mantiene con el vicepresidente italiano Matteo Salvini, al que considera uno de los dos políticos más importantes del Viejo Continente. El otro es el presidente de Hungría, Viktor Orbán.

Tras abandonar a Trump se plantó en Europa con el proyecto Breitbart Roma y Breitbart Londres, un movimiento populista que apoya el Brexit y a La Liga y asesora a políticos antieuropeístas como el británico Nigel Farage. Bajo esta divisa ha impulsado el avance de la extrema derecha, xenófoba y nacionalpopulista en las elecciones de mayo al Parlamento Europeo.

En El gran manipulador Bannon es dibujado como una persona vanidosa y astuta, que sabe jugar con los temores de la gente para ofrecer recetas mágicas (no siempre susceptibles de ser cumplidas). Lo importante es decirle a los electores lo que quieren oír. Reforzar sus ideas. Crear un enemigo que sirva de amalgama entre una diversidad de colectivos heterogéneos y afinar técnicas comunicativas para aderezar la información (verdadera o falsa) a fin de ponerla al servicio de una causa o de un candidato. Lo suyo son los datos alternativos, la posverdad y la propaganda. Son las armas que Trump ha aprendido a manejar con gran destreza y a las que sacará brillo en la carrera hacia el segundo mandato presidencial, en 2020. El futuro aspirante ya no necesita a Bannon ni su condimento para desinformar. Se basta y se sobra con Twitter.

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