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Andrés Roca Rey: “Cuando un toro me iba a coger lo he sabido y he seguido para afrontarlo con la máxima pureza”

A sus 28 años, el peruano Andrés Roca Rey es, a fuerza de valentía y carisma, el torero de los jóvenes. En un momento en el que la cultura de los toros se debate entre la pervivencia y la desaparición, se confiesa rebelde y pretende romper cánones. Cumple en 2025 10 años de trayectoria y protagoniza la última película de Albert Serra, ‘Tardes de soledad’

Andres Roca Rey
“Entiendo los sentimientos de los antitaurinos, pero no sus agresiones, esa rabia hacia un ser humano”, dice Andrés Roca Rey.Ximena y Sergio
Jesús Ruiz Mantilla

Quizás sea el miedo la clave de su valentía. Un miedo a casi todo, como confiesa, y que lo llevó de pequeño al psicólogo. Un pavor que hoy asume y reta en las plazas, pero que el peruano Andrés Roca Rey (Lima, 28 años) ha sabido convertir en una poderosa rebeldía. La que caracteriza con un carisma extraordinario y le está haciendo marcar época en el toreo como el matador que más arrastra a la juventud desde que tomara la alternativa en 2015. La fuerza de su figura ha llevado al cineasta Albert Serra a dedicarle Tardes de soledad, la película con la que ganó la Concha de Oro del pasado festival de San Sebastián, un respetuoso y crudo acercamiento a una vida y un arte que se debate entre la pervivencia y la desaparición, que levanta tempestades y adhesiones, a las que Roca Rey no es ajeno.

Pregunta. De figura del toreo a estrella de cine, ¿se encuentra cómodo en ese mundillo?

Respuesta. Es la primera vez que me preguntan por mi participación en una película y lo agradezco. La verdad, no soy actor ni pretendo serlo. Me gusta verme en el cine porque me ayuda a entenderme de una manera mejor, pero, sobre todo, me gusta que la tauromaquia esté en el cine. Es una forma de acercar nuestra cultura a un público diferente y eso siempre es positivo.

P. Aun así, al tratar de acercarse a un público más allá del taurino, generará polémica. ¿Es consciente?

R. Siempre hay rumores sobre lo que pienso o dejo de pensar. Estoy acostumbrado a lidiar con críticas: es parte del juego y lo asumo con naturalidad. Me siento orgulloso de haber formado parte de este proyecto porque creo importante que cualquier artista, desde la disciplina que sea, tenga la libertad de acercarse a la tauromaquia con una visión propia. Es lo que ha hecho Albert Serra. El arte está para cuestionar, para hacer pensar. Respeto la libertad de quien quiera opinar o juzgar. La polémica es inevitable y, en cierto modo, necesaria para generar diálogo.

P. ¿Su destino fue ser torero y no más?

R. Parece… Mi bisabuelo tenía una ganadería. Mi abuelo, un hijo rejoneador, y mi tío abuelo, otro hijo, Juan Manuel, ganadero también. Pero quien más me ha marcado esa senda ha sido mi hermano Fernando, matador. Es algo que debes sentir desde niño. Intentar seguir los pasos de mi héroe, era importante. He aprendido de él ya no solo a torear, sino una filosofía de vida. Soy torero por imitarle, luego me enganché. Ha sido en lo que más he creído en mi vida. Los momentos más fuertes por los que he pasado los he vivido en una plaza. No es fácil.

P. En su caso, no cabe duda. Usted es un torero especial, a veces temerario. Se lo critican. ¿Dónde está la diferencia entre la valentía y la temeridad?

R. Creo que todo torero es valiente. El hecho de afrontar el paseíllo y superar ese primer miedo escénico lo acarrea. Esa valentía supera al miedo.

P. Pero el miedo ¿persiste?

R. Ahí está, siempre, no es que se te vaya, pero debes superarlo y evadirte poco a poco de él para crear una obra de arte o lograr una meta. Lo temerario, como dices, no lo sé. Yo toreo como lo siento y si tengo que salir corriendo en un momento dado, saldré, pero si debo entregarme en un pase natural con todo el cuerpo y el alma, lo haré, y si siento que debo arrimarme o quedarme muy quieto, me quedaré. La gente te encasillará, pero lo importante es hacer lo que sientes. Las críticas siempre van a estar: es muy difícil gustarle a todo el mundo, pero no me molesta lo de temerario porque el mundo del toro conlleva ese temor. Afrontamos la vida, la muerte y la belleza.

P. ¿La belleza con riesgo y escalofrío?

R. Sí, momentos en que sientes que te puede coger un toro, herir y matar. Y otros en los que me siento a gusto, contento, feliz. No solo influye ese temor, sino, además, la alegría. El escalofrío no puede faltar, si no, cualquiera lo haría. El toro es fiero, sale a la plaza a atacar y queda en uno arrancar esa belleza pasándose el toro cerca, con ritmo, espaciosidad, armonía, sin un toque a destiempo, todo medido para no desarmar el paso del toro…

P. ¿Lo que Bergamín llamaba la música callada?

R. Pues debe ser… ¡La música callada! ¿Bergamín? Lo leeré.

P. Dice usted que cuando viaja al Machu Picchu y observa la grandeza inca también le gustaría lograr algo grande dentro del toreo. ¿Grande como qué?

R. Me gustaría, pero no sé todavía qué exactamente. Cuando piensas en algo grande, es imposible imaginárselo del todo, pero lo puedo resumir si digo que me gustaría hacer historia, marcar una época, dejar huella no normal, importante. Es difícil hablarlo, muchos pensarán: está loco, qué se cree. Pero si vas a iniciarte en algo debes hacerlo con el deseo de llegar a lo más alto con tu máximo sentimiento, pasión y entrega dentro y fuera del ruedo.

P. ¿Cómo demuestra fuera del ruedo algo grande un torero en el siglo XXI?

R. Es una conversación bastante larga.

P. Empecemos…

R. Cambiar las cosas y llevar tu carrera como crees sin necesidad de seguir pautas ya estipuladas.

Andrés Roca Rey.
Andrés Roca Rey. Ximena y Sergio

P. ¿Por ejemplo?

R. Me gustaría ir mucho más allá respecto a la juventud, que cada vez responde mejor como afición.

P. ¿Porque alguien como usted los arrastra?

R. Muy poca gente confiaba en que esto pudiera ser posible, que la gente joven acudiera a las plazas. Quizás, antes hay que saber educar de otra manera. Vas a los toros y, si regresas, lo harás porque algo te ha impactado y con respeto. Si muestras ese respeto ya demuestras una educación. No es fácil de entender a la primera, pero sí es sencillo sentirlo. Lo importante es que una vez conseguido el hecho de que vengan, no se lleven la sensación de que se trata de un mundo aburrido, sino excitante.

P. ¿Acuden también como forma de protesta ante otros que se oponen?

R. La tauromaquia es un mundo de libertad. Puede que haya gente que venga por eso; otros, por divertirse; algunos, por el ambiente, sin saber quién torea ese día. Y por devoción y admiración al toreo y a ciertas figuras. Es bonito sentir la libertad de, por una razón u otra, ir. Lo que sí sé es que cada vez vienen más jóvenes.

P. En su caso, ¿por qué acuden al verle en cartel?

R. Porque me identifico con ellos en muchas cosas. También con una rebeldía. Me falta mucho por recorrer, pero esa rebeldía, con respeto, sencillez y humildad, nunca debe faltar. Los jóvenes deben cambiar el mundo a mejor, somos responsables de eso.

P. ¿Cuál es la base de su rebeldía?

R. A mí me ha costado mucho dar mi opinión. Siempre fui muy tímido, he empezado a mostrar mis posiciones poco a poco. Sentía que me considerarían irrespetuoso ante los mayores y sus referencias. Puedes disentir con respeto, aunque nadie confíe en ti y te muestres distinto.

P. La rebeldía conecta con la valentía y, de eso, sabe.

R. Sí, por supuesto. No me gustan los sistemas impuestos en la vida, en los trabajos y las profesiones. Pueden hacer que el mundo funcione, pero siempre debe haber alguien que se salga para seguir evolucionando. Algunos lo han intentado y lo han logrado, pero otros han caído por el camino. Me gusta fijarme en espíritus innovadores y audaces, dispuestos a arriesgar sabiendo que la vida es una y quieres conseguir todo en ella. Me considero una persona ambiciosa, pero sin dejar de estar tranquilo y en paz, que es lo que me lleva a la felicidad.

La mano derecha de Andrés Roca Rey, durante la entrevista.
La mano derecha de Andrés Roca Rey, durante la entrevista. Ximena y Sergio

P. Pero del sistema, ¿qué es lo que más le molesta?

R. Nada en concreto, lo que me molestaría es caer en eso a mí, no quedar al margen, confiar en mi camino y decidirme por ello. Llegar a mis metas a través de mi propio camino es lo que quiero hacer y disfrutar.

P. ¿Distingue bien entre la felicidad de la meta y el gozo y el tormento del camino?

R. Para mí, lo importante es el camino. A veces he llegado a una meta y me he preguntado: ¿para esto era? Entonces pienso que el regalo de la propia meta estaba en el camino. Tuve la suerte de que me lo explicaran de niño.

P. Todo un pensamiento poético…

R. Poético y filosófico. El viaje a nuestras Ítacas.

P. ¿Qué meta alcanzó que lo satisfizo?

R. Alguna… Recuerdo mi primera temporada como matador de toros en 2016. Llevaba en España cuatro años. Tomé la alternativa, me responsabilicé, me preparé y me sacrifiqué ante compromisos decisivos. Sentía la presión por el triunfo y no podía disfrutar. Solo quería esforzarme y terminar la temporada para irme a casa. Salí por la puerta grande en Madrid, en plazas de primera y segunda, pero cuando llegué a las vacaciones, con mi familia, empiezo a contemplar de lejos y me planteé: ¿he tenido que soportar miedo, presiones, responsabilidades solo por estos cuatro días? Me entraron unos temblores…

P. También el viaje ha sido sufrimiento, como la primera vez que se fue de casa.

R. Sí. Ha estado lleno de lágrimas y sangre. Pero entonces yo no agradecía tanto. A partir de sentir ese agradecimiento a Dios, comienzo a disfrutar el camino. Hasta el sacrificio, la sangre y las lágrimas agradezco. Por seguir vivo. Empecé con esa actitud no hace mucho.

P. ¿Cuándo? ¿Lo recuerda?

R. Sí, el 18 de diciembre de 2023.

P. Qué preciso. Hace un año y poco. ¿Qué pasó?

R. No me sentía a gusto con ciertas cosas de mi vida. En la carrera todo iba espléndidamente, pero a mí, en lo personal, me faltaba algo. Necesitaba buscarme como persona. De hecho, como tal, nunca me había buscado. Nunca lo había hecho. Me fui a viajar solo. Sentí mucho vértigo, me fui a pensar, a meditar. Solo. Reflexioné mucho. Me convertí en mi mejor psicólogo. Yo y mi soledad.

P. El suyo es un oficio solitario, imagino.

R. Sí, el oficio y la vida.

P. Aparte de esa autoterapia, ¿ha pasado por tratamiento psicológico?

R. Sí, de niño. En mi casa hubo problemas. Uno de ellos, que mi papá casi muere de un infarto cuando yo era muy chico: sufrí muchísimo. Lo necesitaba. Después, como matador, supe que varios habían contado con esa ayuda, al estar expuestos a lo extremo, debes blindarte, sobre todo cuando escuchaba críticas que me afectaban. Pero lo mejor fue ese viaje. Me hizo tomar decisiones muy drásticas confiando en mí, en Dios y un futuro que no sé si será mejor o peor, pero sí consecuencia de mis planes.

P. ¿A qué años tuvo esa primera experiencia con el psicólogo?

R. Nueve. Me aburría, me hacía dibujar, no sabía para qué. Se supone que me ayudó. Era muy tímido por lo que viví de niño… O porque nací así. Era muy sensible, lloraba bastante, pero no de tristeza solo, también por sensibilidad.

P. ¿Sigue llorando?

R. Sí, ahora he vuelto a llorar más. Hubo una época en que no, por nada. Cuando no me encontraba, cuando sentía encima una coraza.

P. ¿Cree que le había invadido cierta frialdad?

R. Sí. Por eso ahora me siento más tranquilo. De vez en cuando lloro y eso me da libertad, paz, me emociono al ver una película y me gotean unas lagrimitas. Es bonito.

P. ¿No será que está muy enamorado?

R. Bueno… Es importante quererte para poder querer bien a los demás. Hay veces que deseas sentirlo, pero, quizás, si lo preguntas, significa que no lo has estado.

P. Y usted ¿lo ha estado?

R. Sí. Sería una pena irse de este mundo sin haberlo estado. Me daba miedo morirme antes de haberlo sentido. Y yo ya me puedo ir tranquilo, por ese lado.

P. ¿Miedo o rabia?

R. Miedo más que rabia. A ver si va a ser una de las cosas que te pide Dios para entrar al cielo. Un día, escuchando una canción de Julio Iglesias, Hey, ¿la conoces?

P. Desde luego, la que le dedicó a Isabel Preysler cuando se separaron.

R. Ah, no sabía. Bueno, a propósito de ella, me preguntaba, yo que soy romántico, ¿qué es mejor? ¿Estar enamorado o que se enamoren de uno? Yo me decía entonces que lo segundo. Pero ahora pienso, de hecho, lo contrario: prefiero enamorarme a no enamorarme aunque no te quieran. ¡Es horrible no estar enamorado!

P. Pero eso ¿no le quita arrojo con el toro?

R. Yo creo que me da más. Lo jodido es enamorarte y distraerte. Los sentimientos hay que saberlos utilizar como artista. También que quien te quiere respete tu soledad.

P. ¿Y los temores? ¿Volvemos a ellos?

R. También, yo siempre he sido una persona miedosa. No sé lo que es vivir sin miedo… A todo: a que me pase algo por la calle, a que le pase algo a mi familia, a un amigo…

P. ¿Y miedo al miedo?

R. ¿A que me domine? Sí, de hecho, me ha pasado. Me han dominado el miedo y las manías.

P. Dice que anda de prestado, ¿a cuenta de qué?

R. De Dios, mi Dios.

P. ¿Quién es su Dios?

R, Pues es una conversación bien larga…

P. Ya…

R. Un ser por encima, quizás la vida misma es la que me ha hecho ese préstamo y sea Dios. La energía de esa vida. Estoy agradecido por ella, por la familia que me ha dado, por el cuerpo que tengo, por estar aquí hablando de estas cosas contigo ahora, expresarme así, por todo.

“Entiendo los sentimientos de los antitaurinos, pero no sus agresiones, esa rabia hacia un ser humano”, dice Andrés Roca Rey.
“Entiendo los sentimientos de los antitaurinos, pero no sus agresiones, esa rabia hacia un ser humano”, dice Andrés Roca Rey.Ximena y Sergio

P. ¿Cómo trabaja el instinto para entender al toro?

R. Mientras más concentrado, más entrenado y más claro, todo fluye mejor. Yo le tengo mucho respeto al toro, no me gusta jugar con él ni menospreciarlo. Te lo da todo. Cuando más te entregas, lo siente y te respeta. Es el ser con más verdad que he conocido en mi vida. Respetarlo supone dedicarle tiempo, tu vida, porque es él quien te la entrega. El pacto consiste en que se vaya como un rey, y tú, con gloria. Si te sacrificas y te centras en él, lo va a oler. Va a sentir que impones, saber que llegas preparado, con verdad. Le ofreces la muleta, tu cuerpo y le cuentas: ven y coge lo que quieras… La mayoría de las veces te acompaña. Otras te dice: hoy te toca pagar.

P. A esos toros, ¿los ve venir?

R. Muchas veces, sí. Tengo la suerte de, salvo una vez que se me partió la espada, saber verlos venir a por mí, que me iban a coger. Me siento bien conmigo al ser consciente. Y he seguido… Para afrontarlo con la mayor pureza posible. Quiero prepararme más para esas situaciones, técnicamente y con el alma, para seguir haciéndolo.

P. En ese momento, ¿no se pone a temblar?

R. En ese momento, no. Estás preparado. Ha habido días importantes en los que lo he visto y he dicho: pues… En Madrid, la última vez fue así. Me confundí porque creía que venía por la izquierda, de hecho, me preparé por ahí, y me cogió por la derecha. Pero era Madrid, la última de la temporada. Son días que te marcan. Si no lo enfrentas así, llegas al hotel y te sientes mal contigo mismo.

P. Fue un día en que puso en práctica su idea de la rebeldía, cuando una parte de la plaza se puso a gritar a los puristas del tendido 7, que le pitaban…

R. Ese día estaba en paz, no sentía rebeldía. Hay días que la sientes, te hierve la sangre y te encuentras con mirada de loco… Pero ese día estaba tranquilo, en paz. Iba a entregarme, no quería pelearme con nadie, estaba sereno.

P. Fue la mayoría del público quien lo defendió…

R. Quizás mi rebeldía se expresaba con esa paz. Iba a dar mi vida, ¿qué más podía ofrecer? Así toreaba con tranquilidad, nostalgia, con una felicidad rara, extrema. Por estar en constante gratitud. A todo lo vivido y con otra oportunidad más para cambiar tu destino, si el toro te deja, claro. En esa tarde, todo se unió. La fuerza interior, creada por sentimientos vividos esa temporada, sentía que era un día importante para mí. Y yo, con la cornada, me fui muy feliz al conseguir lo que buscaba.

P. ¿Qué buscaba?

R. La verdad. Plena.

P. ¿Y la verdad tiene el precio de una cornada?

R. A veces, en el toreo, sí. En esa tarde, sí.

P. ¿Y una cornada no rompe la armonía, esa armonía de música callada, por insistir en el término?

R. O luego, finalmente, se la da. Quizás haya música callada en algo trágico pero bello. O donde la gente tema la actitud de un toro y vea al torero en paz, sereno.

P. ¿Entiende a los antitaurinos?

R. Entiendo sus sentimientos, pero no sus agresiones, sus insultos, esa rabia hacia un ser humano. Este es un espectáculo duro: o ves la sangre o el arte. Lo único que pido es respeto. No desearnos la muerte a los toreros.

P. Ahora tenemos un ministro de Cultura, Ernest Urtasun, bastante antitaurino…

R. Mientras no le desee la muerte a un ser humano. Que no se centren en tonterías y que no se empeñen en enfrentar su gestión contra una cultura… Hay cosas más importantes para resolver que atacar al mundo de los toros.

P. ¿Cuáles, a su juicio?

R. Asuntos mucho más urgentes: la educación, la sanidad, el empleo. Vivimos en un mundo donde la desigualdad y la falta de oportunidades son problemas enormes. La política debería centrarse en mejorar la calidad de vida de las personas en lugar de polarizar a la sociedad con temas que, aunque polémicos, no son prioritarios.

P. ¿Tienen razón quienes piensan que esta época anda marcada por la rivalidad entre usted y Morante de la Puebla?

R. Cada uno tiene su camino. Él, su toreo, y yo, el mío. Luego, elegir es cosa de la gente. Mientras tenga un toro delante con el que pueda expresarme, voy a ser feliz.

P. ¿Y es feliz?

R. Cuando lo logro, sí. Aunque a veces te sientas impotente. Incluso después de cortar cuatro orejas… Como una mierda porque no has logrado sentir nada.



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Sobre la firma

Jesús Ruiz Mantilla
Entró en EL PAÍS en 1992. Ha pasado por la Edición Internacional, El Espectador, Cultura y El País Semanal. Publica periódicamente entrevistas, reportajes, perfiles y análisis en las dos últimas secciones y en otras como Babelia, Televisión, Gente y Madrid. En su carrera literaria ha publicado ocho novelas, aparte de ensayos, teatro y poesía.
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