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Cómo la imaginación puede salvar el mundo

Un grupo de jóvenes responde con creatividad a desafíos como la superpoblación de la ciudades o el despilfarro de comida

Ángela Peralta, Jon Aguirre Such, Jorge Arévalo, Sonia Ortega y Laura L. Ruiz en el estudio de urbanismo de Paisaje Transversal
Ángela Peralta, Jon Aguirre Such, Jorge Arévalo, Sonia Ortega y Laura L. Ruiz en el estudio de urbanismo de Paisaje Transversal

¿Cómo es la calle perfecta? La calle perfecta tiene que tener esquinas para que los peatones se crucen. Manzanas pequeñas y edificios con ventanas al exterior. Cuanto más movimiento, más oportunidad para que los vecinos se encuentren y construyan comunidad. Porque la calle perfecta tiene que tener vida. Hace más de medio siglo, la urbanista norteamericana Jane Jacobs expuso los principios para que las ciudades no murieran fagocitadas por su propio éxito. Sus ideas son ahora más necesarias que nunca. Y lo serán para responder a los retos del futuro.

El mundo será una sucesión urbana casi interminable. Un planeta superpoblado con más de 10.000 millones de habitantes. Solo un tercio vivirá en el medio rural. Se multiplicarán las ciudades y sus problemas: el tráfico, la contaminación, el abastecimiento, la inseguridad, la soledad. No es una distopía. Es el aviso para navegantes de Naciones Unidas. Lo que nos espera en el año 2050.

Conseguir que esas ciudades sean vivibles es uno de los desafíos del planeta y el reto diario de un grupo de jóvenes urbanistas que trabajan en un inusual estudio en el centro de Madrid. Un espacio donde conviven arquitectos, biólogos o ingenieros. Su nombre, Paisaje Transversal, les delata; como les delatan las bicis apoyadas contra la pared del patio. Llevan desde los años de la facultad intentando introducir en España un concepto de urbanismo más creativo que se practica hace décadas en otras partes del mundo. “El de la tita Jane”, bromea Jon Aguirre Such, uno de los socios.

Hace ya casi una década de su primer proyecto: un plan para el barrio de Begoña, en Madrid. “Éramos unos chavales y fuimos a la asociación de vecinos a ofrecerles gratuitamente nuestra asesoría”. Sus ideas eran tan buenas que el ayuntamiento les pidió que siguieran adelante. Y los urbanistas de Paisaje Transversal tiraron de planos, de maquetas y de metodología, pero también se calzaron las zapatillas para patear las calles con los vecinos. “Nosotros no hacemos participación ciudadana”, puntualiza Jon, “hacemos urbanismo con la gente y también hacemos un trabajo técnico: analizamos el barrio y sus problemas”.

Jorge Arévalo recuerda cómo paseaban con los vecinos para comprobar las necesidades en el terreno. El barrio estaba lleno de escaleras y los residentes, muchos jubilados, tomaban recorridos alternativos para evitarlas. Caminando con ellos eligieron el lugar para trazar un eje de accesibilidad. Y colocaron árboles para que dieran sombra. Y bancos para que los abuelos se pudieran sentar. Salió todo tan bien que les empezaron a llamar de otros lugares. Desde entonces han firmado más de cien proyectos para distintas ciudades de España. “Se trata de construir más que de edificar”, puntualiza Laura L. Ruiz, otra de las socias.

Construir significa, por ejemplo, no poner una pradera de césped en un lugar de clima seco como Madrid. Apostar por la flora local. “Hay que incorporar elementos verdes y no solo por cuestiones de CO2, también por psicología”, explica Jon Aguirre Such, “hay estudios sobre cómo se percibe una ciudad con vegetación en cuestiones de salud mental. Y en eso trabajamos”.

César Perez Herranz, creador del aceite Los Madriles hecho con olivos urbanos de Madrid.
César Perez Herranz, creador del aceite Los Madriles hecho con olivos urbanos de Madrid.

En las zonas verdes de una ciudad como Madrid, pone también su atención y su creatividad César Pérez Herranz. Filosofo de formación, especialista en cultura ciudadana, inquieto por naturaleza, una de sus obsesiones es recuperar las ciudades para sus habitantes. De ahí surgió una idea que parecía descabellada , pero no lo era: hacer aceite con los olivos del perímetro interior de la M30. “No hemos hecho nada que no hagan los abuelillos que viven cerca de las rotondas. Entre noviembre y enero, siempre ves a alguno con una bolsa recogiendo las aceitunas”. César ya va por la segunda cosecha de su aceite puramente urbano, Los Madriles. “Se puede hacer, aunque no sale una cantidad para ponerla en los supermercados”, bromea. Lo que sale es una forma original de reclamar zonas verdes y una ciudad donde los vecinos sean los protagonistas. “Hay que estar atentos para recuperar las ciudades, porque son nuestras. No un lugar árido donde ser ciudadano signifique solo ser consumidor”.

La FAO alerta de que construir ciudades sostenibles en el presente, será la solución para los problemas que se avecinan en el futuro: desde el uso de los automóviles y su impacto en la contaminación hasta el despilfarro de alimentos. Las ciudades consumen ferozmente, pero también desperdician sin freno. Mientras 815 millones de personas pasan hambre, más de la mitad de la población del planeta tiene problemas de obesidad. “Se calcula que desperdiciamos una tercera parte de lo que producimos”, explica Arturo Angulo de la Oficina de la FAO en España, “es decir, hoy en día hay alimentos para todos, pero el problema está en el reparto. La agenda 2030 ya advierte de que el sistema de producción es insostenible tal y como funciona hoy en día”.

Según José Esquinas producimos alimentos para vender más que para consumir. Esquinas ha trabajado en la ONU durante 30 años y es miembro de la Red Española para el Desarrollo Sostenible. Le pone cifras al problema: “se pierden y se desperdician 1.300 millones de toneladas métricas de alimentos a nivel mundial. En España son 7.7 millones de toneladas métricas. Eso significa más de 150 kilogramos por habitante y año”. Por eso reclama que seamos cautos a la hora de comprar: “No hay más que mirar el cubo de basura, porque como consumidores somos corresponsables”.

Cada uno debe luchar contra el despilfarro de comida con sus armas. Joseba Iza, un consultor que vive en Madrid, lo hace con tecnología. “Hay un montón de empresas que tiran comida y un montón de comedores sociales que la necesitan. Y decidimos buscar una solución entre amigos. Vimos qué se hacía en Estados Unidos y le dimos una vuelta para traerlo a España”.

Así nació The Hope Food, una empresa que recoge comida sobrante de grandes establecimientos y la lleva a centros sociales de Madrid con la ayuda de una aplicación digital. Joseba Iza y sus tres socios insisten en que no son una fundación, ni una ONG. Quieren hacer rentable un modelo de negocio que se sostiene gracias a las desgravaciones fiscales por donaciones. No ganan dinero, pero dan trabajo y, sobre todo, consiguen que esos sándwiches que se van a ir a la basura cuando todavía se pueden consumir acaben en el plato de quien realmente lo necesita.

Ha costado. En principio, los comedores no entendían que alguien les llevara todos los días provisiones en una furgoneta isotérmica sin pedir nada a cambio. “Hoy nos hemos convertido en sus mejores amigos”, dice Joseba. Sirven de forma fija a cinco centros asistenciales, pero en momento puntuales llegan a trabajar con diez. Su idea es expandirse. Confían en que, en el futuro, las empresas asuman el despilfarro cero como algo natural.

Desperdicio de comida, ciudades superpobladas, 10.000 millones de personas a las que alimentar. Son algunos de los desafíos que están a la vuelta de la esquina. Pero hay quien ya tira de imaginación para conjurar en el presente esos retos que el futuro nos va a plantear.

Este texto pertenece a una serie de artículos con motivo del lanzamiento de 'Los grandes desafios', el primer volumen de la colección El Estado del Planeta que se puede conseguir a partir de mañana 22 de abril de 2018 con El PAÍS.

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