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Los vinos de los colonos de Psagot ya no son ‘Made in Israel’ en la UE

Los productores afectados por la nueva norma argumentan que dan empleo a palestinos

Uno de los viñedos que suministran uvas a la bodega de Psagot.
Uno de los viñedos que suministran uvas a la bodega de Psagot.

Para llegar a Psagot hay que dejar atrás Jerusalén, atravesar el retén militar de Hizme, circular al pie del muro que Israel levantó en torno a Cisjordania y adentrarse en tierra palestina hasta llegar al gran portón de hierro que da entrada al asentamiento y sólo se abre cuando la cámara de seguridad ha escrutado el vehículo y a sus pasajeros. Es uno de los asentamientos judíos cuyos productos agrícolas y cosméticos se verán afectados por la nueva normativa europea que obliga a especificar en la etiqueta que proceden de territorio ocupado por Israel.

“Psagot” en hebreo significa “cima”. La colonia está situada al norte de Jerusalén, en la parte alta de una colina, a escasa distancia de la ciudad palestina de Ramala. Sus primeros habitantes llegaron en los ochenta y hoy el asentamiento cuenta con 1.700 vecinos.

Yaacov Berg y sºu familia llegaron a estas tierras hace más de 25 años. En 2003, este israelí de origen ruso abrió la bodega Psagot. Empezó produciendo 3.000 botellas al año hasta llegar a las 250.000 actuales de las cuales un 70% se exporta a Estados Unidos, América Latina, Australia y también Europa, donde se venden anualmente unas 35.000 botellas. Las 50 hectáreas de viñedos de la bodega también están situadas en Cisjordania. Es decir, todo el proceso de producción y elaboración del vino se realiza en lo que la legislación internacional considera un territorio ocupado.

Yaacov Berg, en la bodega Psagot.
Yaacov Berg, en la bodega Psagot.

“Judea y Samaria”, corrige Yaacov Berg, usando el nombre del Antiguo Testamento para referirse a Cisjordania. “Esto fue, es y será Israel”, matiza.

Berg no oculta su indignación ante la directiva aprobada el miércoles por la Comisión Europea, que pide a los 28 Estados miembros que especifiquen claramente en una etiqueta si los productos han sido fabricados en territorios ocupados por Israel.

“Es una decisión cruel y diabólica pero no me sorprende de parte de Europa, que no pierde una ocasión de hacer daño a los judíos. Ahora quieren destruir nuestros negocios. ¿Dónde se ha visto una etiqueta que diga “hecho en los asentamientos israelíes de Cisjordania”? Eso no es una definición geográfica es una definición política para que los consumidores no compren nuestros productos”, asegura.

El vino producido en Psagot es kosher, es decir, su proceso de elaboración cumple con todos los preceptos del judaísmo y en él sólo participan religiosos. De los 30 trabajadores fijos de la bodega, siete son palestinos, pero la mano de obra que permitió construir el complejo fue 100% palestina.

"Doy trabajo a palestinos"

“Yo soy un puente para la paz. Doy trabajo a palestinos. Son mis vecinos y tengo incluso amigos. Conocen a mi familia y conozco a las suyas. Mis empleados palestinos ganan cuatro veces más aquí que trabajando para [el presidente palestino Mahmud] Abbas. Todos los días vienen a pedirme trabajo. Si yo fuera un monstruo, ¿me pedirían ayuda? Esta es la realidad que Europa no quiere ver”, lanza Berg.

Según cifras del ministerio israelí de Asuntos Exteriores, 30.000 palestinos trabajan en decenas de empresas implantadas en asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Este. La organización israelí Who Profits, que investiga la presencia de empresas israelíes y extranjeras en territorios ocupados, apunta que las seis grandes bodegas israelíes tienen viñas o plantas en asentamientos de Cisjordania y los Altos del Golán.

“Los israelíes no creemos en la idea europea de que perjudicándonos a nosotros ayudarán a los palestinos. ¿Quieren paz? ¿Quieren ayudar a los palestinos? Vengan y promuevan sus productos y hagan negocios con ellos”, estima el viticultor.

Los vinos de Psagot han ganado numerosos premios en Europa y Estados Unidos. El negocio marcha viento en popa y Berg atribuye su éxito a Dios, su pericia y un trabajo incansable.

“Regresamos a esta tierra y la tierra volvió a nosotros. Hacía 2000 años que esta región estaba vacía. Nadie producía vino aquí y cuando empecé el negocio, la gente no apostaba por nuestro éxito. Hoy dejo boquiabiertos a expertos en todo el mundo con la calidad de mis vinos. El negocio funciona porque Dios nos bendice”, zanja.

Berg muestra orgulloso la actual etiqueta de sus botellas donde aparece la mención “Hecho en Israel”. El viticultor asegura que jamás ha pensado en marcharse, ni siquiera en los momentos más duros de la Intifada, cuando Psagot fue escenario de sangrientos enfrentamientos entre palestinos y colonos.

“He invertido mucho y no me voy a ir. Es más, creo que mi negocio va a mejorar gracias a la normativa europea. Venga a verme dentro de un año y le demostraré que he vendido 10 veces más gracias a los amigos de Israel y a que Dios está de nuestro lado”, se despide.