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“El objetivo de Putin es que los europeos pierdan la confianza en sus instituciones democráticas”

El periodista Andrei Soldatov está especializado en las campañas rusas de desinformación

Andrei Soldatov, periodista y activista digital ruso, en el Internet Freedom Festival, en Valencia.
Andrei Soldatov, periodista y activista digital ruso, en el Internet Freedom Festival, en Valencia.

"El presidente ruso, Vladímir Putin, se ha marcado como objetivo que los europeos pierdan la confianza en sus instituciones democráticas", según afirma el periodista Andrei Soldatov, especializado en los servicios de seguridad rusos y en las campañas de desinformación patrocinadas por el Kremlin para sembrar la discordia en Occidente mediante el uso de ejércitos de bots, granjas de trolls y noticias falsas. Soldatov atiende a EL PAÍS en un descanso de la frenética sucesión de conferencias y mesas de discusión que constituye el Internet Freedom Festival, celebrado en Valencia.

Soldatov, de 42 años, director del medio de comunicación ruso Agentura y autor de varios libros, afirma que la estrategia de desinformación fue empleada por Vladímir Putin, que este año se presenta a la reelección, inicialmente en su propio país y tuvo en Ucrania su primer gran éxito internacional coincidiendo con la guerra que acabó con la anexión de Crimea, en 2014. A partir de entonces, Moscú extendió su actividad hacia el Oeste.

Soldatov atribuye el inicio de la manipulación rusa a escala internacional a la concepción que Putin tiene de su país como una "fortaleza sitiada por Occidente"

Las interferencias en el referéndum del Brexit, las pasadas elecciones presidenciales en Estados Unidos y la crisis secesionista en Cataluña se cuentan entre estas operaciones, según ha informado EL PAÍS. "La finalidad de las campañas no es convencerte de algo, por ejemplo de que Cataluña debe ser independiente. Su verdadero objetivo es confundir a todo el mundo y hacer que desconfíes de las instituciones democráticas. Así que pueden difundir toda clase de historias completamente descabelladas, porque la meta no es que la gente se las crea, sino que todo el mundo acabe confundido", afirma Soldatov.

La mecánica de intoxicación dio frutos en primer lugar en Rusia, que celebra elecciones presidenciales el 18 de marzo, considera Soldatov: "Hoy en mi país nadie confía en el Parlamento, ni en los dirigentes de la oposición política, ni en los periodistas. Y eso facilita a Putin ejercer el control, porque cuando tienes una sociedad tan confundida a la población solo le queda el líder fuerte, sin nada en medio".

A diferencia de los conferenciantes de China e Irán que también han denunciado en Valencia cómo las autoridades de sus Estados limitan gravemente la libertad en Internet, Soldatov sigue viviendo en su país. "Ser periodista en Rusia es bastante arriesgado, pero creo que todavía podemos hacer muchas cosas. Por ejemplo, los mejores reportajes que se han escrito últimamente sobre las fábricas de trolls utilizadas para interferir en Occidente los han hecho periodistas rusos que trabajan en Rusia. No solo yo, sino muchos periodistas que hacen su trabajo".

Soldatov afirma que estas factorías de noticias falsas, por cuya intervención en las elecciones norteamericanas que ganó Donald Trump la Fiscalía de Estados Unidos acusa ahora a 16 ciudadanos y empresas de Rusia, surgieron hace años como consecuencia de la decisión del Kremlin de "externalizar las operaciones sensibles en Internet". No forman parte de las agencias de inteligencia y seguridad, ni del Ejército, lo que permite al Ejecutivo ruso negar su responsabilidad directa en la actividad. Pero están dirigidas por personas muy cercanas al Kremlin, disponen de abundante financiación y centenares de empleados, organizados en departamentos dirigidos a diversas audiencias del mundo, señala el periodista.

También han aprendido de sus errores. "Cuando las granjas de trolls empezaron su actividad, hacia 2014, no tenían mucho éxito. Empleaban a personas sin buen nivel de idiomas y cometían errores de bulto, lo que hacía difícil la exportación. Con el tiempo han mejorado mucho".

Soldatov atribuye el inicio de la manipulación rusa a escala internacional a la concepción que Putin tiene de su país como una "fortaleza sitiada por Occidente". Pero resalta que las primeras víctimas digitales del presidente fueron sus propios ciudadanos y la en su día floreciente industria de Internet rusa. "Prácticamente ningún otro país del mundo fue capaz de generar empresas que compitieran en sus mercados con compañías como Google y Facebook, y Yandex y VKontakte lo lograron respectivamente".

El periodista afirma que Putin ha ido doblando la mano a las compañías tecnológicas mediante una política basada en "el miedo y la intimidación" y "una legislación muy represiva que pone a todas las empresas en una situación de inseguridad". Cuando el Kremlin encuentra resistencia, adopta medidas drásticas: Soldatov menciona el caso de Pavel Durov, fundador de la red social VKontakte, que fue "forzado a abandonar su compañía y el país".

Las grandes compañías norteamericanas como Google, Facebook y Twitter también están en el punto de mira del presidente ruso, mantiene el periodista. "De momento se han negado a trasladar sus servidores a Rusia, lo cual es bueno, porque significa que los servicios de seguridad rusos no tienen acceso a los mismos. A veces transigen y quitan algún post o algún vídeo a petición del Gobierno ruso, pero están intentando aguantar la presión". Peor perspectiva tiene por delante Telegram, que ha sido conminada a entregar sus claves de encriptación al Servicio Federal de Seguridad, el FSB, heredero de la KGB. Telegram, la aplicación de mensajería más utilizada en Rusia, fundada también por Pavel Durov y su hermano, de momento se niega y está defendiendo su postura en los tribunales.

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