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Y una vez más, gana Portugal

La presidencia de Mário Centeno en el Eurogrupo es el último éxito de una diplomacia callada pero indesmayable que ya conquistó la Comisión Europea y la ONU

Mário Centeno, nuevo presidente del Eurogrupo.

Primero fue la Eurocopa, en enero llegó la ONU, en mayo la Eurovisión y este diciembre el Eurogrupo. Portugal copa los titulares de los medios para incredulidad de los expertos en la materia. Al margen de los éxitos por las habilidades con el balón y con la canción, las direcciones en la secretaría general de la ONU y en el Eurogrupo revelan unos triunfos de la diplomacia lusa que van mucho más allá de su peso económico. En enero António Guterres tomó posesión de la secretaría general de la ONU y este diciembre Mário Centeno presidirá el Eurogrupo, el sanedrín de los ministros de Finanzas de la zona euro.

“No molestamos a nadie. Todos son bienvenidos; nadie rehúsa a hablar con nosotros”, decía hace unos meses Fernando Medina, el alcalde Lisboa. Para el político socialista esa era una de las claves del boom turístico de la ciudad. “Parecerá extraño, pero en el mundo en que vivimos, ser recibido con los brazos abiertos se ha convertido en un importante valor. Nada más pisar Portugal, la gente se siente relajada".

Portugal transmite paz, y sus diplomáticos elevan ese valor de sosiego a su trabajo en las sombras de los grandes poderes. Aún hoy, los portugueses se hacen cruces de cómo Durão Barroso pudo presidir durante diez años (2004-2014) la Comisión Europea. Su Gobierno en Portugal no fue apreciado ni por los de su mismo partido, el Social Demócrata PSD, carente de rumbo y de personalidad.

Tampoco fue brillante el Gobierno del socialista António Guterres, acusado de lo mismo que Barroso, pero tras dejar el cargo sin pena ni gloria fue elegido Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados (2005-15). Y desde ahí, de forma silenciosa, casi secreta, se trabajó la secretaría general de la ONU para pasmo mundial.

"Mi experiencia como árbitro comercial internacional", señala el abogado y comentarista político José Miguel Júdice, "es  que muchas veces un pequeño país, que no tiene poder sobre otros, tiene un posición de equilibrio que otros no tienen; los recelos son menores. Ese el caso de Portugal".

Entre tirios y troyanos, mejor un portugués. La fórmula de Barroso y de los siguientes funciona. Ni del Norte ni del Sur, ni muy rojo ni muy azul, tampoco mujer ni —importantísimo—- tampoco primera opción. La diplomacia portuguesa juega tradicionalmente a ser la segunda opción. “Indudablemente Portugal apoyará a España para el Eurogrupo”, declaró hace unos meses su primer ministro António Costa. Pero España no se presentó. Ahora Portugal apoyará a un español para la vicepresidencia del Banco Central Europeo en sustitución de...Vitor Constãncio. Sí, también portugués.

Júdice no es un optimista portugués: "En países pequeños, como es Portugal, a sus ciudadanos de calidad les tientan más las oportunidades que pueden encontrar en el exterior , pues en su país no hay tantas. También la llegada de Macron está cambiando algunas cosas en Europa y, finalmente, la presidencia del Eurogrupo tenía que ser para un socialista, y no había muchos".

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En la elección de la ONU, tocaba, decían, mujer y del bloque del Este; pero Rusia no tenía un candidato ganador, un candidato sin que fuera vetado. En la vorágine de votaciones previas, con más o menos preferencias, pero siempre con los mínimos vetos aparecía Guterres, el campeón de la segunda opción.

Las primeras palabras de Guterres para agradecer la elección fueron para el cuerpo diplomático portugués. Ahí desveló que llevaban tiempo en el más absoluto secreto trabajando todos a una, cada embajador en su país de destino, no tanto pidiendo el voto, como hablando, estableciendo amistades con sus gobernantes.

"En Portugal hay muchas cosas que funcionan mal", señala el politólogo y comentarista José Manuel Fernandes, "pero una cosa que funciona bien es el cuerpo diplomático. Es uno de los pocos cuerpos de la Administración Pública que aspira a ser una elite, y ya lleva décadas haciendo un buen trabajo en el ministerio de Asuntos Exteriores".

“Yo fui nombrado embajador en Madrid por el Gobierno de Passos Coelho. Soy del PSD, pero sigo en mi puesto de embajador con un Gobierno socialista”, explica siempre Francisco Ribeiro de Menezes. Su mujer, Teresa Leal Coelho, también del PSD, le disputó a Medina la plaza de Madrid; pero ni el enfrentamiento electoral lleva a destituciones. “En Portugal tenemos la tradición de solo cambiar los embajadores por causas naturales”, explicaba Costa.

La elección de Mário Centeno para dirigir el Eurogrupo no es menos sorprendente que las designaciones de Barroso o Guterres. Centeno es el ministro de Finanzas de un país que ha sido rescatado tres veces en los últimos 40 años. La troika dirigió Portugal de 2011 a 2014. Los portugueses han soportado, callados, que el básico pan con chorizo tuviera un IVA de lujo.

En Portugal no hay baile de embajadores con los cambios de Gobierno Solo se relevan por causas naturales.

Hace solo un año, el cenizo alemán Wolfgang Schäuble anunciaba un cuarto rescate para Portugal y ahora Centeno le hace comerse sus palabras. “Es el Ronaldo del Ecofin”, declaró rendido, por primera vez, el alemán que ha dejado el ministerio.

Si a Barroso y Guterres se les achaca ser políticamente correctos —como los mismos modales portugueses, no es el caso de Centeno. Con la misma afabilidad que los otros, sin embargo, ha ido cantando las cuarenta a los mismos que meses después le han elegido para el Eurogrupo. Se enfrentó a ellos, culpó a la Comisión Europea de equivocarse con las recetas en los países del sur, criticó al FMI y a la OCDE.

Al contrario del tópico, el Gobierno portugués no agachó la cabeza. Cuando el aún presidente, el holandés Jeroen Dijsselbloem, dijo en marzo que los países del sur se gastan las ayudas europeas en “alcohol y mujeres”, fue Portugal y no España ni Grecia quien reaccionó más contundentemente exigiendo la dimisión del holandés. No la consiguió en el momento, pero la venganza ha llegado en plato frío.

En menos de dos años, Centeno se ha convertido en un líder europeo, en un miembro popular dentro del Eurogrupo. A Guindos le habla en español, a Dijsselbloem en inglés y a Moscovici en francés. Tampoco Barroso o Guterres tenían barreras para hacerse entender en tres o cuatro idiomas, como tampoco los tiene el primer ministro y, menos aún, el presidente.

"La facilidad para los idiomas es un plus que tenemos los portugueses", según el ministro de Economía, Manuel Caldeira Cabral. Hace dos años consiguió atraer de Dublín a Lisboa la Web Summit, un congreso tecnológico donde el único idioma es el inglés. "El idioma no es una barrera sino una oportunidad".

Sea el idioma, sean los modales discretos y correctos o la pretensión de no ser nunca el primero, pero sí los segundos, lo cierto es que 2017 pasará a la historia como el año en que Portugal conquistó el mundo. “Hemos pasado", resumió el lunes el presidente del país, "de ser el patito feo al cisne resplandeciente”.

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