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“Putin ha decidido ser un monarca con poder absoluto”

El activista es partidario de “una gran purga” dirigida contra responsables del sistema represivo soviético que han encontrado un acomodo en la actualidad

Alexei Navalni, durante la entrevista con los medios europeos de la alianza LENA.
Alexei Navalni, durante la entrevista con los medios europeos de la alianza LENA.

Alexéi Navalni, el político opositor a Vladímir Putin, popular por sus investigaciones sobre la corrupción en las élites rusas, es el gran excluido de los comicios presidenciales del próximo 18 de marzo. Vetado como candidato debido a una condena judicial que él considera de carácter político, Navalni no ha renunciado a la lucha contra el Kremlin. Entre un arresto y otro, ha aprovechado la campaña electoral para fortalecer y aumentar las estructuras de sus seguidores por el territorio del Estado. El activista es partidario de “una gran purga” dirigida contra responsables del sistema represivo soviético que han encontrado un acomodo en la actualidad.

Contemplando la historia de su país desde 1991, Navalni afirma que el “principal error de Borís Yeltsin [el primer presidente de Rusia] y los demócratas que le apoyaban es no haber hecho ninguna depuración ni ninguna purga”, lo que permitió que “los que se dedicaban a encarcelar a disidentes [en época soviética] recibieran el poder y que todos los propagandistas pasaran a la televisión rusa”. “Fue un error clave”, afirma en una entrevista realizada en Moscú por EL PAÍS y otros diarios europeos integrados en la alianza LENA (La Repubblica, Le Soir, La Tribune de Genève y Die Welt). ¿Hay gente en los cuerpos policiales y de seguridad del Estado en los que Navalni podría apoyarse o cree que se debería hacer la purga que Yeltsin no llevó a cabo en 1991?

“Lo uno y lo otro. Hay que hacer una gran purga”, responde, y explica: “Yeltsin perdió en vano una oportunidad y canjeó la esperanza de millones de personas por garantías de seguridad para su familia y por la gran cantidad de vodka que bebió. Es algo muy decepcionante”. “Una de las tareas básicas” para las eventuales nuevas autoridades es realizar algo parecido a una depuración, realizar una purga, “librarse de esos hipócritas que estaban dispuestos a ser soviéticos, luego demócratas, después a apoyar al [ex alcalde de Moscú] Yuri Luzhkov, y luego de nuevo soviéticos, que es lo que vemos ahora. Esto es absolutamente clave”, asevera.

“No podemos construir la Rusia del futuro apoyándonos en mentirosos e hipócritas de la URSS”, sentencia. “No se puede tratar” con quienes “han participado en delitos”, dice, y acusa de “cometer delitos a los oligarcas rusos que con jactancia contrataron a gente responsable de la persecución de disidentes en los años noventa”. En aquella época, altos cargos del Comité de Seguridad del Estado (el KGB) pasaron a integrarse en los servicios de seguridad y análisis de las nuevas estructuras privadas.

Denuncias en vídeo

Navalni propone medidas que “impidan la reconstrucción del régimen autoritario” en Rusia; a saber, una reforma judicial, el recorte radical de las competencias del presidente a favor del Parlamento y la liberalización de los medios de comunicación, y proyecta “una ley sobre la lucha contra el enriquecimiento ilegal” que introduzca penas de cárcel para los que no pueden explicar el origen de las fortunas y el impago de sus impuestos.

Las investigaciones en vídeo difundidas por Navalni son contempladas por millones de personas en Internet, pero la justicia rusa no ha reaccionado ante el informe sobre las actividades de la familia del fiscal general Yuri Chaika o sobre las mansiones y villas que se atribuyen al jefe del Gobierno, Dmitri Medvédev. En este vídeo, un dron efectuaba un reconocimiento sobre una de las residencias a disposición de Medvédev, en un bucólico paraje junto al Volga en una zona donde los sobrevuelos estaban prohibidos.

Alexéi Navalny saluda desde la ventana de una comisaría el 29 de septiembre de 2017.
Alexéi Navalny saluda desde la ventana de una comisaría el 29 de septiembre de 2017. AFP/Getty Images

Navalni reacciona con prontitud a la sospecha de que sus investigaciones cuentan con la ayuda de fuentes en los servicios de seguridad. “No tenemos ninguna fuente. El 99% de nuestras investigaciones se basan en información abierta y en filmaciones desde el aire, que cualquier persona con suficiente arrojo puede hacer”. “Con los drones se puede hacer cualquier cosa y por eso en el mundo se discute este problema. Miren la base rusa en Siria, fue atacada por drones que destruyeron dos aviones y allí también había una zona donde los sobrevuelos estaban prohibidos y se tomaban medidas de seguridad”, exclama. “Un dron no se puede derribar porque vuela demasiado deprisa”, explica.

“La residencia de Putin se puede filmar de forma bastante fácil, pero no queremos… porque en ella no hay nada nuevo y porque no queremos incentivar a la gente que podría poner una bomba en ese dron y enviárselo a Putin”, precisa.

¿Preparan algún vídeo sobre Putin? “Esa es una información secreta”, dice. “Nunca revelamos de antemano nuestros planes. Pero todos nuestros vídeos son sobre Putin porque se refieren a sus amigos”. “La corrupción de Putin es muy específica. No hay maletas llenas de dinero. Hay un conjunto de amigos y gente de confianza cuya propiedad de hecho es la propiedad de Putin y, además, está su yerno, Kiril Shamálov, que es el millonario más joven de Rusia. Pero, además, [Putin] es un monarca absoluto, un zar ¿Qué corrupción puede tener un zar? A él le pertenece todo”.

Yo entiendo que estoy del lado del bien, y perdonen la grandilocuencia, y conmigo, del lado del bien hay mucha gente y esto anima

Alexéi Navalni

“Rusia está construida hoy de tal modo que se ha convertido en un país autoritario clásico y cada día lo es más. La Rusia de hoy es la Bielorrusia de ayer o el Kazajistán de anteayer. El presidente ha decidido ser un monarca de por vida y devolverse el poder absoluto. Lo que hace ahora Putin no es una lucha contra la ampliación de la OTAN —hay que recordar que la OTAN se amplió en los noventa cuando el Báltico entró en ella—, sino un intento de solucionar los problemas internos con la histeria en política internacional. Un clásico. No hay nada nuevo aquí”, afirma Navalni.

“En cuanto se encuentran con problemas económicos, todos los líderes autoritarios de todos los países comienzan a decir tonterías sobre las armas milagrosas que tienen y las bolas de fuego voladoras”, añade.

La lacra de la corrupción

¿Hay diferencias políticas internas en los servicios de seguridad? Navalni cree que “los servicios de seguridad no son monolíticos”. “Pero nosotros nos topamos más con la policía que con el Servicio Federal de Seguridad (SFS). Los policías que nos arrestan nos cuentan después que no les gusta este régimen y en el interior del SFS, la gente no es ciega y entiende que Rusia está dirigida por un grupo muy pequeño y corrupto cuyos miembros se han convertido en multimillonarios, mienten constantemente y tienen enormes cantidades de dinero en Occidente. Eso lo saben los ciudadanos de Rusia y los funcionarios del SFS pero, por lo que entiendo, los distintos puntos de vista dentro de la estructura de seguridad no llevan a la formación de grupos políticos significativos. No hay un núcleo liberal o un núcleo no liberal en los servicios. Hay gente diferente”, dice el opositor.

La policía arresta en Moscú al opositor ruso Alexéi Navalni el 26 de marzo de 2017.
La policía arresta en Moscú al opositor ruso Alexéi Navalni el 26 de marzo de 2017. REUTERS

Citando a Dmitri Medvédev, según el cual uno de cada cinco rublos de las compras del Estado son robados, Navalni calcula que cada año se roban en Rusia cerca de seis billones de rublos (casi 85.000 millones de euros), parte de los cuales van a Occidente. “No podemos dar una cifra de cómo se reparte pero, sin duda, decenas de miles de millones de dólares procedentes de la corrupción rusa van a Occidente cada año”. A él, dice, le resulta “muy desagradable” ver el contraste entre “el continuo debate de las cuestiones rusas” en Europa y “el abrazo con que la clase política europea recibe a los corruptos rusos” y es cómplice de ellos “hasta cierto punto”.

“Los países europeos que declararon sanciones contra Rusia las construyeron de tal manera que no afectan a nadie. Los amigos de Putin son todos ciudadanos de la UE, de Finlandia, Suiza y otros países. Por desgracia, el nivel de penetración de la corrupción rusa en el sistema europeo es tal que los corruptos rusos pueden manipular de forma bastante eficaz a la opinión pública y a muchos políticos europeos. Y la clase política europea tiene responsabilidad”, como la tiene “la clase política americana por haber apoyado a Yeltsin a principios de los noventa en vez de apoyar a la democracia [en Rusia]”.

“Pero la situación es peor hoy, porque entonces no se sabía qué pasaría y ahora es evidente que nuestros bandidos se sienten confortables en territorio de Europa”, afirma Navalni. “Pese a la retórica, la clase política europea no está dispuesta a oponerse de forma real a los corruptos evidentes. Entendemos que tiene que haber diálogo político, pero ¿acaso no se podía haber puesto alguna barrera a los corruptos, el dinero sucio y los oligarcas? Se puede, pero no se hace”, apunta.

Movimiento de apoyo

Navalni afirma que sus recursos financieros son modestos pero que su organización es la “única capaz de recoger dinero de decenas de miles de personas”. “Eso es lo que nos hace tan problemáticos y tan invulnerables para Putin, porque no nos pueden hacer nada, no nos pueden quitar el dinero, porque no tenemos un gran patrocinador único, sino muchos pequeños contribuyentes. La donación media es de entre 500 y 1.000 rublos y publicamos todas las cifras en nuestra web, porque eso es muy importante para que la gente nos mande más dinero”.

“Nuestro plan era recoger 1.000 millones de rublos, y los hubiéramos recogido si hubieran registrado mi candidatura, porque hubiéramos tenido más donativos”, asegura. “[Las autoridades] de forma regular nos congelan el dinero en nuestra cuenta, obligan a los bancos a bloquearnos las cuentas, arrestan a gente e incoan procesos”. Pero Navalni considera que “en conjunto el sistema de financiación” que iniciaron en 2011 “funciona y hay decenas de miles de personas” que les envían dinero.

Refiriéndose a las elecciones, Navalni valora su participación en lo que él llama “este procedimiento”. “Por primera vez en la historia de Rusia, se ha creado verdaderamente un movimiento de masas con representación en todas las grandes ciudades del país y con activistas reales en ellas”.

“Nos apoya la gente. No soy disidente como los que había en la URSS, cuando seis personas salieron a la Plaza Roja a protestar por el envío de tropas a Checoslovaquia. Tenemos un gran apoyo, a cualquier ciudad que voy, pese a la prohibición vienen a verme centenares y miles de personas. Sé que nosotros representamos a millones de ciudadanos que quieren una mejor vida para Rusia y que tarde o temprano la conseguiremos, porque la lógica del desarrollo de la humanidad está a nuestro favor. Yo entiendo que estoy del lado del bien, y perdonen la grandilocuencia, y conmigo, del lado del bien hay mucha gente y esto anima”.

Ksenia Sobchak, la “soldado” de Putin

“Soldado de Putin”. Así es como Alexéi Navalni califica a Ksenia Sobchak, la candidata a la presidencia rusa con la que él compartió escenario reivindicativo en las grandes manifestaciones de protesta por las irregularidades electorales en 2011 y 2012. Las actividades de Sobchak hoy le parecen “totalmente hipócritas”, dice Navalni, en cuya voz se nota cierta irritación cuando habla de su antigua colega, situada hoy en el grupo de quienes “se declaran políticos democráticos de oposición pero juegan el juego del Kremlin”. Y confiesa Navalni que le causa “irritación suplementaria” el hecho de que Sobchak mencione a menudo su nombre. “Debe hablar de Putin, criticar a Putin, y en lugar de eso habla de mí e intenta recibir una parte de nuestro apoyo” e “intenta instrumentalizarnos”. “Rusia no necesita la unión de la oposición, sino la recreación de la misma”, dice. Y asegura que “el movimiento que representamos puede aspirar a un total del 30% de los votos en cualquier gran ciudad, pero el Kremlin solo deja entrar en la política a los que pueden alcanzar el 1% o el 2%, porque quiere que los demócratas parezcan pocos y marginales”. “No veo ninguna perspectiva de colaborar con esos liberales de Putin, controlados al 100% por el Kremlin”, exclama. Navalni ha fundado 84 centros de apoyo en las provincias rusas, pero cree que tras las elecciones tendrá que reducir el número a 25 por falta de recursos. Hasta ahora todos los intentos de registrar su partido político se han visto frustrados y una parte de su gente está en la cárcel, entre ellos su propio hermano, que ha estado “tres años encerrado, de ellos dos y medio aislado (...), pese a la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos”.